Llano, Alejandro; En busca de la trascendencia. Encontrar a Dios en el mundo actual, Ariel, Madrid, 2007, 165 pp.
30 de Juni de 2007. 06:36 nachm. Archivado en: Metafísica | Teología Natural
En busca de la trascendencia plantea una paradoja muy característica del mundo actual posmoderno, a saber: las profundas aspiraciones de búsqueda de la trascendencia han generado a su vez múltiples paradojas, sin poder evitar la aparición de un relativismo escéptico cada vez más vacío. En efecto, según Alejandro Llano, la crítica del sentido contemporánea habría recuperado una intuición genial del proyecto kantiano respecto a la posibilidad de alcanzar una nueva vía de acceso hacia el sentido trascendente de la existencia, a pesar del creciente escepticismo con que inicialmente el propio Kant abordó sus dos anteriores preguntas. A este respecto la filosofía analítica y existencial del siglo XX habría prolongado hasta el final el análisis de los presupuestos de sus dos últimas preguntas, ¿qué podemos esperar?, ¿qué es el hombre?, dando al proyecto kantiano un sesgo filosófico muy distinto, sin quedarse en una aceptación acrítica de sus formulaciones iniciales.
De todos modos la irrupción de un posmodernismo filosófico cada vez más radicalizado habría vuelto profundamente adverso el contexto cultural donde llevar a cabo un proyecto de búsqueda de la trascendencia de estas características. El posmodernismo reinterpretó la filosofía trascendental kantiana como una nueva reedición de la vía paradójica seguida por la filosofía clásica para justificar el papel desempeñado en la vida humana por la verdad, la libertad, Dios o la inmortalidad personal, cuando ya este tipo de proyectos estaban totalmente acabados. Por su parte el posmodernismo quiso ver en la nueva crítica de sentido del siglo XX, ya sea analítica (Wittgenstein), hermenéutica (Heidegger) o existencial (Marcel), así como en la antropología filosófica (Jasper, Max Scheler), la perpetuación de los anteriores proyectos especulativos, ya sean clásicos o modernos, sin atribuirles el carácter innovador que a sí mismos se asignaban. Se habría comprobado en todos estos casos como el entrecruzamiento de las críticas de sentido llevadas a cabo por las distintas tradiciones filosóficas del siglo XX conducirían a la afirmación de unos presupuestos absolutamente incompartibles entre sí, dando lugar a paradojas de segundo nivel aún más irresolubles, originando una interpretación relativista cada vez más escéptica de sus respectivos presupuestos. En cualquier caso la crítica del sentido habría encontrado dificultades irresolubles, que le habrían desviado de sus propósitos iniciales, sin poder prolongar este tipo de análisis hasta el final, y sin tampoco atreverse a llevar a cabo la ruptura histórica que los tiempos demandaban. De ahí que el posmodernito filosófico haya terminado considerando más legítimo fomentar un relativismo escéptico aún más radicalizado antes que iniciar una búsqueda de la trascendencia en sí misma paradójica y, por tanto, carente de sentido.
Pero a pesar de admitir este diagnóstico inicial tan contrario a sus propósitos, ahora Llano cree posible invertir el sentido relativista habitualmente dado hoy día a la aparición de estas paradojas más complejas o de segundo nivel, siguiendo a su vez un procedimiento muy preciso: someter las distintas críticas de sentido a un intenso dialogo recíproco, mediante un desdoblamiento en el papel de ponente y de opositor de sus respectivas propuestas, a fin de poder justificar así una posible conciliación entre ellas. Se pretende resolver así el gran dilema que el posmodernismo filosófico establece entre una de estas dos posibilidades recíprocamente incompatibles, a saber: o bien se invalida totalmente el método paradójico de la metafísica o filosofía primera aristotélica, dados los numerosos sinsentidos de los que parte y que a su vez origina, como de hecho acabaría proponiendo el postmodernismo filosófico más radicalizado; o bien se toman estas paradojas como una oportunidad única para iniciar una nueva prolongación de este tipo de análisis de presupuestos, iniciando así una nueva búsqueda de la trascendencia, como ahora se opina que ocurrió en las posturas más moderadas y autocríticas. En cualquier caso Llano defiende la posibilidad de invertir el anterior sentido escéptico habitualmente dado a la aparición de este nuevo tipo de paradojas, a fin de iniciar una búsqueda de la trascendencia que sea a su vez compatible con la creciente complejidad del mundo actual.
