Llano, Alejandro; Cultura y pasión, Eunsa, Pamplona, 2007, 251 pp.

Carlos Ortiz de Landázuri

Cultura y pasión, formula un alegato denunciando la mediocridad de las posturas postmodernas que parecen consagrar el dicho del programa de Bloomsbury, ‘toda pasión apagada’. Por el contrario ahora se intenta unir perspicacia y apasionamiento para mirar al mundo entorno en los inicios de este siglo XXI, señalando los auténticos desafíos que se hacen presentes detrás de los imprevisibles acontecimientos que nos rodean, como el 11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid, o el 7-J en Londres. Se fomenta así una actitud revisionista del pasado inmediato que incita a pensar por uno mismo, sin reincidir en las habituales trivialidades políticamente correctas. En vez de volver a la socorrida dialéctica diagnóstico-terapeútica de ver tras estos lamentables ataques terroristas un conflicto o una futura alianza entre civilizaciones, al modo defendido por Huntington o Zapatero, se trata de plantear otro reto más fundamental, a saber: la necesidad de recuperar un deseo apasionado de verdad y de defensa de los más débiles (con el consiguiente evangelio de evidencias), frente a la ortodoxia política y económica de los poderes conservadores, ciegos para apreciar el mal infringido por sus lamentables guerras preventivas, y volcados en la justificación del relativismo y de la búsqueda trágica de lo útil y placentero. Sólo mediante un reconocimiento de este tipo será posible separar la búsqueda irrenunciable de unas raíces culturales mejor fundadas, basada en unos presupuestos en sí mismos incondicionados, superando por elevación la más insidiosa de las manipulaciones: la vieja denuncia de seguir fomentando un falso fundamentalismo o fanatismo religioso, con sus pretensiones de supremacía ideológica y de diferenciación cultural, cuando precisamente la auténtica fe religiosa se caracteriza por fomentar una pasión por la verdad, otorgando un sentido verdaderamente emancipador a la aparición de estas diferencias.
Evidentemente estas propuestas se formulan desde una asumida ingenuidad filosófica que defiende la necesidad de las humanidades para seguir justificando la singularidad de la condición humana en pleno siglo XXI, a pesar de la aparente inutilidad de sus esfuerzos. Las humanidades nos permitirían a este respecto seguir viviendo con un mínimo de dignidad, sin transigir con los valores utilitarios y meramente oportunistas vigentes en un mundo entorno postmoderno, o simplemente post, que a su vez se vanagloria de la superación de todas las antiguas convenciones, cuando de hecho sólo las relativiza aún más. Se propone así un profundo cambio cultural, a partir de un presupuesto previo: no situar los radicales de la cultura en el dinero, en la sexualidad o en el mero ejercicio arbitrario del poder ideológico, sino en otras tantas pasiones aún más fuertes a las que la humanidad ha confiado la búsqueda del sentido a lo largo de su historia, a saber: la pasión por la verdad, por la paz y por la justicia, a las que hoy día se hace más necesario volver a reinventar, dado el creciente desdén con que se las mira.
Para justificar estas conclusiones la monografía se divide en 12 capítulos, más dos entrevistas, que a su vez le permiten formular un diagnóstico muy certero de la autocomplacencia con que hoy día la cultura postmoderna se ve a sí misma. 1) ¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura?, muestra la perdida de raíces del mundo contemporáneo que ha dado la espalda a las humanidades; 2) La verdad como pasión, denuncia la pretensión relativista del pensamiento débil de hacer de la permanente crisis de valores una muestra de autenticidad, al modo de Heidegger, en vez de denunciarla e intentar salir fortalecidos de ella, como propuso Ortega; 3) La libertad postmoderna, contrapone las visiones empequeñecidas y superficiales de la libertad tan habituales en la actualidad, para justificar en su lugar la autogradación existente entre la libertad-de, la libertad-para y la libertad de sí, o capacidad de donación y proyecto, siguiendo a su vez algunas propuestas de Millán Puelles, Ballesteros, Spaemann o Ratzinger; 4) Sentido actual de las humanidades, prolonga una sugerencia de Jesús de Garay para otorgarles