POTTER,
Michael;
Set Theory and its Philosophy. A critical
Introduction, Oxford
University, Oxford, 2006, 345 pp.
Carlos Ortiz de
Landázuri
Teoría de clases
y su filosofía reconstruye el impacto que el Proyecto nueva
fundamentación a partir de elementos originarios de Aczael,
Barwise y Etchemendy tuvo en el modo tradicional de
formalizar los conjuntos o clases, que el mismo había
seguido en su anterior publicación de 1990, Clases. Una
Introducción (Oxford University). En efecto, a lo largo de
estos quince años la lógica formal progresivamente ha
dejado de articularse alrededor de la noción de conjunto o
clase, siguiendo el modelo axiomático-formal - según el
cual "si una estructura satisface un axioma, entonces
también satisface el teorema". En su lugar ha pasado a
ocupar este lugar central la noción indefinible y
extra-primitiva de nivel, fruto a su vez de una determinada
historia (p. 41, Scott, 1974, y Derrick), suscitando a su
vez un gran número de problemas filosóficos que
anteriormente habían quedado desatendidos. En efecto, el
axioma del esquema permitió la construcción de un
determinado lenguaje objeto a partir de su respectiva base
de aplicación, pudiendo justificar la elaboración de una
formula bien formada a partir de un sólo elemento, si se
dispone de un procedimiento para ajustarlo en su respectivo
sistema formal.
Posteriormente se aplicó esta misma relación de nivel al
resto de las categorías matemáticas, con un resultado un
tanto sorprendente, a saber: se atribuyó a los conjuntos o
clases un esquema o modo de operar dialéctico, capaz de
tener en cuenta desde un principio los problemas generados
por sus posteriores aplicaciones prácticas, sin depositar
una confianza ciega en el desarrollo de un formalismo de
tipo axiomático. En vez de pretender evitar la aparición de
las paradojas lógicas estableciendo axiomáticamente las
propiedades o requisitos de los conjuntos o clases, como
puede ser la deductibilidad, la completitud y la
decidibilidad, se siguió un procedimiento distinto, a
saber: formalizar las relaciones entre niveles de rango
distinto que ahora se establecen entre un formalismo lógico
y su respectiva base de aplicación, justificando de este
modo la deductibilidad, completitud y decidibilidad del
sistema formal resultante, sin justificarlas a partir de un
mismo esquema deductivo previo. Evidentemente en estos
casos la jerarquización entre la base de aplicación, el
lenguaje objeto y los sucesivos metalenguajes, o entre los
elementos formalizados, los subconjuntos y los
metaconjuntos, así como las diversas categorías
extramatemáticas, matemáticas y metamatématicas, sigue
generando el mismo tipo de paradojas, que ya aparecieron en
Frege, Russell, Gödel, Burali-Forti, etc., aunque ahora se
dispone de un procedimiento heurístico capaz de
desactivarlas, a saber: otorgar una prioridad a la
formalización de los distintos elementos individuales o
descripciones definidas, que a su vez entran a formar parte
de un conjunto o clase, ya sea para dar lugar a una lógica
de clases de primer orden o de segundo orden, sin hacerlas
depender de la aceptación inicial de una metateoría de las
categorías matemáticas plenamente axiomatizada.
Michael Potter analiza desde esta nueva perspectiva
diversos problemas heredados por la lógica de conjuntos o
clases, a saber: 1) Colecciones desactiva el poder
destructivo de las paradojas lógicas mediante la
localización de un nivel metateórico superior con
categorías metamatemáticas más complejas, que permite
denunciar la extensión indefinida de determinados casos
límite; al menos a esta conclusión llegó la lógica
intuicionista de Dummett cuando criticó la vaguedad e
indeterminación de las propiedades autoproductivas e
indefinidamente extensivas de Russell (p.30); 2)
Construcción contrapone dos modos de concebir las
jerarquías existentes entre los conjuntos o clases, según
se les aplique una estrategia regresiva que les exige
mantener unas dependencias recíprocas de tipo constructivo,
metafísico o simplemente axiomático; o, por el contrario,
según se les aplique una estrategia intuitiva de relación
entre niveles, siguiendo el consiguiente esquema de
separación y de un primer principio de plenitud, para pasar
a ser tomados como conjuntos bien fundados respecto de su
correspondiente base de aplicación; al menos a esta
conclusión llegó la crítica del sentido de Wittgenstein
cuando rechazó la indeterminación de la axiomática formal
de la teoría jerárquica de niveles de lenguaje de Russell;
3) La teoría de conjuntos o clases justifica los límites
constructivos de la jerarquía de niveles en virtud de un
segundo principio de plenitud, exigiendo la formalización
inicial de al menos un elemento bien formado de su
correspondiente base de aplicación, justificando así la
aparición de un conjunto vacío, la división de un conjunto
dado o la creación de nuevos niveles derivados, con su
correspondiente conjunto potencia, sin recurrir ya a un
principio de coherencia, o a una simple posibilidad lógica,
al modo como ocurrió en aquellos otros presupuestos
metafísicos o axiomáticos de tipo platónico. Se justifica
así el papel desempeñado por el par ordenado de elementos
individuales, las relaciones entre conjuntos o clases, las
funciones, el axioma del infinito o las estructuras
isomórficas entre dos o más conjuntos. En definitiva este
proyecto de 'nueva fundamentación' sólo pretende resolver
los problemas de numeración contable que presenta la base
de aplicación de los conjuntos o clases, sin pretender
extrapolarlos más allá de los límites inherentes a su
peculiar esquema dialéctico de argumentación.
Michael Potter aplica este esquema dialéctico al análisis
de las tres partes en que habitualmente se divide la lógica
de conjuntos o clases, a saber: 1) Los números, que a su
vez son el fundamento de la aritmética, de la contabilidad,
de las líneas geométricas y de los números reales; 2) Los
cardinales y los ordinales, ya sean finitos, transfinitos o
infinitos, mediante su correspondiente aritmética básica;
3) Otros axiomas referidos a los tipos de infinito, al
axioma de elección o a otros tipos de números cardinales.
Además se añaden tres apéndices referidos a la
axiomatización tradicional, a las clases, y a la distinción
entre conjunto y clase. Pero es precisamente aquí donde
surge el interrogante. Parece que estos proyectos de nueva
fundamentación se conforman con dar una respuesta a los
debates habituales de la lógica de conjuntos o clases, sin
abrirse a otros desarrollos alternativos que mientras tanto
se han vuelto habituales, como hoy día sucede con los
desarrollos actuales de la lógica de la vaguedad y con los
cálculos de la lógica borrosa o fuzzy. Sus propuestas han
experimentado en estos últimos veinte años un auge
extraordinario, plateando retos de fundamentación y de
justificación muy acusados, que ahora tampoco se tienen en
cuenta. No parecen despertar excesivo interés por parte de
los filósofos de las matemáticas, cuando podrían servir de
un magnífico banco de pruebas de lo ajustado de sus
propuestas.
Carlos Ortiz de
Landázuri