Carlos Ortiz de Landázuri
Estas dos novelas de Pablo
D’Ors representan un claro ejemplo del impacto que la
novela de formación centroeruropea
(“Bildungroman”) está ejerciendo en la
novelística española contemporánea. Además, ahora se
pretende hacer un uso más reflexivo del género, dándole un
sentido claramente metaético, metaliterario, metaartístico,
teológico, metafísico, además del carácter autorreferencial
e irónico que siempre este género ha tenido. En ambos casos
se trata de mostrar como los mecanismos miméticos
habitualemnte utilizados en la justificación del
comportamiento humano por la Bildungroman, también pueden
ser utilizados para provocar un segundo efecto más
sofísticado: la inicial reacción de estupor e ilusión que
puede acabar generando la persistente presencia de lo
maravilloso, una vez que se aprecia que con frecuencia
aquellos mecanismos mímeticos iniciales paradójicamente
también pueden esconder un sentido último más oculto
totalmente desproporcionado respecto del punto de partida
elegido. De este modo ambas noveleas se conciben como una
fábula moral metaética, donde se trata de describir la
aparición de lo milagroso, lo extraordinario, lo artístico,
lo genial, lo divino, lo religioso, en la narración de la
vida cotidiana más prosaica y vulgar, con sólo cumplir una
condición: describir con la mayor parsimonia y lentitud
posible los movimientos rutinarios de la vida profesional y
social, para descubrir allí la aparición sorprendente de
una segunda o tercera dimensión de la vida humana que
inicialmente había pasado desapercibida, aunque sin duda
estaba presente desde un primer momento. A su vez se
pretende dar a este tipo de descripciones un carácter
metaliterario y metaartístico, ya que mediante este
procedimiento narrativo se lograrían describir los dos
mecanismos básicos mediante los que opera toda ficción
literaria, o toda creación artística, según predomine una
de estas dos posibilidades: o darle a la reproducción
mimética de un comportamiento un sentido vulgar o, sin
perjuicio de lo anterior, intentar generar a su vez la
ilusión de haber alcanzado un objetivo más transcendente e
insospechado, según aquel inicial comportamiento
aparentemente anodino permita o no establecer relaciones
significativas sorprendentes con un término de referencia
lo más lejano posible. De ahí que las dos novelas se
proponen describir un transfondo metafísico o incluso
teológico verdaderamente inesperado, que permitiría
descubrir el profundo carácter relacional de la realidad en
general y de la persona en particular, otorgándole la
milagrosa capacidad de relacionar todo con todo, así como
de descubrir a Dios en el fondo de las cosas más anodinas e
insignificantes, como un simple zapato o una mosca.
Finalmente, las dos novelas tienen un carácter claramente
autorreferencial e irónico, ya que sus dos protagonistas
principales, el impresor Zollinger y el vigilante de museos
Alois Vogel, se toman al modo de una metáfora para
describir la tarea aparentemente sin sentido y abocada al
fracaso del propio narrador literario, aunque
sorprendentemente todo lo que hace y escribe acabe
encontrando un inesperado sentido, que le hace sentirse un
creador artístico de mundos imaginarios en sí mismo
privilegiado. Evidentemente hay diferencias muy claras
entre las Andanzas y El estupor, ya que en el segundo caso
la novela tiene un carácter mucho más reflexivo que la
primera, tratando de mostrar algunos rasgos inherentes a la
Bildungroman, que en el primer caso sólo habían quedado
apuntadas. Magnífica en cualquier caso la descripción de la
trasmutación del oficio de impresor en el de zapatero en la
primera novela, y de la transformación que a su vez genera
el enamoramiento ya en edad madura del protagonista
principal. A este respecto ambas novelas hacen un claro
homenaje a la génesis histórica de este estilo literario
típicamente centroeuropeo, tan lejano en ciertos aspectos
de la actitud vital del hombre meridional mediterráneo.
Pero precisamente aquí surge la reflexión crítica: ¿Sería
posible extrapolar el contexto centroeuropeo de la
narrativa literaria de Pablo D’Ors al género de vida
más espontáneo del hombre mediterráneo? ¿Se podría
describir con mayor detenimiento y verosimilitud el
tránsito del uso meramente mimético de este tipo de
artificios literarios a aquel otro verdaderamente
ilusionista o reverberante de la aparición de un nuevo
sentido, una vez que verdaderamente se piensa, como ahora
ocurre, que este tránsito es posible?
Carlos Ortiz de Landázuri
Universidad
de Navarra
cortiz@unav.es