Pintor-Ramos, Antonio; Nudos en la filosofía de Zubiri, Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca, 2006, 257 pp.

Carlos Ortiz de Landázuri

Antonio Pintor-Ramos analiza el peculiar modo como Zubiri resolvió aquellos nudos gordianos o situaciones paradójicas límite, generadas a su vez por el desarrollo de su propia filosofía. En su opinión, este tipo de situaciones límite en vez de generar un escepticismo o relativismo cada vez mayor, le permitieron profundizar en los puntos básicos o nucleares de su propia filosofía, para encontrar a su vez nuevos nudos gordianos o situaciones límite aún más paradójicas, que se acabarían convirtiendo en el punto de partida privilegiado capaz de acceder a la elaboración de una auténtica filosofía primera. A este respecto se interpreta a Zubiri como a un auténtico metafísico defensor de un proyecto programático de filosofía primera enmarcado en el gran debate de su tiempo, a saber: la posible entrada de la cultura en una nueva época o era postmoderna donde se lograrían superar los anteriores modelos programáticos en el modo de concebir la filosofía, tanto antiguas como modernas. Su rasgo principal sería concebir la filosofía como una simple resolución de nudos, que a su vez generan nuevos nudos, sin poder ya evitar este carácter profundamente paradójico de cualquier metafísica.
Evidentemente la elaboración de un proyecto programático de este tipo fue resultado de una lenta evolución intelectual, donde confluyeron influencias muy distintas, pero donde fue decisiva la inicial caracterización ambivalente del pragmatismo, como una filosofía subjetivista e inmanentista que, sin embargo, mantiene pretensiones irrenunciables de orden trascendental. Sólo así se pudo localizar el nudo gordiano básico a partir de cual elaboró su propia filosofía primera, a saber: la dependencia que la interpretación subjetiva de toda acción humana mantiene respecto de una estructura pragmático-transcendental del comprender previa, que nos permite apreciar las relaciones más básicas que cada uno establece consigo mismo, con los demás, con el mundo y con Dios, superando así una interpretación pragmática meramente vulgar de nuestras propias acciones. Evidentemente se trata de una estructura susceptible de múltiples desarrollos posteriores de tipo fenomenológico, metafísico, ético, antropológico o cultural, sobre los que con frecuencia han polemizado los asistentes al Seminario Zubiri en su última época a partir de 1971, entre los que se encuentra el propio Pintor Ramos.
A este respecto la interpretación de Pintor-Ramos sobre Zubiri ha sido habitualmente tachada de intelectualista, ya que defiende la prioridad de este tipo de reflexiones pragmático-transcendentales sobre aquellos otros posteriores desarrollos a los que también puede dar lugar. En su opinión, el estilo de pensar de Zubiri adolecería de un carácter profundamente paradójico y circular, de modo que cuando parece que se ha llegado al final, en realidad se estaría reiniciando un nuevo comienzo, transformando en virtuosos la aparición de estos aparentes círculos viciosos metafísicos. Esto le permitiría proponer una reinterpretación de la evolución intelectual de Zubiri, donde el período ahora considerado más creativo no coincide con la última fase de su vida, como habitualmente se piensa, especialmente si se demuestra que el propio Zubiri renunció a proseguir un método tan exigente como el ahora expuesto. A este respecto se defiende la originalidad de la obra considerada habitualmente como la más difícil, Sobre la esencia de 1962, con un estilo filosófico muy exigente que el propio Zubiri pronto abandonó, adoptando en su lugar un estilo filosófico mucho menos radical y más conforme con las conclusiones científicas, como al parecer ocurrió en este último periodo posterior a 1971. Por su parte el autor nos advierte que esto ahora también sucede con los cinco temas analizados, tomados de sendos artículos previamente publicados separadamente, sin pretensiones de alcanzar una interpretación sistemática unitaria, aunque sin tampoco renunciar a intentarlo. La investigación se divide a este respecto en cinco capítulos:
1) Primer acceso a la historia de la filosofía analiza uno de los ejercicios de las oposiciones de Zubiri a la cátedra de Metafísica de la Universidad Complutense en 1926, la llamada memoria. Allí ya aparecen los problemas centrales o nudos gordianos sobre los que a la larga versará su filosofía: la centralidad del análisis metafísico de la dimensión pragmática del obrar humano, la periodicidad de las épocas de la historia de la filosofía, la conexión con los grandes problemas y autores del pensamiento contemporáneo, especialmente Heidegger;
2) El pragmatismo en la formación de Zubiri analiza un trabajo presentado por Zubiri en 1921 en Lovaina, dedicado a ‘La filosofía del pragmatismo’, cuya primera redacción posiblemente procede de 1918, en el contexto de la polémica sobre el modernismo. En este contexto la estrategia seguida fue deslindar los distintos sentidos posibles del pragmatismo, separando los usos subjetivistas de tipo modernista, especialmente en James, respecto al uso pragmático-transcendental que finalmente defenderá y que ya entonces se apunta;
