Juan A. García González
El asunto que Marzoa busca mostrar en este libro mediante
el comentario a ciertos diálogos platónicos (Ión, Fedro,
Timeo, Político y Banquete) que funcionan como auténticas
muestras del carácter mismo del diálogo de Platón (la forma
del diálogo) es un asunto que le lleva ocupando al menos
desde 1996 con Ser y diálogo, Leer a
Platón y más recientemente
El decir
griego en 2006. En Muestras de
Platón el asunto es el diálogo. No los
diálogos platónicos, sino el diálogo mismo como
tékhne,
dialektiké
para el propósito
del reconocimiento del eîdos
como tal diferente
respecto de la cosa, en el sentido en que el
eîdos
no tiene el
estatuto de cosa o de ente (dos mundos). La idealidad de la
idea frente a la onticidad del ente. Marzoa advierte de la
dificultad de decir algo acerca de lo cual lo que hay que
decir es que no posee el estatuto de cosa, dificultad que
estriba en que el mismo hecho de hacerlo supone convertirlo
en cosa (pues habría que entender por cosa aquello «de lo
que» se trata). Evitar el riesgo de la tematización
del eîdos,
de hacer del
eîdos
una cosa, aunque de
otro topos,
hace que sea un
problema afrontarlo como asunto del pensar, pues pensar es
precisamente tematizar en la medida en que lo pensado es
siempre el tema del pensar. Esta inadecuación sería la
clave para entender, en opinión de Marzoa, el rechazo
platónico a fijar por escrito el pensamiento. No se
trataría pues de la inadecuación del medio escrito, ya que
ni siquiera el medio oral valdría. El recurso al diálogo es
el procedimiento para lidiar con una inadecuación
semejante. Las doctrinas no escritas de Platón no se deben
buscar fuera de los escritos, el problema de la doctrina de
Platón no es que no se haya escrito, sino que no se deja
escribir; no es que se haya dicho a ocultas, es que no se
deja decir. Los procedimientos para lidiar con esta
inadecuación ineludible al referirse al eîdos
es lo que muestra
Marzoa. Incluyendo unas interesantes consideraciones
finales en las que se comenta el paso aristotélico hacia
el dialektikòs
syllogismós. Es el paso hacia la seriedad
del diálogo (tematización del método), seriedad ausente en
el diálogo platónico, el cual no puede ser serio porque no
puede tomarse en serio la fijación de lo dicho. El paso
hacia la seriedad del diálogo es el paso hacia el
«ser…es...» del silogismo aristotélico donde se
consolida el tratamiento óntico del eîdos
(la eliminación de
lo ideal del eîdos,
la eliminación de
los dos mundos, del mundo individual de la cosa y del mundo
universal de las significaciones). El mantenimiento
del eîdos
como tal frente a
la cosa se encontraría, eso sí, y de una manera muy clara
en Kant, aunque sobre la base del espacio moderno al que
Kant pertenece (la forma expulsada del noúmeno).
Con esta obra se vuelve a mostrar una vez más la radiante
actualidad de Platón que sigue una y otra vez mostrándose
como una de las obras más fructíferas del pensamiento
occidental. Y digo radiante actualidad no para usar
sencillamente una expresión ya hecha, sino porque la obra
de Marzoa contribuye especialmente a enfatizar si cabe
dicha actualidad. Centrando la atención en el diálogo mismo
por encima incluso de los temas abordados en él Marzoa
coloca la fuerza del pensamiento platónico en lo no-dicho
por Platón, pero no ya porque no haya sido dicho, sino
porque no puede llegar a ser dicho en tanto que no es tema
del decir. Centrarse en lo no dicho tiene el carácter de un
centrarse en el decir mismo, en el medio y no en lo
mediado. El medio es el gran descubrimiento idealista.
Había sido Hegel quien había avistado la dialéctica como
mediación del pensar. Y de la mediación a la estructura
lógica de la apertura en Gadamer, pasando por Heidegger,
hay sólo un salto (ein Spruch des
Denkens). Gadamer comenta la
dialéctica platónica en Wahrheit und
Methode para mostrar la lógica de la
pregunta y la respuesta que hacen del saber algo
esencialmente dialéctico, el arte de llevar una
conversación en la que los parlantes están sumidos
(“los dialogantes son menos los directores que los
dirigidos”, advertía Gadamer) y en la que se forjan
los conceptos universales. Un mostrar parecido es el que ha
llevado a cabo Marzoa al colocar la importancia en el
diálogo mismo y al proceder dialogando con los diálogos.
Puesto en entre dicho el decir, cabrá al menos el mostrar.
Poniendo el énfasis en la dialéctica destaca la apertura
frente a los temas. Si la dialéctica tenía este sentido en
Platón es por supuesto algo no dicho que se pierde con
Aristóteles al hablar de causas en lugar de mediación, y al
sustituir el diálogo por el silogismo donde se pierde el
carácter principal de la pregunta en la estructura
lingüística del del saber en el proceso de la formación del
universal. Y es por otro lado, como decía, algo
eminentemente actual, pues la mediación es posiblemente el
gran asunto del pensar desde Hegel. Como quiera que
pertenece a la estructura ontológica de la comprensión que
toda vuelta al pasado se haga desde los acontecimientos
presentes a partir de los cuales se recarga aquel pasado de
sentido, del mismo modo que la revolución de octubre de
1917 hizo comprender de una forma particularmente nueva la
de 1789 en un sentido seguramente incluso inconcebible para
quienes la vivieron, ocurre que la vuelta a Platón esta
mediada por la tradición acontecida, algo que no tiene
porqué significar falseamiento, sino quizás y muy
posiblemente una apertura para la comprensión de una nueva
dimensión eminentemente sugestiva de la obra platónica cuyo
sentido, como ocurre con todas las obras, supera al autor.
Alejandro Rojas Jiménez
Universidad
de Málaga
rojas_a@uma.es