Carlos Ortiz de Landázuri
Presencias artificiales.
Estudios sobre la filosofía de las imágenes
mediáticas, aborda directamente la
paradoja
ficcionalista, que a su vez trata de evitar
la aparición de un creciente ilusionismo
en sí mismo
ficticio
por parte de
la realidad
virtual. Según Lambert Wiesing
las ciencias de la
imagen atribuyen un carácter
meramente virtual
a la
presencia
artificial de una imagen proyectada sobre
un objeto sensible, a fin de poder descifrar el posible
sentido antropológico-cultural de una imagen mediática. Se
justifica así la interacción recíproca existentes entre el
objeto y la imagen, separando a su vez tres tipos de tres
de presencia
artificial, a saber: el soporte material,
su proyección imaginativa sobre un objeto sensible y la
atribución de un significado antropológico-cultural
mediante un triple proceso mimético,
al menos según
Platón, a saber: la reproducción de ilusiones subjetivas,
la ejecución de actividades compartidas propias de la
fantasía y la atribución justificada de un determinado
significado antropológico-cultural. Sólo así la
presencia
artificial de estas mediaciones virtuales
en el arte y en la cultura dejaría de verse como un
obstáculo que a su vez genera malestar respecto de los
procesos de inserción en el correspondiente mundo de la
vida, y se transformarían en una ayuda, pudiendo justificar
el logro de una mejor compresión, sin conformarse con el
logro de una simple comprensión diferente. Para justificar
estas conclusiones se dan ocho pasos:
1) Ciencias de la imagen y
concepto de imagen, muestra el peculiar círculo
hermenéutico que ahora se establece entre las imágenes, los
objetos sensibles a los que se aplican y el significado
cultural que se les asigna, ya se trate de una obra de arte
o de una imagen mediática;
2) Las
corrientes principales de la filosofía actual acerca de las
imágenes mediáticas, las analiza desde un triple
punto de vista antropológico, semiótico y perceptivo o
fenomenológico, sin poder evitar la aparición de un círculo
hermenéutico antes descrito;
3) Cuando las imágenes se
hacen signos (de sí mismas):
la imagen
objeto como significante, justifica el carácter
tripolar
de la
imagen
mediática, según se conciban como un mero
soporte material de un signo, como una imagen figurativa
proyectada a su vez sobre un objeto sensible y como un
signo referido al mundo entorno al que, sin embargo, se
atribuye un cierto significado inmaterial.
4) ¿Puede haber
‘fotografías
abstractas’?, admite tres posibilidades de
respuesta: o bien se prescinde de la figuración, al modo
como también sucede en la pintura abstracta; o bien se les
atribuye un significado simbólico no concreto; o,
finalmente, tratan de reflejar de un modo indirecto el
respectivo proceso de producción fotográfica;
5) Ventana, televisor y
escaparates, son tres metáforas para
resaltar el distinto papel de la dimensión figurativa de
las imágenes mediáticas en la pintura, la literatura, o en
los medios tradicionales de comunicación, incluida la red
de Internet;
6) La
realidad virtual. La formación de la imagen en la
imaginación, justifica la elaboración de
una realidad
virtual verdaderamente compartida, en
virtud de los procesos psicológicos de formación de
imágenes subjetivas que vendrían suscitados a su vez por
las tecnologías de la comunicación, el cine, la animación o
la simulación;
7) El
concepto platónico de mimesis y su canon
prestado, analiza la prohibición de la
simple ilusión
subjetiva y de
una fantasía
compartida
contenida en el libro X de la República,
así como las alabanzas que también merecieron en el
Sofista
y el
Político.
Platón llegó a distinguir a este respecto dos tipos
de imitaciones
y de
presencias
reales,
similares a las que hoy día siguen estableciendo las
ciencias de la imagen y en la teoría del arte, a saber: la
simple representación
vulgar para un escenario teatral,
basada en la producción de una simple ilusión
subjetiva, y
la representación
figurativa con ayuda de la fantasía propia
de la escultura de un templo, que a su vez fomenta el
desarrollo de una actividad fuertemente compartida, cercana
incluso desde un punto de vista cristiano a la idolatría,
como al menos sucedió en el caso de la Atenea del Partenón
de Fidias;
8) ¿Qué
son los medios?, analiza los procesos
fenomenológicos y semióticos de producción y convalidación
de la transparencia y autorreferencialidad de las imágenes
mediáticas, siguiendo a McLuhan y Husserl;
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda la Escuela de
Historia del Arte de Viena, especialmente Panofski y
Gombrich ya señalaron la triple dimensión
iconológica,
iconográfica
y
simplemente autorreferencial
de las imágenes
artísticas, aunque ahora estas propuestas se formulan en un
contexto muy distinto. Y en este nuevo contexto cabría
preguntarse: El anterior triple análisis de las
presencias
artificiales generadas por este tipo
de imágenes
mediáticas, ¿logró superar
círculo
hermenéutico vicioso que ellas mismas generan o más
bien radicalizó aún más la posterior aparición de
una paradoja
ficcionalista de la realidad
virtual haciéndola aún más insoluble?
La diferenciación entre el triple proceso mimético de
elaboración, reproducción y ejecución de
imágenes
mediáticas y de sus
correspondientes presencias
artificiales, ¿consigue salvar la anterior
paradoja o simplemente genera un ficcionalismo
aún más
radicalizado? Finalmente, el desarrollo de una actividad
fuertemente compartida con ayuda de la fantasía, ¿genera
necesariamente un falso
ilusionismo antropológico-cultural, o la
religiosidad popular griega trató de legitimarlos en virtud
de otro tipo de presupuestos metafísicos más sólidos?
Carlos Ortiz de Landázuri
Universidad
de Navarra
cortiz@unav.es