3) La dimensión pragmática en Zubiri establece un paralelismo entre el “giro pragmático” de la filosofía del lenguaje contemporánea, siguiendo especialmente a Kart-Otto Apel, y la ahora denominada historia efectiva de su legado filosófico, a través de varios de sus interpretes más autorizados, como Diego Gracia, Antonio González, Jordi Corominas, O. Barroso o J. Bañón. Sus propuestas pragmático-transcendentales dieron lugar a distintas reinterpretaciones fenomenológicas, preaxiológicas, éticas, prácticas o simplemente referidas a la crítica de sentido, que ahora se contraponen entre sí, analizando las tres épocas por las que a su vez habría pasado su pensamiento: 1) La etapa fenomenológica-positivista desde 1918 hasta su regreso de Alemania en 1931 con un claro rechazo del pragmatismo vulgar; 2) La etapa ontológica donde la verdad adecuación es sustituida por el mero acuerdo pragmático, o acuerdo compartido, sin por ello rechazar otros usos lógicos y ontológicos de esta misma noción; y 3) La etapa central y rigurosamente metafísica a partir de 1945, que culminaría con la publicación de Sobre la esencia en 1962. La noción de hábito le permitiría captar la dimensión pragmática de la acción humana, aunque fuera de un modo parcial, justificando así una peculiar interacción entre inteligencia, actualidad y realidad, que terminaría determinando la orientación pragmático-transcendental de su filosofía primera;
4) Objetividad y realidad. La confrontación con Kant, trata de justificar la valoración tan ambivalente que le mereció Kant, al modo como también ocurrió en Heidegger. Según Zubiri, Kant fue un metafísico creacionista que trató de hacer compatible la objetividad del conocimiento con la contingencia y la finitud de la experiencia. Pero a pesar de este indudable acierto de sus propuestas transcendentalistas, sin embargo Kant nunca supo de apreciar el nuevo horizonte pragmático-transcendental último que ahora viene exigido por el peculiar sentido de actualidad de la realidad de los objetos, sin conseguir tampoco elaborar un estilo filosófico adaptado a este nuevo modo de pensar mucho más paradójico y radical. En cualquier caso se valora a Kant de forma muy distinta según se analice desde las tradiciones recibidas o respecto del horizonte interpretativo que la filosofía occidental debe marcarse, para llegar a una crítica muy precisa: Kant fue un metafísico creacionista cuyo mérito principal fue mostrar los presupuestos transcendentales a los que debería recurrir, a fin de hacer compatible la objetividad del conocimiento con la contingencia y la finitud de la experiencia.
5) La frustrada recepción de la metafísica zubiriana, analiza la paradójica recepción que en 1962 tuvo y sigue teniendo Sobre la esencia. Se trata de un libro-isla de difícil interpretación, que ya en los años 70 fue abandonado por su autor a su propia suerte, a pesar de que ahora se sospecha que allí pudo estar lo mejor de Zubiri. Esta interpretación está claramente en contra de sus propias declaraciones en sentido contrario en Inteligencia sentiente y en la triunfante trilogía posterior, que ahora sin embargo se desdeñan. De todos modos se justifica la mala recepción que tuvo Sobre la esencia debido a su exigente terminología que no contribuyó en nada a su adecuada interpretación, sobre todo si se tiene en cuenta que el rigor y la precisión le hace prescindir de todo artificio sobreañadido que trate de “clarificar” la compresión, cuando lo único que consiguen es obscurecerla y complicarla aún más. Además, en este momento se carecía de una adecuada teoría de la razón y de la inteligencia, un déficit que posteriormente trató de subsanar en Inteligencia sentiente, que le hubiera permitido justificar el peculiar acceso a una verdad real a través de un simple proceso de simple aprensión, problema que reiteradamente queda sin explicar.
De todos modos ahora se especula con una segunda posibilidad muy audaz. En vez de elaborar un tratado sobre la esencia, Zubiri habría intentado pergeñar un tratado sobre la persona, que al final se vio abortado y sustituido por este otro tratado preliminar que, sin embargo, nunca se llegó a prolongar como hubiera sido su intención inicial. Se trata de una hipótesis al menos plausible, que permite reinterpretar las tres tesis principales de Sobre la esencia, a saber: 1) La justificación de la peculiar substantividad de la persona en razón de las relaciones pragmático-transcendentales que toda esencia mantiene con el resto de la realidad actual, sin pretender la simple elaboración de una antropología personalista más propia de una metafísica especial; 2) La metafísica deja de tener por objeto prioritario al ser, para pasar a ocuparse de la realidad actual o de la actualidad con sentido, aunque tampoco acabó de perfilar suficientemente su propuesta; 3) Se recurre a una analítica fáctica que otorga relieve trascendental y homogeneiza hechos de relieve muy distinto, sin justificar en cada caso los motivos por los que otorga este privilegio. A este respecto Diego Gracia posteriormente habría reinterpretado las tesis de Sobre la esencia desde las tesis de Inteligencia sentiente, con resultados de una claridad sorprendente, pero a un precio: las últimas propuestas de Zubiri se justificarían en nombre de la fenomenología particular de las ciencias positivas, en vez de ser resultado de un análisis pragmático-transcendental, como habría sido su propósito inicial.
