Carlos Ortiz de Landázuri, Universidad de Navarra
cortiz@unav.es
El liberalismo
individualista de John Stuart Mill fue objeto de reiteradas
críticas por parte de la teoría política moderna, desde
Marx hasta los anarquistas o la propia doctrina social de
la Iglesia. Sin embargo paradójicamente la postmodernidad
habría pasado por alto estas indudables carencias,
llegándole a considerar como el más importante filósofo
inglés del siglo XIX, o al menos el que ha ejercido un
influjo más amplio y duradero. No sólo habría mantenido un
inconformismo radical respecto de los estereotipos clásicos
de su época, sino que permitiría alcanzar una visión más
ecuánime del efectivo influjo de los factores psicológicos
o éticos en la pretendida descripción científica del
inexorable progreso histórico. Según Richard Reeves, John
Struart Mill (1806-1873) habría sido un victoriano
apasionado que, por encima de los convencionalismos de la
época, habría hecho suyo el mensaje humanista
autoemancipador del liberalismo, sin que su radicalismo de
corte individualista - claramente contrario a las tesis
comunitarista y partidarias de un creciente utilitarismo
social, como la propuesta por Jeremy Bentham -, fueran un
obstáculo para extenderlo a otros ámbitos aparentemente
contrarios a su ideología, como al menos ocurrió con el
feminismo. En cualquier caso ahora se describen las
convicciones liberales profundas que están en el punto de
partida de los pronunciamientos éticos, políticos y
sociales de Mill, destacando cuatro momentos de su
prolífica bibliografía. La elaboración de su manual A
System of Logic (1846), su ensayo Principles of Political
Economy de 1848, su breve tratado o manifiesto más conocido
On liberty (1859), y su destacada participación en la
elaboración de The subjetion of Women (1869), punto de
partida de los movimientos feministas de corte liberal. A
este respecto se destaca la ayuda incondicional que contó
por parte de la única mujer a la que amó en su vida,
Harriet Taylor Mill (1807-1858), de su hija Helen Taylor
(1831-1907) y de Milicent Fewcett (1847-19209), en sus
reiteradas campañas políticas liberacionistas a favor del
derecho a voto femenino, que finalmente se alcanzaría en
1928.
A este respecto ahora se describe a Mill como un fogoso
político liberal de izquierdas, que supo mantener un
diálogo fluido con las opciones más conservadoras del
parlamentarismo británico, como fue el caso de Disraeli,
Coleridge, Kingsley, Hary, o el editor de la London and
Westminter Review, Willian Molesworth, o del propio
Tocqueville, sin por ello romper con otros planteamientos
radicales afines al suyo, como fue el caso del economista
David Ricardo, del parlamentario Jonhn Arthur Roebuck, del
apasionado poeta romántico John Sterling, de Thomas
Carlyle, (1795-1881), del matrimonio Fawceltt, o del
brillante político Wihg, Thomas B. Macaulay. Los momentos
más brillantes de su carrera política habrían sido su
trabajo en la India House en 1850, su entrada en el
parlamento británico en 1866, que le permitió un
conocimiento directo del pensamiento revolucionario radical
francés de Guizot (1787-1874) o de Auguste Compte
(1787-1894), además de alcanzar una resonancia de sus
propuestas nunca sospechada. En cualquier caso su
radicalismo republicano de izquierdas ahora se enmarca en
los movimientos sociales que acompañaron a la revolución
radical burguesa de 1848, así como en los movimientos
revolucionarios de 1866, donde ahora también se enmarca la
publicación The subjetion of Women de 1869, tomada a su vez
como el Acta fundacional de los propios movimientos
proliberación de la mujer. En cualquier caso Mill nunca
tuvo la pretensión de iniciar un movimiento de masas de
corte totalitario alrededor de la clase obrera, como
ocurrió en el marxismo, sino más bien sus propuestas las
concibió en el marco de un movimiento centrista que entre
otros también tuviera en cuenta los intereses de la clase
obrera, como ya por entonces ocurrió en el laborismo
británico.
