Polo, Leonardo,
El logos predicamental,
Edición, presentación y notas de Juan Fernando Sellés y
Jorge Mario Posada, Cuadernos del
Anuario filosófico,
serie universitaria, nº 189, Servicio de publicaciones de
la universidad de Navarra, Pamplona 2006; 172 pp.
Juan
A. García González
Se publica en este libro un
curso de doctorado que Leonardo Polo impartió en la
facultad de filosofía y letras de la universidad de Navarra
del 12 al 29 de junio de 1995.
El libro está estructurado en ocho capítulos, en mi
opinión, bastante trenzados entre sí; porque en todos ellos
aparecen los temas extramentales enlazados con las
dinámicas intelectuales que los conocen. Los dos primeros
capítulos sientan los extremos mismos de esa correlación,
que explican el título del libro: el orden predicamental y
el logos humano; su conjunción: el logos predicamental.
Los capítulos 3 a 6 lo desarrollan, examinando nuestro
conocimiento de la esencia extramental: el capítulo 3, su
conocimiento objetivo; y los capítulos 4 a 6: su
conocimiento inobjetivo. Esta última forma de conocer la
realidad extramental, el conocimiento racional de la
realidad física, exige cierta pugna entre la mente y la
esencia extramental, y comporta la adquisición de hábitos;
los cuales requieren manifestar las operaciones racionales,
y constituyen un perfeccionamiento singular de la esencia
humana, por lo que remiten al intelecto agente (es el tema
del capítulo 5, que media entre el 4 y el 6; y cuyo título
podría resultar engañoso si no se atiende a esta
mediación). En el despliegue de la razón humana volvemos a
encontrar un claro indicio de cómo se entreveran física y
lógica en este libro. Porque conocer la realidad
infraintelectual no exige renunciar a la intelección, sino
elevarla, potenciarla manifestando la operación; para así
establecer la pugna con las prioridades reales y
explicitarlas.
El capítulo 8 es un desarrollo, relativamente ya conocido,
de la explicitación de las distintas causas y
concausalidades. Y el capítulo 9 una remisión de la esencia
extramental a su acto de ser: los primeros principios, en
particular el de no contradicción; que el hombre conoce,
esencializa, con el intellectus ut habitus.
Este libro tiene como obras vecinas El orden predicamental
(un curso de 1988, publicado en 2005) y El conocimiento
racional de la realidad (otro curso impartido en 1992
–y antes en 1989- y publicado en 2004). Los tres son
textos que se inscriben en los años de transición entre el
tomo tercero y el cuarto del Curso de teoría del
conocimiento, y gozan de una vecindad temática que los
torna una auténtica trilogía, en cierto modo esclarecedora
del título de este libro: si desde un punto de vista
metódico la razón humana puede explicitar la esencia
extramental, y desde un punto de vista temático la esencia
extramental está finalmente ordenada, la congruencia
metódico-temática apela a un logos predicamental.
Hablar de logos predicamental puede, con todo, resultar
extraño; pues lo predicamental es el orden, las causas, las
categorías, mientras que lo lógico se distingue de lo
físico. Pero en tanto que el hombre es capaz de conocer lo
físico, lo lógico ha de extenderse hasta ello, para
entonces hablar de un logos predicamental.
Sentando, desde luego, que no todo el logos humano es el
predicamental, pues sólo una de las operaciones
prosecutivas es la razón, con la que conocemos la esencia
extramental. Precisamente a aclarar el sentido de lo lógico
se dedica la interesante presentación que firman los
editores. Como, ciertamente, el término logos es polívoco
–especialmente en la filosofía de Polo-, es muy
conveniente la investigación de su multiplicidad de
sentidos que ahí se inicia.
Lo cierto es que el logos humano se distingue de la esencia
física, pero de tal modo que para conocer ésta se exige un
cierto refuerzo de aquél, de la potencia intelectual,
mediante los hábitos adquiridos y el intelecto agente.
Refuerzo que es más indicativo aún de que la esencia y el
ser humanos se distinguen de la esencia y el ser
extramentales.
Y, con todo, hay un logos predicamental: si el universo
está ordenado, y las operaciones mentales jerarquizadas,
hay también cierta coordinación entre causas y operaciones
explicitantes que permite hablar de logos predicamental.
Más aún: así como operación y objeto se conmensuran, así
también la razón pugna coordinadamente con las prioridades
reales, de suyo también ordenadas, y así finalmente el
intelecto en hábito se corresponde con los primeros
principios, expresa la coexistencia de la persona con
ellos. Todo lo dicho apunta a la compatibilidad, a órdenes
de compatibilidad, que es el enfoque global que Polo
propone al respecto en el comienzo de la sexta lección del
tomo cuarto del Curso de teoría del conocimiento.
Pero sigue siendo peculiar hablar de un logos
predicamental, porque desde Kant lo que se ha buscado es
una lógica trascendental, o una lógica pura, autofundada.
El logos predicamental, en cambio, exige la pugna entre las
prioridades reales y la prioridad de la presencia mental.
La distinción entre physis y logos –o entre el ente
veritativo y el ser real-, que no permite un ápice de
confusión, no debe tampoco impedirnos atender al logos
predicamental. La presencia mental no es sólo límite
–un límite que la explicitación racional abandona a
su modo-, sino salvaguarda de la esencia humana, garante de
su exclusiva dependencia del ser personal, y de su
libertad. Por eso es lógico, se somete al logos, el
conocimiento de lo predicamental.
Juan
A. García González
Universidad
de Málaga
jagarciago@uma.es
