Carlos Ortiz de Landázuri
Larry Z. Leslie ha analizado en Ética de los medios. La toma de decisiones en la cultura postmoderna, el papel desempeñados por las nuevas tecnologías electrónicas, desde el Internet al móvil, en el cubrimiento de la información con motivo del 11-S y en días posteriores, llegando a una conclusión muy precisa: los medios de comunicación de masas desempeñaron un papel decisivo en el recto encauzamiento de los trágicos acontecimientos del 11-S, ya se hiciera con una intencionalidad patriótica o de cualquier otro tipo, sin poderles negar una inmediatez y una objetividad, imposible de alcanzar por otros procedimientos. El 11-S habría demostrado que las nuevas tecnologías electrónicas son capaces de generar movimientos sociales de tanta o mayor magnitud como anteriormente habría ocurrido con la prensa, la radio o la televisión, aunque con una diferencia: los medios de comunicación tradicionales necesitaron de una mente rectora que los dirija y los programe, con los consiguientes riesgos de manipulación, mientras que el móvil y el Internet daría lugar a un tipo de procesos más espontáneos y difíciles de manipular. Sin embargo el 11-S habría demostrado que la cultura post-moderna ha acabado controlando este tipo de procesos, sin que puedan considerarse tecnologías limpias o totalmente libres de una posible manipulación.
Para justificar esta conclusión ahora se analiza la fuerte interacción existente entre las nuevas tecnologías de la información, incluido Internet, y los presupuestos éticos y culturales comúnmente aceptados de las sociedades que los acogen. En su opinión, es necesario llevar a cabo previamente una profunda reflexión filosófica sobre los factores tan complejos que explican el peculiar impacto de los medios de comunicación a partir de una situación tan trágica como la del 11-S, si se quiere evitar la banalidad y la precipitación tan característica de las actitudes postmodernas. No se trata de exigir de la filosofía que aporte un recetario de soluciones para cada caso particular, sino de reflexionar sobre el cúmulo de circunstancias que permiten otorgar a un medio de comunicación un protagonismo muy especial, ya se trate del móvil, del Internet, o de cualquier otro, aunque en cada caso los posible motivos que generaron este tipo de reacciones colectivas hayan sido muy distintas. Se recurre así a diversos textos filosóficos donde se ha llevado a cabo una reflexión sobre la posible respuesta en tiempo real que se debería dar a la incidencia efectiva de estos distintos fenómenos mediáticos en la vida social, como de un modo paradigmático habría ocurrido el 11-S, sin caer en la casuística superficial, pero sin tampoco tomar decisiones precipitadas.
El 11-S tomado habría demostrado dos rasgos muy específicos de los móviles y de Internet, a saber: la inmediatez y la objetividad, que permite otorgarles un carácter testimonial altamente fiable y verosímil, aunque tampoco estén exentos de manipulaciones. Por ejemplo, a través de un ‘chat’ o un ‘blog’ se alcanza establecer un tipo de relaciones interpersonales, imposibles de lograr por otros medios, aunque es evidente que también tienen sus limitaciones. Por otro lado las nuevas autopistas de la información todavía están en un estadio de desarrollo muy primitivo, y es muy difícil predecir hasta donde podrán llegar. Sin embargo es indudable el peso decisivo alcanzado por las nuevas tecnologías en el ámbito de la comunicación interpersonal, dando lugar a una sociedad red cada vez más multicultural e interactiva, difícil de controlar para el propio usuario y, por tanto, susceptible de ser manipulada por terceras personas. En cualquier caso el desarrollo del Internet ha acabado confirmando el principio postmoderno de ‘todo vale’, borrando las barreras de las obligaciones cívicas y de las responsabilidades públicas, y obligando a revisar en profundidad la propia noción de privacidad. Y eso que Internet sólo esta comenzando.
En efecto, ahora se constata que Internet se ha convertido en la gran fuente de información comercial, sin necesidad de contar con el permiso de los usuarios; cualquier acción de los usuarios puede ser registrada y generar la reacción correspondiente, sin poder evitar este tipo de mecanismos de acción-reacción. Ejemplos de este tipo de ataques a la privacidad se podrían poner muchos, pero ahora se señalan algunos: los videos de vigilancia por razones de orden público, tanto en espectáculos deportivos o por razones comerciales; la actuaciones del FBI en las comunicaciones de internet con posterioridad a los ataques terroristas del 11-S; los delitos bancarios de la economía por internet; los delitos por abusos sexuales con menores; o la proliferación de los menajes spam o basura, típicos de Internet.
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda el 11 de Septiembre puede ser un punto de partida para llevar a cabo una reflexión crítica sobre el papel desempeñado por las nuevas tecnologías electrónicas en la sociedad de la información desde un punto de vista interpersonal, ¿pero el propio 11-S no permitió visualizar otras posibles aspiraciones e inquietudes más transcendentes, que sin duda siguen configurando la cultura postmoderna, aunque hayan quedado profundamente transformadas? Por otro lado, ¿no se deberían extrapolar este tipo de reflexiones a otras situaciones similares que también han llegado a constituir un auténtico fenómeno mediático con posterioridad al 11-S, aunque hayan terminado teniendo un desenlace colectivo totalmente distinto al de entonces? De haber procedido de este modo se hubiera podido alcanzar un panorama más amplio del posible impacto que las nuevas tecnologías de la información pueden llegar a tener en la configuración de la sociedad postmoderna, sin otorgarles simplemente un alcance ético o resaltando otros problemas humanos que el 11-S permitió visualizar, ya sean de tipo generacional o estrictamente político, como de hecho ocurrió el 11-M.
Carlos Ortiz de Landázuri
Universidad de Navarra
cortiz@unav.es