ANDREAS-SALOMÉ,
Lou;
Friedrich Nietzsche en sus
obras,
Prólogo de Enrnst Pfeiffer, traducción al español de Luis
Fernando Moreno Claros, Editorial Minúscula, Barcelona
2005, 327 pp.
Luís Enrique de
Santiago Guervós
Si hay alguien
en el entorno de la vida de Nietzsche que comprendió mejor
sus ideas y sus objetivos ésta fue Lour Andreas-Salome. El
propio Nietzsche se maravillaba que fuese ella la única
persona con la que había podido compartir sus propios
pensamientos de una manera directa y abierta, y de que
fuera la primera persona considerada por él apta para
guiarla a través de su filosofía. Impresionado por su
inteligencia, llegó incluso a proponerle el matrimonio. El
poco tiempo que mantuvieron un contacto estrecho fue
suficiente para que los juicios de esta mujer sobre la obra
de Nietzsche haya que tenerlos en una cierta consideración.
En esta obra, posiblemente una de las primeras que trata de
enjuiciar los escritos de Nietzsche cuando todavía vivía el
autor, escrita en 1894, encontramos un análisis vivo y
cercano del pensamiento de Nietzsche y de su vida. Y es que
lo más sobresaliente de esta pequeña obra es ver cómo el
pensamiento y la vida de un autor se entremezclan de tal
manera, que sus ideas serán indescifrables sin acceder a su
profunda y complicada personalidad. Karl Löwith decía que
en los cincuenta años siguientes a la muerte de Nietzsche
no se había publicado ninguna exposición tan importante
como ésta. Y la razón parece sencilla. Es un libro único
por su excepcionalidad. Es la única exposición que tenemos
inspirada directamente por la presencia personal y
espiritual de Nietzsche, es el testimonio de alguien que
estuvo más cerca de él que ningún otro, “un cerebro
hermano” que supo penetrar hasta los abismos de su
filosofía. Este libro, una vez más, demuestra que Lou era
lo que Nietzsche había descubierto en ella, un auténtico
“espíritu libre”.
La obra está precedida de un prólogo de Enst Pfeiffer, y
una introducción del propio traductor, Luis F Moreno
Claros. Consta de tres apartados: el primero que trata de
la naturaleza de Nietzsche; un segundo apartado que habla
de sus transformaciones; y un tercer apartado sobre
“el sistema de Nietzsche”. La estructura de la
obra está pensada según el criterio de que los sistemas
filosóficos se reducen a los actos personales de sus
creadores. Lo primero, por tanto, interpretar al pensador a
través del hombre. En nadie mejor que en Nietzsche
coincidían ambos, de tal manera que para Lou “él
únicamente se describía a sí mismo” en su filosofía.
El segundo apartado trata de las “transformaciones de
Nietzsche”. Entre ellas cita: la ruptura con la fe
cristiana; el tránsito del filólogo al filósofo; su
transformación después de la ruptura con Wagner y
Schopenhauer; la noche oscura en la que se sume después de
su abandono de la universidad, etc. Lou va repasando cada
una de sus obras, las vinculaciones entre su pensamiento y
su vida, hasta la Gaya ciencia. El tercer apartado lo
identifica con el incipit tragoedia. Trata de la última
filosofía de Nietzsche, la “monstruosa apoteosis de
sí mismo”. La figura de Zaratustra, como una
transfiguración del propio Nietzsche, representa el sueño
nietzscheano del nacimiento de lo sobrehumano a partir de
lo humano. Para Lou, Zaratustra es el “otro yo”
de Nietzsche, en el que él mismo se contempla. Aquí las
ideas filosóficas quedan a un lado y aparece de una manera
descomunal la psicología del propio Nietzsche., cuando ya
en sus últimas obras, él mismo, según Lou Salomé, sabía que
se acercaba su ocaso y, sin embargo, “se despidió con
la sonrisa en los labios –coronado de rosas –
disculpando a la vida, justificándola,
transfigurándola”. No es extraño, por eso, que la
interpretación de la obra de Nietzsche desde la cercanía
vislumbre aspectos que la distancia y el tiempo veló, para
dejar sólo paso a sus pensamientos. En este sentido, el
libro de Lou viene a rescatar esa otra forma de interpretar
a Nietzsche en la que vida y pensamiento constituyen un
todo indisoluble.
Luís Enrique de Santiago Guervós