En cualquier caso la interpretación de Sobre la esencia sigue generando diversos nudos gordianos en sí mismos irresolubles, que sin embargo le permitieron hacer una aportación básica, a saber: la noción de realidad actual o de actualidad con sentido; de estructura y sustantividad; de metafísica (entendida más como ultrafísica, a costa de saltar por encima de lo sensible y de lo físico); de sustancia (que a su vez queda postergada respecto de la noción de estructura, aunque sin embargo se mantiene como referente de la realidad real); de trascendental (entendida como algo dado en la experiencia inmediata, al modo como se sienten los presupuestos implícitos de lo vivido, en polémica con el modo tradicional de entender los transcendentales y la diferencia transcendental última que introducen entre las criaturas y el Creador); de mundo (entendido como ámbito del sentido real actual respecto de nosotros, que a su vez limita el orden disyunto con que se presentan los transcendentales). De todos modos ahora se considera que la localización de estos nudos gordianos hizo posible la rehabilitación de un segundo pilar de la metafísica zubiriana, en polémica a su vez con Heidegger y Tomás de Aquino: la noción de verdad real entendida como una actualidad de sentido, que se concibe como un requisito previo que también se exige a la verdad lógica y ontológica. Hasta el punto que esta verdad real después exigirá la elaboración de una teoría de la aprensión simple de esa misma verdad real llevada a cabo en de Inteligencia sentiente, aunque ya entonces se dejó de precisar el nivel de análisis metafísico llevado a cabo en este tipo de reflexiones. En cualquier caso la verdad real admite diversas dimensiones, ya se considera respecto de sí misma, respecto de nosotros o respecto a sus potenciales destinatarios, permitiéndonos descubrir así la compleja estructura pragmático-transcendental que la hace posible.
Para concluir tres reflexiones críticas. El proyecto programático de rehabilitación de la metafísica y de la filosofía primera llevado a cabo por Xavier Zubiri pretende depurarla de algunos sobreañadidos de tipo neoescolástico, mediante el seguimiento de una crítica de sentido pragmático-trascendental, que le exigió prolongar el análisis de presupuestos más allá de donde los dejó Aristóteles o Tomás de Aquino. Por su parte Pintor-Ramos reconstruye a este respecto los aciertos y los nudos gordianos mas significativos aportados por la crítica pragmático-transcendental del sentido que Zubiri aplicó al análisis de la experiencia, en el contexto de una postmodernidad que trató de dar una respuesta adecuada a los grandes retos que planteó la crítica de sentido de Wittgenstein y Heidegger, ya sea por hacer de la metafísica un sinsentido, u objeto de una pretensión sublime, pero inalcanzable, cuando la realidad mostrenca es que aporta un horizonte pragmático-transcendental del que la vida humana no puede prescindir. Sin embargo cabe formularse a este respecto tres preguntas: 1) Evidentemente las críticas formuladas al pragmatismo por las corrientes europeas de la época le influyeron a Zubiri, ¿pero no le influyó también la critica del pragmatismo vulgar formulada por otros filósofos más cercanos, como por ejemplo Ortega en Ideas y creencias? (Ortiz de Landázuri, C.; 'La transformación antropológico-cultural de la noción pragmática de creencia en D'Ors, Ortega, Unamuno y Ganivet’, Pérez-Ilzarbe, P. (ed); Pragmatismo hispano, Anuario Filosófico, XL, 2, 2007); 2) Zubiri habría situado el punto de partida de la metafísica en el análisis pragmático-transcendental de los conceptos o ideas, especialmente en Sobre la esencia, ¿pero ello mismo no le obligó a anteponer una previa reflexión crítica sobre los requisitos exigidos al hecho de compartir unas mismas creencias, o de contrastar unas mismas experiencias, a pesar de los indudables nudos gordianos que se podrían generar?; 3) Finalmente, el primer y el último Heidegger justificaron el carácter paradójico y antifundacionalista de la crítica de sentido, ya sea en virtud de la tesis del olvido del ser acaecida en la metafísica occidental, o en virtud de sus posteriores derivaciones de la filosofía del Ge-stel y de la iluminación, al igual que después sucederá de forma aún más radicalizada en la postmodernidad; sin embargo, ¿realmente Zubiri siguió atribuyendo a la metafísica creacionista una pérdida de esta magnitud, por más que después pensara compensarla a través de un análisis pragmático-trascendental aún más radicalizado? Posiblemente Pintor-Ramos ha dejado para un momento posterior la respuesta a estos interrogantes tan inquietantes, pero hubiera sido conveniente ver con un poco más de detalle lo que Zubiri pensó al respecto.

Carlos Ortiz de Landázuri
Universidad de Navarra
cortiz@unav.es