Sanguinetti,
Juan José, Filosofía de
la mente. Un enfoque ontológico y
antropológico, Colección
Albatros, nº 13, Palabra, Madrid 2007; 363 pp.
María Patiño,
Universidad de Málaga
La
filosofía de la mente se ocupa de la naturaleza de los
estados mentales, de sus afectos y de sus causas. Ocupa un
lugar central la cuestión del comportamiento de los estados
mentales y físicos además de las cuestiones ontológicas
sobre la naturaleza de los mismos. Estudia cuestiones
epistemológicas en torno a la cognoscibilidad de la mente.
Así pues este libro trata dicho tema desde una perspectiva
atenta a las corrientes actuales del pensamiento y sobre
una base antropológica personalista.
El autor parte explicando cómo a la vez que se da la
dualidad cuerpo-mente en nosotros, gozamos de
“identidad”, unidad de persona. Emplea ejemplos
del tipo el hilemorfismo aristotélico o del platonismo para
explicar su teoría.
Tras esta introducción comienza tratando la dualidad
cuerpo-mente desde distintas posiciones filosóficas. De ahí
pasará luego a centrarse en el cuerpo llegando de nuevo a
la conclusión de que el comportamiento humano, la conducta,
es la praxis. Praxis como distinto a teoría.
Una vez tratado el cuerpo llega a la mente en un capítulo
titulado “la inteligencia humana” en el que
desarrolla una serie de características de la misma tales
como la potencia ontológica, la capacidad contemplativa
desinteresada, la trascendencia cognitiva sobre la
corporeidad…
Pero aquí se retorna de nuevo a la demostración de lo que
sostuvo al principio la dualidad pero en la identidad. Para
que sean posibles tales funciones intelectuales es
indispensable la presencia material del cerebro.
Y finalmente dentro de ese mismo tema abandona la dicotomía
que había hecho hasta el momento entre mente y cuerpo y
habla por fin de identidad.
Por lo que respecta a los siguientes capítulos abandona ya
el tema de la distinción e integración ontológica entre las
operaciones psíquicas y los actos orgánicos para afrontar
la cuestión causal (que en cierto modo ya ha sido
anticipada con el desarrollo de la inteligencia).
Habla desde la causalidad dualista alma-cuerpo de Platón,
pasando por el dualismo cartesiano (en el que la cuestión
se reduce al impulso que el espíritu consciente debería
comunicar a un trozo de materia -el impulso sería lo
misterioso, casual-), los materialistas (causalidad
material), hasta llegar a los funcionalistas (repusieron el
antiguo dualismo en términos funcionales).
La dualidad es ahora abordada desde la perspectiva animal.
Al igual que en los humanos el sentimiento nace de una
causalidad del ámbito psíquico superior, lo mismo cabe
decir de los animales en la medida en que ellos
experimentan emociones positivas cara a los bienes
concretos pertenecientes a su ámbito intencional.
La teoría tomista de la voluntad dice que ésta mueve
directamente la capacidad intelectual y las potencias
cognitivas sensitivas, y mueve las fuerzas locomotivas del
cuerpo en la medida en que estas son controladas por la
sensibilidad. El dominio racional se ejerce bajo el control
inmediato de las fuerzas sensitivas motrices. Pero Santo
Tomás de Aquino ignora la relación neurológica entre la
emotividad y la motricidad (que él atribuye a la razón
siguiendo la tradición aristotélica).
La deliberación es un proceso al que sigue la decisión en
un espacio de libertad ofrecido por la inteligencia. A este
poder se le denomina voluntad. Esto ha sido desembocado por
el amor a un bien y tiene como finalidad la acción.
Las decisiones, que nacen de la experiencia, son libres.
Pero se plantean algunas dificultades como que no podemos
elegir cualquier cosa, cual ser omnipotente, que se hayan
de aceptar las circunstancias impuestas y por supuesto la
libertad electiva sigue una lógica, una física y una moral
(dependiendo de qué cosas nos muevan a actuar). Por último
la voluntad muchas veces vicia los intereses voluntarios.
Plantea el problema de la conexión entre la decisión humana
y los comandos motores respectivos. Ciertos experimentos
indicaron que el movimiento voluntario comenzaba levemente
antes de que el sujeto indicara su decisión consciente de
mover los miembros de su cuerpo (Libet). Concluye que la
voluntad se encarna en la afectividad superior y en sus
sedes cerebrales y a tal afectividad le compete la tarea de
producir los comandos motores voluntarios.
Sanguineti habla a continuación de la intersubjetividad.
Defiende que nuestra conducta es guiada y en cierto modo
activada por la “mente de los otros” y no sólo
por nuestra propia mente.
Dedica un capítulo entero a la inteligencia animal. Se
explica la importancia que han tenido a lo largo de la
historia y finalmente que el hombre es un animal pero
dotado de razón, y por ello superior completamente al reino
zoológico. La praxis intelectual animal se refleja en que
son capaces de resolver problemas imprevistos a nivel de
especie, de elaborar utensilios (para la construcción de
nidos y madrigueras por ejemplo), en la comunicación
mediante señales y en las relaciones sociales.
Los animales son capaces de reconocer estructuras
perceptivas en continuidad espacio temporal en la medida en
que se familiarizan con ellas, es decir, son capaces de
aprender ciertas cosas. También es importante en la vida
animal el ambiente social e intersubjetivo entre los de la
misma o distinta especie. Por último la propia conciencia
es el reconocimiento de su propia existencia que al igual
que los seres humanos ellos también lo tienen. Pero no es
autoconciencia en el sentido fuerte, sino que perciben su
propio cuerpo, no reflexionan sobre sí mismo como sujeto
existente.
Continuará hablando del lenguaje en los animales. En primer
lugar éste puede crear conexiones distintas a las que
pretendía en su origen, se pueden enseñar ciertos sistemas
de símbolos a los animales, esto demuestra primeramente la
inteligencia y en segundo lugar la riqueza de una vida
intencional, cognitiva, emotiva y comunicativa
pre-racional.
En el último capítulo llamado tecnología de la inteligencia
viene a hablar de la ontología de los objetos artificiales
y en concreto de la informática.
En cuanto al autor y a esta obra cabe decir que se aprecia
que ha estudiado sobre la materia y en especial sobre el
conocimiento. Por ello el texto no es accesible a cualquier
clase de lector, o al menos se hace más comprensible su
lectura y más fructuosa para alguien con algunos
conocimientos de la materia. Es más el lenguaje que emplea
denota estas cosas.
Por lo que respecta a la organización del texto, es
bastante adecuada y facilita en buen grado su comprensión.
La división por párrafos, los títulos, la cursiva y la
negrita, y los esquemas numerados muestran su claridad de
ideas y su pretensión de llegar al receptor.
La lectura de este manual me ha resultado provechosa pues
aporta ciertas nociones claras ontológicas y antropológicas
sobre la conducta humana desde la perspectiva cuerpo-mente.
Todo esto a pesar de haber tenido alguna dificultad debido
a mis mínimos conocimientos de filosofía.
María Patiño
Universidad de Málaga