A este respecto Llano opina que la crítica de sentido contemporánea también acabó otorgando un papel heurístico indiscutible a la posible aparición de estas paradojas de segundo nivel, a pesar de sus numerosas vacilaciones. Un indicio claro de esta situación habría sido el rechazo generalizado que en su opinión han experimentado los diversos procedimientos resolutivos utilizados por el posmodernismo filosófico en sustitución del método de las paradojas, a saber: la vía de la doble verdad seguida por Marina (Dictamen sobre Dios, Por qué soy cristiano, Anagrama), el decisionismo situacional sartriano defendido por Savater (La vida eterna, Ariel), el voluntarismo irracionalista nietzscheano de Vattimo (Después de la cristiandad. Por un cristianismo no religioso), el materialismo evolucionista radicalizado del proyecto ‘Grandes Simios’ de Peter Singer (Liberación animal, Trotta), o el hedonismo naturalista epicúreo de Onfrai (Tratado de ateología, Anagrama). En efecto, en todos estos casos se descalificó el método paradójico usado por la metafísica por los sinsentidos irresolubles generados a su vez por el entrecruzamiento de las diversas críticas de sentido, sin embargo lo único que lograron las diversas propuestas fue perpetuar aún más una situación de permanente conflicto de las interpretaciones, sin lograr alcanzar una verdadera resolución de las anteriores paradojas. El posmodernismo filosófico se vanaglorió a este respecto de haber formulado un diagnóstico muy certero de la situación presente, pero lo único que logró fue fomentar un relativismo escéptico aún mayor, sin tampoco conseguir eludir el carácter paradójico de su propio pensamiento.
En cualquier caso Llano rechaza la pretensión del posmodernismo filosófico de excluir el innegable valor heurístico que la metafísica clásica siempre otorgó a este peculiar método paradójico de análisis de presupuestos. Es más, ahora se aplica esta misma consideración a estas nuevas paradojas de segundo nivel, siempre que a su vez se cumpla una condición previa: utilizarlas también para prolongar y profundizar en el análisis de los presupuestos sobreentendidos en las distintas críticas de sentido, sin interrumpir de un modo decisionista su propio proceso de fundamentación y sin tampoco fomentar un relativismo aún mayor. Sólo así se pudo localizar un nivel de reflexión previo, que a su vez permitiera resolver las paradojas originadas por el entrecruzamiento de las diversas críticas de sentido, sin hacer exclusiones interesadas por motivos meramente ideológicos. En cualquier caso este método tampoco pretendió evitar la aparición de ulteriores paradojas a un nivel todavía más alto, e incluso de más difícil resolución, sino que siguió viendo en ellas una oportunidad inmejorable para llevar a cabo una búsqueda de la trascendencia de mayor alcance.
En cualquier caso ahora se comprueba como estas paradojas de segundo nivel son un rasgo específico del peculiar modo de acceder a tres problemas metafísicos profundamente interrelacionados, como son el hallazgo de la verdad en condiciones de libertad, la existencia de Dios y la inmortalidad personal. Es más, ahora estas paradojas se consideran un paso obligado, a fin de invertir el relativismo escéptico con que el posmodernismo filosófico abordó este tipo de pruebas y poder así iniciar una auténtica búsqueda de la trascendencia. En este contexto ahora se plantea la posibilidad de hacer una relectura de tipo analítico, hermenéutico, o existencial más profundo, de las paradojas originadas por los argumentos habituales a la hora de justificar la existencia de Dios, como son: la vía antropológica a partir del hallazgo de una verdad en unas condiciones de libertad, la prueba cosmológica aristotélica, las cinco vías tomistas, el argumento de la apuesta de Pascal, o la prueba moral kantiana. En cada caso se pone de manifiesto como este entrecruzamiento entre las distintas críticas de sentido puede generar un escepticismo aún mayor, pero también puede ser usado para purificarlas de posibles desenfoques y anacronismos, y poder así otorgarles en cada caso un valor heurístico diferenciado más preciso. A este respecto se evita la consideración de Dios como una simple condición de sentido meramente subjetiva, o de tipo psicológico, que a su vez sería compatible con un relativismo igualmente escéptico. En su lugar más bien la existencia Dios se concibe como una condición de sentido objetiva aún más estricta, que ahora vendría exigida por el entrecruzamiento de las diversas críticas de sentido, sin negar por ello la apertura al misterio y la posible necesidad de ulteriores indagaciones.
