MICHON, Pierre; Cuerpos del rey, Anagrama, Barcelona, 2006, 152 pp.
14 de Februar de 2007. 06:12 nachm. Archivado en: Estética
Cuerpos del rey es un ejemplo claro del carácter cada vez más filosófico o metanarrativo que ha ido adquiriendo actualmente la teoría literaria, sin conformarse con una simple descripción de los diversos cánones artísticos en boga, sino tratando de llevar a cabo una reflexión sobre los presupuestos antropológicos de la creatividad artística en general, ya se refiera a la literatura, a la pintura o a las bellas artes en general. Además, Pierre Michon da un paso más, servirse de las diversas teorías o metateorías literarias disponibles para iniciar una reflexión sobre la naturaleza de la narración literaria, del autor, de los mecanismos ilusionistas, de los principios por los que se rigen, a través de ejemplos y situaciones muy concretas, más dirigidas a provocar el debate que a demostrar la validez de una teoría predeterminada. En su opinión, la narrativa literaria exige la entronización de un autor como un rey efímero que será sustituido por otro de similares características, constituyendo así una serie de cuerpos del rey, cuyo testigo se ha ido pasando a lo largo de la historia de unos a otros, en una especie de eterno retorno donde el último pronto será derrocado por el siguiente, tratando de imitar en todos los casos un mismo modelo de referencia originario. Se localiza así el procedimiento artístico que ha hecho posible estas sucesivas metamorfosis narrativas, a saber: el mecanismo del palo con la careta, ahora llamado cuerpo de palo, que provoca la ilusión de otorgar realidad a lo que sólo es una ficción literaria creada desde un más allá ultramundano, que exige del autor, ya se trate de Flaubert o de Victor Hugo, una separación creciente respecto del resto de los mortales, haciendo así posible este nuevo juego psicoanalítico entre eros y thanatos, entre el amor y la muerte o el destino. Se otorga así al autor un poder absoluto para imponer sus dotes narrativas al resto de los interlocutores, como corresponde a un monarca indiscutido, que a su vez provoca la consiguiente congoja del corazón tanto por parte de unos como de otros. La literatura se describe así como un ave carroñera o gerifalte que se nutre de sus propias miserias, aunque su destino sea repetir este mismo rito thanático sin posibilidad de agotarse. El resultado es el poderío fabulador de un pequeño rey que se siente un inaccesible elefante, capaz de hacer legible su propio mundo de ensueños sublimados, aunque su nutriente sean las pequeñas miserias personales y ajenas. En cualquier caso se trata de repetir el sueño de Booz de transformar la experiencia cotidiana de los hombres vulgares en la ilusión de un cielo inagotable propio de un hombre excepcional muy grande, capaz de narraciones soberbias y sublimes dirigidas a provocar la imitación y envidia por parte de sus lectores. En cualquier caso ahora se destacan en este cometido tres autores: Balzac, Cingria y Faulkner - el mayor de todos -, quienes lograron hacer legible el enigma de la literatura a través de las figuras de un tiempo narrativo mundano y a su vez ultramundano, de la figura evocadora de una bailarina alegre - con su correspondiente cuerpo de palo-, o del enorme poder entronizador del texto literario respecto de su respectivo autor o padre, concebido a su vez como un auténtico cuerpo del rey.
Para concluir una reflexión crítica. Pierre Michon nos hace reflexionar sobre los numerosos enigmas que rodean a la creación literaria, tanto desde el punto de vista antropológico-cultural como sociológico, sin que al parecer haya decrecido la necesidad fabuladora de crear mundos literarios ficticios. Los críticos literarios han polemizado a este respecto sobre si la expresión cuerpos del rey se trataría de una metáfora o una simple metonimia, según se diga de o del, cosa que en efecto no ocurre en la versión original francesa, con la consiguiente rebaja en las pretensiones metateóricas de las reflexiones ahora propuestas. En mi opinión, los análisis de Pierre Michon se sitúan en el ámbito de la simple metonimia y no otorgan a este tipo de expresiones un uso metafórico principal - ¿realmente puede Faulkner ser el rey? - respecto del cual se pudieran jerarquizar la gran variedad de sentidos y usos metonímicos o metafóricos, como en cambio sucede en Blumenberg o, más recientemente, en Harold Bloom o René Girard, por sólo citar a tres representantes muy caracterizados de la metaforología y teoría literaria contemporánea.
Carlos Ortiz de Landázuri

