GADAMER,
Hans-Georg;
Los caminos de Heidegger, Traducción de
Ángela Ackermann, Herder, Barcelona,
2003.
Alejandro Rojas Jiménez
Los textos que se recogen en esta obra (escritos entre los
años 1964-1990) persiguen, a pesar de que todos tienen un
carácter ocasional, una misma tarea: dar cuenta del
pensamiento de Heidegger desde la situación privilegiada
que posee Gadamer, intentando alcanzar en la diversidad la
unidad de un núcleo de pensamiento.
Gadamer escribe desde el convencimiento de que el llamado
segundo Heidegger continuaba el mismo camino –cito
textualmente –que había tomado cuando se propuso
remontar su interrogación al tiempo anterior a la
metafísica y anticipar con su pensar un futuro desconocido.
.
Los textos han sido ordenados en cuatro secciones. Los
caminos de Heidegger, Heidegger y la ética, los comienzos
de Heidegger, y Heidegger en retrospectiva. Secciones que,
como el propio Gadamer explica en su prólogo pretenden
respectivamente comentar la situación con la que se
encontró Heidegger, la posibilidad o imposibilidad de una
ética heideggeriana, la nueva situación de fuentes con
respecto a los inicios de Heidegger, y siete ensayos
posteriores en los que Gadamer vuelve la vista a Heidegger
una vez más.
Manteniendo esta división en secciones, los temas de esta
recopilación pueden dividirse en dos grandes grupos: por un
lado destacan aquellos comentarios sobre la biografía de
Heidegger, y, por otro, los comentarios sobre los aspectos
teóricos de su producción filosófica.
Si sólo atendiéramos al primer grupo, ya sería un gran
libro, porque Gadamer es uno de los autores más
pertinentes, si no el más oportuno, para comentar los
aspectos referentes a la vida de Heidegger. Mas no sólo es
un libro que hable sobre la persona de Heiedgger, sino que
también se adentra en los aspectos teorícos y problemáticos
de su produción filosófica. De este modo, Angela Ackermann
(conocida por todos de otras traducciones como Introducción
a la Metafísica, de Heidegger) brinda la posibilidad al
lector castellano de acceder a un libro doblemente
interesante.
Se trata así de una obra muy completa, escrita por uno de
los autores más importantes de la historia reciente de la
filosofía que fue, como todos saben, el discípolo más
internacional de Heidegger.
Un libro en el que el lector se encontrará, referente a los
comentarios personales de la persona de Heidegger, con que
Gadamer cuenta cosas como que Heidegger se parecía a un
ingeniero o experto técnico, y en ningún caso su aspecto
exterior se correspondía con la imagen que se tenía de un
filósofo. Cuenta cómo lo conoció en 1923. Habla sobre su
forma de ser: escueto, cerrado, lleno de energía
concentrada, carente de la suave elegancia cultivada del
homo litaratus. Comenta con pasión la fuerza de sus
discursos que devolvían la vida a la filosofía académica.
Relata cómo perdía la voz y el aliento cuando hablaba de
filosofía. Cómo esta filosofía que rompía con la academia
tradicional haciendo hablar a los clásicos arrastraba a las
generaciones que vinieron de la primera guerra mundial.
Expone la filosofía de Heidegger como la protesta
apasionada contra el mundo seguro de la cultura de los
mayores, y contra el allanamiento de todas las formas de
vida individuales por la sociedad industrial que se iba
uniformando, y contra su política de información y
formación de la opinión pública. Narra cómo uno de sus
profesores lo pilló leyendo debajo del pupitre la Kritik
der reinen Vernunft. Cuenta cómo Groeber le prestó el libro
de Brentano über die mannigfachen Bedeutungen des Seiendes
bei Aristoteles, y cómo Heidegger contaba a menudo que ésta
había sido su iniciación en la búsqueda por el sentido
fundamental del ser. Cuenta cómo ya en 1920 los estudiantes
hablaban menos de Husserl que de Heidegger; cómo los
estudiantes comentaban revolucionados la vitalidad de sus
expresiones; cómo se esforzaba por ser claro a pesar de que
se le critique un inexistente afán de oscuridad,
confesando, por otro lado, que en su primer contacto con la
filosofía de Heidegger le parecía escuchar chino. Nos dice
cuál fue el primer curso de Heidegger al que asistió
(Ontologie. Hermeneutik der Faktizität). Cómo sus ojos
expresaban fantasía, capacidad de observación, sabiduría
penetrante… Contando éstas y otras cosas Gadamer se
convierte así en el testigo de un pensar lleno de vida que
aceptaba el riesgo contínuo de perder el suelo de la
escuela oficial (aunque paradójicamente ha sido un autor
que ha creado escuela, a pesar de que doctrina es lo último
que parece pedir su pensamiento).
Por comentar también los asuntos tratados en lo referente a
los aspectos teóricos de la filosofía de Heidegger, decir
que Gadamer comenta la falta de unidad temática de la obra
de Heidegger. Comenta la evolución del Dasein al claro del
ser (Lichtung); la penuria de su lenguaje (que justifica
como un intento de escapar de la tradición, en el sentido
de que ya no valen las categorías anteriores), así como su
provocación ante nuestras espectativas lingüísticas. Habla
de la nada (comentando Was ist Metaphysik?); de la poesía
(frente al cálculo). Comenta su relación con Aristóteles
(su ahondamiento en la
φρόνησις, aquel
camino en el que no siguió profundizando el Estagirita).
Señala los enemigos metafísicos de Heidegger (la
subjetividad y la conciencia); su cercanía poco reconocida
a Platón (a propósito de la Idea de Bien). Habla sobre la
disputa entre mundo y tierra; sobre la verdad, el
acontecer, el viraje (que no habría que considerar como una
ruptura); sobre la expresión “sólo un Dios podrá
salvarnos”. Comenta su lectura de Hölderlin, su
lectura de los griegos; la peculiar relación de Heidegger
con la historia de la filosofía; la también peculiar
dimensión religiosa de Heidegger. Se detiene en su relación
con Hölderlin (que permitió al pensamiento de Heidegger
empezar a hablar). Estudia la comprensión, el
lenguaje…
En definitiva un libro bastante completo también en lo
referente al tratamiento de los aspectos teóricos y
problemáticos de Heidegger.
Por otro lado, se trata además de un libro de fácil lectura
(pues Gadamer es de buena pluma). Ya decía Habermas que
había sido capaz de urbanizar a Heidegger. Habermas decía
que Heidegger había tenido la suerte de encontrar a su
Marx, y, continuando con la misma analogía, del mismo modo
que ningún hegeliano puede ir a Marx para estudiar a Hegel,
este libro no puede ser considerado veraderamente como un
libro de estudio para conocer el pensamiento de Heidegger.
Gadamer era más un testigo que un especialista en
Heidegger. Un díscípulo, un continuador, un gran conocedor
de Heidegger, como lo fueron Teofastro con respecto
Arisóteles, Engels con respecto a Marx, Feuerbach con
respecto a Hegel, o Wolff con respecto a Leibniz.
Es cierto que su testimonio puede servir para urbanizar y
entrar en el pensamiento de Heidegger, pero también es
cierto que si dicha urbanización es posible es porque se
pierde lo más propio de la pluma de Heidegger: que al
escribir sobre cualquier tema siempre lleva a las espaldas
el peso de su ontología, que es lo que hace que no escriba
con la soltura de Gadamer.
Alejandro Rojas Jiménez