De todos modos un análisis similar al ahora propuesto para la existencia de Dios también se aplica al hallazgo de la verdad en unas condiciones de libertad o de la propia inmortalidad personal. En efecto, si la noción Dios en la posmodernidad se ha vuelto paradójica, otro tanto habría sucedido con la noción de hombre, de verdad o de libertad. La llamada muerte de Dios habría provocado a su vez la así llamada muerte del hombre o al menos del sujeto trascendental kantiano, concebido ya entonces como un presupuesto necesario del logro de una verdad compartida en condiciones de libertad. Sin embargo el posmodernismo filosófico habría atribuido al ser humano una condición behaviorista meramente animal, negándole el atributo de la inmortalidad personal, así como la posibilidad de una verdad compartida en condiciones de libertad. Precisamente ahora se recurre a las interpretaciones de Jorge Vicente Arregui acerca de la muerte y la inmortalidad personal, para evitar a su vez la aparición de este tipo de malentendidos, que a la larga también terminarían haciendo imposible la aceptación de una demostración de la existencia de Dios, como de hecho terminó sucediendo con las interpretaciones estrictamente behavioristas de la conducta humana por parte de Paulov y Skinner.
Se establece así una correlación indisociable entre el posible hallazgo de una verdad en condiciones de libertad, la demostración de la existencia de Dios y el carácter espiritual e inmortal del ser personal, aunque con una peculiaridad: dada la estrecha relación que la crítica de sentido ahora establece entre estos tres supuestos, sólo caben dos posibilidades a la hora de afrontar este tipo de problemas metafísicos: o bien se da una respuesta conjunta de todos ellos, ya sea por vía racional o con ayuda de la revelación; o bien se declaran de imposible resolución y en consecuencia se fomenta un relativismo cada vez más escéptico, como habría acabado sucediendo en el postmodernismo filosófico más radicalizado. A este respecto la originalidad de Llano estribaría en recurrir a la crítica del sentido y a su correspondiente filosofía primera, a fin de formular una metaprueba global, o prueba arquimédica de segundo nivel, acerca de la existencia de Dios, que a su vez toma como punto de partida la peculiar instalación del hombre en su mundo entorno, y que rezaría así: La peculiar instalación del hombre en su mundo entorno viene definida por su singular capacidad de búsqueda de una verdad en condiciones de libertad, por el reconocimiento de la existencia de Dios o de la propia inmortalidad personal, viéndose en la necesidad de elaborar conceptos cada vez más estrictos capaces de salvar la aparición de las posibles paradojas que a su vez pueden originar la interacción existente entre estas distintas pruebas. Sin embargo en todos los casos la existencia de Dios aparece como la condición de sentido básica capaz de armonizar el grado de validez y necesidad otorgado a cada una de estas pruebas. Por tanto, solo caben dos posibilidades: o bien se niegan las pretensiones de verdad en condiciones de libertad, justificando el comportamiento humano al igual que el resto de los animales; o bien se reconoce la existencia de Dios. En cualquier caso para alcanzar estas conclusiones se dan tres pasos, seguidos a su vez de un epílogo:
1) Arrieros somos, justifica la necesidad de volver a plantear las dos últimas preguntas kantianas, ¿qué podemos esperar?, ¿qué es el hombre?, en la forma como hoy día las habría vuelto a replantear la crítica del sentido, ya sea desde el análisis, la hermenéutica o desde la propia antropología existencial. Se inicia así una reflexión de tipo metafísico sobre los presupuestos y las condiciones de sentido del efectivo hallazgo de una verdad compartida en condiciones de libertad, situándose más allá de los criterios estrictamente positivistas o cientifistas, e iniciando así una recuperación del tesoro perdido, ya sea por el abandono del realismo, o por el rechazo de un mundo efectivamente abierto a la trascendencia.
2) ¿Salvados del naufragio?, analiza las tres vías posibles de acceso a la trascendencia - la vía existencial o del sentido de la vida, la física o cosmológica y la axiológica o moral -, con un objetivo muy preciso: llenar el triple hueco ontológico, epistemológico y valorativo, que a su vez habría venido provocado por el creciente alejamiento del mundo actual respecto de la trascendencia. Sin duda este alejamiento habría venido propiciado por el gran número de paradojas generadas por el entrecruzacimiento de la triple crítica del sentido, que a su vez deberían haber hecho posible la acceso a la trascendencia, pero que en la práctica dificultaron cada vez más este tipo de búsqueda por parte de la metafísica. Al menos así sucedió en el caso de la justificación de una verdad en condiciones de libertad o del propio hacer moral, dando lugar a su vez a un creciente escepticismo, a un relativismo o a la paradoja del mal en el mundo. En los tres casos aparecieron dificultades infranqueables, que a su vez fueron utilizadas exclusivamente para fomentar un uso escéptico aún más relativista, sin querer ver en ellas una oportunidad privilegiada de acceso a un nivel especulativo superior. De todos modos se hubieran podido evitar estos malentendidos si en vez de confiar exclusivamente en el poder demostrativo de la ciencia, se hubieran otorgado a estas paradojas un papel mostrativo de los presupuestos existenciales respectivos, dejando siempre abierta la apertura al misterio y a la necesidad de ulteriores indagaciones. Al menos así sucedió con las pruebas de la existencia de Dios antes mencionadas, o con la justificación del mundo físico relativista por parte de la Cosmología contemporánea, o con la necesidad de una ética de valores incondicionados en un mundo tan cambiante como el actual. De ahí que ahora se formule una metaprueba global a favor de la existencia de Dios por tratarse de la condición de sentido más básica que a su vez permite armonizar la validez otorgada a estas otras formas de búsqueda de la trascendencia.
