ARENDT, Hannah; Los orígenes del totalitarismo, Taurus, Madrid, 1999, 618 pp.

por Pilar Pereila Martos

Esta obra es sin duda una de las principales aportaciones arendtianas para el estudio del fenómeno totalitario.
La presente obra aparece dividida en tres partes: antisemitismo, imperialismo y totalitarismo.
El análisis de cada uno de estos fenómenos se presenta necesario para llegar a una comprensión del totalitarismo, objetivo perseguido por Arendt. Intentar comprender qué, por qué y cómo fue posible la aparición del fenómeno totalitario. Comprender para perdonar, para poder reconciliarnos definitivamente con el mundo y otorgar un sentido a la vida humana., pues para la autora, “Comprender los movimientos totalitarios es comprendernos a nosotros mismos”.

En la primera parte Arendt indaga la historia judía en Europa central y occidental, analiza la conflictivita situación de los judíos frente a la aparición de un nuevo antisemitismo que vendría a ser concretizado en la Alemania nazi.
En primer lugar analiza los orígenes del antisemitismo político remitiéndonos al “Affaire Dreyfus” y examinando el papel que los judíos representaron en el desarrollo de la nación-estado. Pese a las mudanzas de los nuevos tiempos, reivindicaron sus estatutos de privilegio y libertades dentro de las naciones-estado, reivindicaciones que los llevaron a ser despreciados por casi todas las clases sociales.
La desconfianza en los judíos se vio agravada por las relaciones internacionales que éstos mantenían en toda Europa a través de los lazos familiares, convirtiéndose en el único grupo social leal al estado, independientemente de la nacionalidad.
De gran influencia también, en el desarrollo de este antisemitismo, la aparición de la nueva inteligencia judía, la cual había roto con la tradición, y habían pasado a ocupar profesiones liberales, buscando la manera de destacar de forma individual como representantes de una sociedad internacional.
Finalmente nos coloca ante la aparición de los primeros movimientos antisemitas, que se manifestaron en la década de 70 y 80 del siglo XIX. Estos perseguían la desintegración de la nación-estado, y con ella la de todos sus defensores.

El imperialismo constituye la segunda parte de Los Orígenes del Totalitarismo.
Con el imperialismo se procede a la destrucción de la nación-estado a través de la expansión y colonización de la misma. Las consecuencias que se desencadenan de esta acción serán también analizadas por la autora, centrando su atención en la abolición de los derechos humanos.
El imperialismo constituye también una salida para el excedente de la producción capitalista que se caracterizará por la expansión y acumulación del poder a través del establecimiento de relaciones con otros estados. Así, la burguesía pasará durante el imperialismo a servirse de la política para sufragar sus necesidades económicas.
Por estos motivos el estado se ve obligado a extender su poder utilizando para ello la violencia. Hasta ese momento y como refiere la autora, “Ni la violencia ni el poder habían sido «objetivo consciente» del cuerpo político”

Esta conversión de la violencia en principio de destrucción constituye la característica principal del totalitarismo, última de las partes de esta obra.
Frente a las dictaduras o a los sistemas tiránicos anteriores, el totalitarismo introduce una novedad, hace de la violencia su fundamento, nadie esta a salvo, la destrucción se extiende a todos los hombres sin excepción, atentan contra el propio concepto de ser humano.
Los sistemas totalitarios analizados por Arendt serán la Rusia de Stalin y la Alemania nazi de Hitler, prestando especial atención a este último.
Ambos se caracterizan por exprimir el deseo de dominación y de implantación del terror. Del mismo modo afirmando su poder con el apoyo de las masas de individuos aislados en los cuales fue posible ejercer esta dominación. La superfluidad de la existencia y la deshumanización son los símbolos de esta sociedad de masas.
El medio elegido por los totalitarismos para alcanzar la dominación es la propaganda psico-ideológica, destinada más a organizar que a persuadir, y cuya finalidad es evitar cualquier rastro de pensamiento en el hombre.
La mentira es burocratiza, crean un mundo ficticio en confronto constante con la realidad, del que ha sido eliminado cualquier rastro de humanidad.
Finalmente la autora nos muestra la imagen del horror de los campos de concentración, cómo éstos se convirtieron en laboratorios en los que el asesinato era realizado bajo condiciones científicamente controladas. El objetivo era la dominación total, eliminar la pluralidad y la espontaneidad en el hombre, reduciendo a la persona a su naturaleza, el animal humano, a través del asesinato en tres partes: de la persona jurídica, de la persona moral y finalmente de la identidad única de cada hombre.
Pilar Pereila Martos