Martínez
Porcell, Juan; Metafísica
de la persona, Balmes,
Barcelona, 2008, 205 pp.
Gabriel Martí
Andrés, Universidad de Málaga
gmartinan@uma.es
El Dr. Juan Martínez Porcell es actualmente Decano de la
Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad Ramón
Llull. El libro que vamos a reseñar es la edición
–segunda edición ya- de su Tesis doctoral, defendida
en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona
el 27 de abril de 1992 y dirigida por el Dr. Eudaldo
Forment Giralt, Catedrático de Metafísica de dicha
Universidad.
Aunque el título pudiera sugerirlo, Metafísica de la
persona no pretende ser un exhaustivo manual de
Antropología, sino un estudio centrado en el principio
personificador, en el constitutivo formal de la persona,
que no es otro que el ser. La inspiración del libro es
claramente tomista; sin embargo, el estudio prosigue los
planteamientos de Santo Tomás en orden a una mejor
intelección del ser real de la persona.
La persona es “sustancia individual de naturaleza
racional”, y “la razón de individuación
–como dice Martínez Porcell- es la razón de
incomunicabilidad”. Frente a ‘hombre’,
que alude a la esencia, ‘persona’ alude al ser,
y el ser personal es absolutamente incomunicable, no se
puede compartir o dar a participar. Y a esto dedica su
libro nuestro autor, a la persona como “subsistens
distinctum incommunicabile”. No en vano su Tesis
doctoral se denominó “La incomunicabilidad ontológica
de la persona”.
La persona es el supuesto en naturaleza intelectual. Es
cierto que los animales, las plantas y los entes inanimados
son igualmente supuestos, pero esto no quiere decir que la
única diferencia entre una y otros sea la esencia. La
naturaleza aporta la capacidad de ser persona, pero es el
esse el que le hace serlo; y efecto del ser es el
subsistir. Pues bien, el espíritu posee el ser como algo
propio y, en este sentido, subsiste como forma sustancial,
haciendo de la persona algo plenamente incomunicable. La
sustancia es incomunicable en lo que tiene de “hoc
aliquid”, y esto en la persona es el ser. A la
incomunicabilidad ontológica de la persona como posesión
del ser dedica Porcell la primera parte de su libro. Aborda
distintos aspectos de la Antropología, pero “desde el
punto de vista de nuestra perspectiva de la
incomunicabilidad ontológica de la persona”.
Esta primera sección de profundo calado metafísico da pie
al autor a la consideración de dos cuestiones que, aunque
de carácter teológico por pertenecer en gran medida a los
misterios de la fe –cristológico y trinitario-, son
plenamente oportunas en su libro y en su línea de
investigación. Me refiero a la unión de naturalezas en la
sola persona del Verbo encarnado y a la pluralidad de
Personas en un solo Dios. Todo ello es estudiado a partir
de la misma incomunicabilidad de la persona humana,
siguiendo la vía analógica. Así, dedica la segunda sección
a estudiar cómo la naturaleza humana de Cristo subsiste en
la persona divina del Verbo, prestando una especial
atención a la cuestión del De unione Verbi encarnati; en la
tercera sección se centra en las Hipóstasis divinas en
cuanto relaciones subsistentes.
Ahora bien, la incomunicabilidad ontológica de la persona
no implica solipsismo o incomunicación psicológica o vital,
sino todo lo contrario. Esta es la trascendencia de la
persona, a la que Porcell dedica la última sección de su
libro y que constituye el corolario perfecto de su obra.
“Es cada persona singular –dice nuestro autor-
la que se siente un ser cerrado en sí mismo, como portador
de su propia existencia incomunicable; y a la vez, abierto
al conocimiento del mundo exterior y a la donación amorosa
de sí mismo”. La posesión del ser fundamenta la
incomunicabilidad ontológica de la persona y, a un tiempo,
su apertura a los demás. En la autoconciencia y el amor de
sí la persona se revela dueña de sí misma, abriéndose a la
comunicación intelectual y a la donación de sí en la
entrega amorosa. La necesidad ontológica de que esta
entrega sea plena en la comunicación afectiva y la
concepción de la educación como proceso de personalización
son cuestiones que -por no ser centrales en la línea
trazada por el autor- están solo sugeridas y tratadas de
soslayo; sin embargo, son extraordinariamente fecundas,
quedando abiertas para futuras investigaciones.
Con afiladísima pluma y una visión penetrante el autor nos
ofrece en este libro una profundísima investigación acerca
del elemento formal de la persona y de su incomunicabilidad
constitutiva que, sin duda, será de gran provecho para
todos los investigadores de la antropología tomista y para
todos aquellos lectores que, con ciertos conocimientos
antropológicos, decidan profundizar en los fundamentos
metafísicos de la persona.
Juan Martínez Porcell es autor, entre otras, de las
siguientes obras: La incomunicabilidad ontológica de la
persona humana (1992), Ser y persona (1995),
El
començament de l'ésser i l'ésser del pensar
(1996), ¿Es
razonable creer en Dios? (1997), El don del ser (1998),
Lectura de textos de Filosofía (1998).