3) Lo que nos espera, analiza distintos rasgos singulares de la peculiar instalación del hombre en su mundo entorno, que ahora permiten confirmar la validez anteriormente otorgada a una crítica de sentido efectivamente abierta a la trascendencia, salvo que se pretendan negar las pretensiones de alcanzar una verdad compartida en condiciones de libertad, o establecer una estricta igualdad entre el comportamiento humano y el del resto de los animales, a saber: la espiritualidad creativa del hombre frente al naturalismo evolucionista animal; la indeterminación biológica humana frente a la especialización instintiva animal; la lógica reflexiva autocondicionada del ‘si entonces’ propia del ‘homo sapiens’ frente al comportamiento mecánicamente condicionado animal, sin ya poder comprender el alcance intencional de los signos que el mismo usa (como ahora sucede en el símil de la habitación china); el comportamiento libre y responsable del ser humano frente al comportamiento irreflexivo y automatizado del animal; el carácter excéntricamente mundano y desinteresado del hombre frente al necesitarismo intramundano animal; la emergencia del inteligir inespecializado humano frente a la super-especialización socio-biológica animal; el poder anticipador de la muerte del ser humano frente a la vida anónima en un permanente presente propia del animal; la inmortalidad autotranscendente y la infinitud de ‘mundos posibles’ a los que puede acceder el ‘ser-ahí-en-el-mundo’ propio del hombre frente a la inmanencia irreflexiva del animal en su nicho ecológico; la ilimitada capacidad de reconversión innovadora hacia la verdad propia del ser humano frente al modelo de facticidad reiterativa y redundante del animal.
4) Epilogo, comprueba el efectivo entrecruzacimiento existente entre las pruebas a favor de la existencia de Dios, la verdad en condiciones de libertad y la inmortalidad personal. En todos los casos la existencia de Dios aparece como una condición de sentido más básica capaz de armonizar a su vez el grado de validez que en cada caso se asigna a las otras pruebas. De todos modos ahora no sólo se justifica esta interconexión en virtud de la crítica de sentido respectiva, sino también en virtud de una revelación divina, fundada a su vez en el amor, como al menos sucede en el cristianismo.
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda las propuestas de Llano responden a un contexto polémico muy concreto, pero también a un proyecto programático muy preciso. A este respecto sus propuestas resultan muy esclarecedoras del momento presente, a la vez que resultan muy provocativas y obligan a plantear tres cuestiones: 1) Si efectivamente es posible conciliar las diversas críticas de sentido contemporáneas con los procedimientos paradójicos de búsqueda de la trascendencia, ya sean clásicos o kantianos, ¿no quedaría pendiente la necesidad de reconstruir el hilo conductor que hizo posible una transformación recíproca entre ellas? 2) El establecimiento de una relación indisociable entre el hallazgo de la verdad en condiciones de libertad, la existencia de Dios y de la propia inmortalidad personal, ¿no debería obligar a una redefinición del estatuto metafísico otorgado a la antropología filosófica, por tratarse de un presupuesto básico de la crítica de sentido o filosofía primera? 3) La reivindicación de este tipo de propuestas metafísicas y antropológicas, ¿no se debería prolongar a través de una filosofía de la cultura a la altura de los retos planteados por el mundo actual y por este nuevo tipo de proyectos especulativos? Evidentemente Llano ha contestado a muchos de estos interrogantes en otro libro reciente, Cultura y pasión (Eunsa, 2007). Sin embargo muchas de estas cuestiones surgen aquí, al hilo del dialogo que el autor mantiene consigo mismo, y me parece que son un buen exponente del interés de sus propuestas.
Carlos Ortiz de Landázuri