una cuádruple función crítica, revitalizadora, reflexiva y creativa; 5) Luces y sombras en la sociedad de la información, denuncia la supremacía cultural ejercida por unos medios de comunicación de masas que a su vez se reconocen incapaces de hacer frente a los retos que hoy día ha planteado el llamado siglo XX breve (1914-1989), como quedó demostrado el 11-S, el 11-M o el 7-J. Como terapia se defiende un humanismo cívico que otorga una prioridad al logro de una cultura efectivamente compartida, sin confundir los medios con los fines; 6) La crisis ética actual: intentos de superación, revisa los logros y lagunas de los diversos movimientos de vuelta y superación de Kant, revisando algunas propuestas de Apel, MacIntyre o Taylor a este respecto, en dialogo a su vez con el magisterio pontificio de Juan Pablo II; 7) Globalización y cultura, analiza algunas paradojas económicas derivadas a su vez de los procesos de mundialización, sin compartir las tesis de la ilustración retardada de Habermas, aunque defendiendo la posibilidad de una terapia cultural adecuada; 8) Humanismo y postmodernidad, analiza el peculiar realismo político que se ha acabado imponiendo con posterioridad a la caída del muro de 1989, al 11-S, al 11-M o al 7-J, con un claro diagnóstico de la situación presente: en la mayoría de los casos las instituciones intermedias han sido las grandes perjudicadas de estos procesos de relativización cultural, sin tampoco saber utilizar este cambio histórico para el logro de un consenso racional o por solapamiento más compartido, en feliz expresión de Spaemann o Rawls; 9) La nueva tarea de la Universidad, justifica la necesidad de replantear en toda su radicalidad las funciones que efectivamente le corresponden a esta institución intermedia, con la seguridad de que arrastrará consigo al resto y al conjunto de la sociedad, logrando revitalizarlas mediante un proceso terapéutico de auto-fundamentación y re-capacitación intelectual y moral; 10) Religión, cultura y sacrificio, analiza el posible papel que debe desempeñar la crítica literaria en la justificación del proceso de re-conversión que está en el fundamento último de toda auténtica cultura, incluida ahora también las viejas culturas de tradición cristiana, siguiendo algunas propuestas de Girard; 11) Literatura como conversión, prolonga algunas reflexiones de Girard sobre ‘El Quijote’ de Cervantes, respecto a la auténtica función del dialogo y de la comunicación interpersonal. Se muestran así los rasgos que debe reunir toda auténtica renovación cultural, que pretenda lograr un fortalecimiento de los radicales últimos del ser humano, sin quedarse en una mera superficialidad; 12) Empresa y responsabilidad social, analiza algunas paradojas que con facilidad se hacen presentes en la ética empresarial, precisamente por quedarse en una visión superficial de los procesos de innovación emprendidos, prolongando algunas propuestas de Leonardo Polo; 13) Política y cultura en la España actual y 14) Radicalismo, no socialismo, recogen dos entrevistas en ABC y Televisión Popular, que a su vez le hicieron José Grau y Fernando del Haro sobre la deriva ideológica en la que ha entrado la cultura española a comienzos del siglo XXI, como consecuencia del 11-M, el 14-M y también de la llegada de un socialismo de corte radical;
Para concluir una reflexión crítica. Alejandro Llano formula un duro alegato frente a las numerosas debilidades y lagunas de la cultura postmoderna, a la vez que pretende utilizarlas para defender la necesidad de un humanismo cívico en la línea como el mismo ha propuesto en otras publicaciones anteriores. Y a este respecto cabe plantearse: el rechazo que hoy día la sociedad muestra por la verdad y por el papel de las humanidades a este respecto, ¿hay que verlo como un rasgo circunstancial cuya superación corresponde a la responsabilidad de los individuos, o requiere más bien de un cambio cultural de mayor calado que de momento tampoco parece que haya empezado? Alejandro Llano defiende claramente esta segunda opción, resaltando algunas aportaciones de la filosofía contemporánea al papel decisivo que le corresponden a las humanidades en la promoción de este futuro cambio cultural.


Carlos Ortiz de Landázuri
Universidad de Navarra
cortiz@unav.es