Para justificar estas conclusiones la monografía destaca 15
momentos de su vida: 1) Su esmerada y destacada educación
(1806-1820) como hijo adoptado de Jeremy Bentham, quien
trató de verificar en su caso sus ideales un tanto utópicos
sobre la educación social; 2) Las dificultades de inserción
social (1820-1826) experimentadas por un hombre normal,
aunque con claras dotes de superdotado; 3) Extrañas
confusiones (1826-1803), narra la ruptura con el
liberalismo social utópico y el principio de maximalización
de la felicidad colectiva, propuestas por Jeremy Bentham,
reivindicando en su lugar la vuelta al radicalismo político
de los liberales republicanos, en la forma como ya se ha
explicado; 4) El acompañamiento imperfecto (1830-1836)
reconstruye el amplio espectro ideológico de las personas
conservadoras y radicales con que Mill se relacionó en los
inicios de su trayectoria profesional; 5) Rodeado de lobos:
las influencias conservadoras, reconstruye el contexto
cultural de la publicación de A System of Logic:
Ratiocinative and Inductive, publicado en 1843, donde por
primera vez se recurre a la noción de
“consensus” entre sociedades; 6) Independencia
(1836-1842), describe la creciente maduración de las ideas
radicales con la consiguiente afirmación de una fuerte
personalidad, con una clara proyección pública a través de
diversos medios de comunicación; 7) Eminencia (1843-1847),
describe el progresivo impacto de su sistema de lógica, en
un momento de gran efervescencia social y económica donde
se ponía en cuestión los fundamentos científicos de la
ciencia social; 8) Revolucionario francés (1848), analiza
el impacto recíproco que le ejercieron los teóricos
revolucionarios de la época, así como su visión de
Napoleón; 9) ¿Una ciencia deprimente? (1848-1852), analiza
la elaboración de sus Principles of Political Economy: with
Some of Their Applications to Social Philosophy de 1848,
basado en la distinción entre los ingresos apropiables y no
apropiables, así como respecto del papel socialmente
nivelador de los impuestos, con gran éxito de público y
crítica; 10) Siete años compartidos (1852-1858), describe
las circunstancias que rodearon a su matrimonio con Harriet
Taylor Mill, coincidiendo con un momento de hibernación
publicista, debido en parte a sus viajes a Grecia e Italia
y a la finalización de su trabajo en la House of India, a
pesar de lograr una gran divulgación de sus ideas; 11) On
Liberty (1859), donde logró expresar con más claridad el
fundamento individualista de su radicalismo liberal y del
principio no-intervencionista del “laisser
faire”, siendo sin duda la obra que le consagró; 12)
Me iré al infierno (1859-1865), analiza el periodo
posterior a la muerte de su mujer a finales de 1858, con
propuestas diversas sobre el sistema proporcional de
representación política y la subsiguiente participación de
la clase obrera en la batalla política a través de un
partido radical, siguiendo a su vez las ideas de Thomas
Hare, pero tratando de evitar la aparición de una
“falsas mayoría representativa”, como el mismo
reflejó en Representative Government de 1861; 13) Un corto,
mal Parlamento (1865-1868), describe el radicalismo
moderado que exhibió en la campaña electoral de 1865,
cuando entra en el Parlamento, y su fracaso en las
elecciones adelantadas de 1868, cuando su radicalismo
político era mucho más conocido; 14) El padre del feminismo
describe su posición favorable al derecho voto y a la
igualdad de los derechos civiles por parte de la mujer,
sobre una posible regulación estatal de la prostitución,
sobre la regulación civil del matrimonio o sobre la
legalización del divorcio, por tratarse de una consecuencia
de su radicalismo liberal; 15) Los años finales
(1868-1873), cuando conoce los análisis económicos de
Thornton acerca del equilibrio existente entre la masa
salarial y los beneficios del capital, revisando el
carácter estático que inicialmente atribuyó a los salarios.
Igualmente acepta algunas iniciativas cooperativistas
obreras, exige la atención de determinados servicios
públicos por parte del Estado, hace notar el carácter
esencialmente reformista del laborismo británico frente al
dogmatismo comunista, adoptando una actitud respetuosa con
el cristianismo, aunque lo siga juzgando desde un mero
utilitarismo social, reduciéndolo a una fuerza social
equiparable al capitalismo o al socialismo; 16) Epilogo,
notas, bibliografía e índice.
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda hoy día sigue
sorprendiendo lo cercano que estuvieron en sus orígenes la
mayor parte de los ideólogos liberales del capitalismo de
los movimientos obreros. Por su parte, ahora se describe a
John Stuart Mill como un defensor radical de los derechos
civiles, tanto en el caso del ciudadano, del obrero o de la
mujer, sin que su postura se la pueda tachar de
incoherente. A este respecto el problema más grave del
liberalismo, ya sea en su vertiente política como
económica, fue el tratar de hacer compatible la defensa de
la libertades individuales frente a la justificación
meramente utilitarista de un comunitarismo social, al modo
como ya inicialmente fue defendido por Jeremy Bentham, o
posteriormente por Hayeck o Rawls, como ahora se nos
recuerda, o incluso como hoy día seguiría ocurriendo en la
llamada postmodernidad, especialmente a partir de la teoría
de la Sociedad abierta de Popper o del liberalismo
comunitarista de Charles Taylor, a pesar de que ahora no se
les tiene en cuenta. Sin duda las sucesivas obras de John
Stuart Mill fueron un intento por dar una respuesta
satisfactoria de estas dos dimensiones del liberalismo
radical o del propio feminismo, haciéndolo converger
finalmente con el modo pragmático como el laborismo
político abordó este problema. De todos modos la monografía
podía haber tenido más consistencia si desde un principio
se hubiera mostrado como la articulación entre ambos
aspectos del problema siguió siendo el problema central que
Mill trató de resolver obsesivamente.
Carlos Ortiz de
Landázuri
Universidad de Navarra
cortiz@unav.es

