Carlos Ortiz de Landázuri
Los Cursos Universitarios que Xavier Zubiri impartió entre
septiembre de 1931 y diciembre de 1935 tienen un gran
interés en la actualidad por varios motivos: 1) Reconstruir
la génesis de una tradición de pensamiento, la llamada
Escuela de Madrid, a través de uno de sus representantes
más significativos, y del influjo que ejerció en el
posterior desenvolvimiento de la filosofía en nuestro país,
después del lapso de tiempo perdido que a este respecto
supuso el franquismo; 2) Advertir el peculiar modo de
trabajar de Zubiri, entonces joven sacerdote, en contacto
permanente con sus alumnos, en los pocos años que se dedicó
a la docencia, lo que explica el cuidado con que tomaron
los apuntes de clase que ahora se publican; 3) Conocer la
filosofía del joven catedrático, compañero de claustro de
Ortega, en los primeros momentos de contacto con las aulas.
Sin duda fue el momento en el que el joven Zubiri ejerció
un influjo mas duradero en sus oyentes, con independencia
de la distancia inevitable que posteriormente el paso del
tiempo o los avatares de la guerra civil fue creando entre
ellos, como de hecho ocurrió en el caso Julián Marías o del
propio Ortega; 4) Rastrear la presencia en aquellos
momentos tan turbulentos de las nuevas tendencia que se
iban abriendo paso en Europa, y que ya estaban ejerciendo
un influyo más duradero del que habitualmente se piensa,
configurando una tradición de pensamiento viva, que ya
entonces experimentó las rupturas y discrepancias, que en
muchos casos fueron irreversibles.
En cualquier caso de momento sólo se dispone del Volumen I
de dichos cursos universitarios, los correspondientes a los
cursos 1931-1932, con el siguiente contenido: 1) Las
lecciones correspondientes al Curso de Introducción a la
filosofía y dedicadas a comentar los libros de la
‘Metafísica’ de Aristóteles; 2) El curso
dedicado a comentar al ‘Parménides’ de Platón;
3) El curso sobre “El ser como pensado. De Descartes
a Husserl”. En todos los casos Zubiri hace gala de
una lectura directa de los textos griegos, llevando a cabo
un dialogo actualizado con las figuras más representativas
del momento, aunque en general se prefiere dejar hablar a
los propios textos, dando por sobreentendidas polémicas de
todos conocidas, sin abusar en ningún caso de las citas.
Por su parte la fuente textual más recurrida son los
apuntes de clase de Luís Felipe Vivanco, la ahora llamada
fuente C, que a su vez se coteja con los apuntes tomados
por Carmen Castro (fuente A) y la fuente B de redactor
anónimo. De todos modos el texto viene acompañado de
numerosas notas donde se reflejan las comentarios
marginales que el propio Zubiri escribió sobre los apuntes
que le tomaron, lo que al parecer era su forma habitual de
trabajar. La edición se concluye con un índice analítico de
autores, de términos filosóficos y de términos griegos que,
sin duda, facilitará a los eruditos la consulta de
cuestiones específicas.
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda en estos
cursos universitarios reflejan muy bien la fuerte
personalidad y el impacto tan duradero que el joven Zubiri
ejerció en sus alumnos, como atestiguó Julián Marías, con
independencia del posterior distanciamiento que hubo entre
ambos. Sin embargo sería un error reducir el pensamiento
del joven Zubiri a estos cursos, cuando el mismo nos dejó
un legado más amplio. A este respecto Pintor-Ramos ha
señalado la importancia que para entender la posterior
trayectoria intelectual de Zubiri tiene su postura inicial
respecto del pragmatismo, y que dejó reflejada en la
memoria que elaboró para las oposiciones a la cátedra de
Metafísica de la Universidad Complutense en 1926. Al
parecer allí ya señaló los problemas centrales o nudos
gordianos sobre los que a la larga versará su filosofía: la
centralidad del análisis metafísico de la dimensión
pragmática del obrar humano, la periodicidad de las épocas
de la historia de la filosofía, la conexión con los grandes
problemas y autores del pensamiento contemporáneo,
especialmente Heidegger (cf. Pintor-Ramos, Antonio; Nudos
en la filosofía de Zubiri, Universidad Pontificia de
Salamanca, Salamanca, 2006). En este sentido entre los
estudios introductorios a la publicación de estos cursos
universitarios se echa en falta una descripción más
pormenorizada del contexto intelectual tan polémico en el
que estos cursos se impartieron. Zubiri, es verdad, hace
pocas referencias directas a ese contexto, pero es
inevitable tenerlo en cuenta si se quiere sopesar el
sentido implícito de las muchas de la propuestas que ahora
se formulan.
Carlos Ortiz de Landázuri
Universidad
de Navarra
cortiz@unav.es