Filosofía y Patrística en el período anteniceno. Un ensayo de orientación bibliográfica

por Manfred Svensson

I. Introducción

Que hay importantes textos filosóficos dentro de la literatura patrística es algo generalmente reconocido, si bien dicho reconocimiento se suele limitar a figuras tardías como san Agustín. Y si se limita el legado filosófico de la patrística a Agustín, un ensayo de orientación bibliográfica se vuelve casi superfluo, pues precisamente sobre un autor como Agustín sobreabundan esa clase de ensayos, boletines bibliográficos, traducciones y nuevas ediciones. La necesidad de un ensayo de orientación bibliográfica nace pues del hecho de que hay una gran cantidad de textos tempranos, en autores que no tienen un espíritu tan dominantemente filosófico como Agustín, y que por tanto nos han dejado sus reflexiones filosóficas en obras cuyos títulos ciertamente no nos permiten sospechar que lo que encontraremos en ellas es filosofía. Y para encontrar dichas obras, una breve orientación puede ser útil. Intentaré pues aquí una orientación limitada a las fuentes, sin referencia alguna a literatura secundaria, y limitándome además al período anterior al Concilio de Nicea. Me concentro en referir a la respectiva edición crítica así como a la traducción al español, o de no haberla a otras lenguas modernas. Debo aclarar asimismo que intento aquí ofrecer una orientación absolutamente básica: nada tiene el experto que buscar aquí; sólo espero que esto pueda servir a que quienes intentan iniciar una incursión en la literatura patrística, no pierdan tanto tiempo como he perdido yo.

Como caso ejemplar de la confusión que suele vivirse al buscar textos filosóficos entre los padres de la Iglesia podemos mencionar a Metodio de Olimpo. Éste nos ha legado un Simposio que, tal como el platónico, versa sobre el amor. Un bello tratado doctrinal, cuyos protagonistas no son los amigos de Sócrates, sino un conjunto de vírgenes cristianas, con sus distintos elogios al amor. ¿Pero cómo llegar a este texto? Quien busque leerlo en nuestra lengua se encontrará con ciertas dificultades. En primer lugar, porque su única traducción se encuentra dentro de un tomo de la BAC que no hace referencia alguna a Metodio ni al Simposio, sino que lleva el sencillo título de Las Vírgenes Cristianas – una antología de textos patrísticos sobre la virginidad. No es el primer lugar en el que uno buscaría una obra filosófica... Pero la dificultad aumenta al enterarnos en la introducción del hecho de que la traducción es parcial: han sido mutilados los estorbos doctrinales y filosóficos, los cuales interrumpen excesivamente los discursos sobre la virginidad, que es lo que interesa al editor. Llegados a este punto conviene, como muchas veces convendrá, resignarse a buscar una traducción a otra lengua. En este caso el texto crítico se encuentra en el volumen 95 Sources Chrétiennes, junto a traducción francesa; el editor del texto crítico, H. Musurillo, ha además traducido la obra al inglés, bajo el título de The Symposium, en el volumen 27 de la colección Ancient Christian Writers. Pero no todos los textos son tan difíciles de localizar, no hay que desesperar. Pasemos pues a ver con cierto orden los restantes autores que nos interesan.


II. La diatriba antifilosófica


Conviene eliminar de nuestras mentes la idea de que entre los primeros autores cristianos se encuentre una valoración positiva de los elementos centrales de la tradición filosófica, como si el espíritu alejandrino hubiera estado presente desde un comienzo. Por el contrario, los primeros textos cristianos en relación a la filosofía son de carácter casi exclusivamente polémico. Es más, incluso se podría hablar de una polémica vulgar: los autores en cuestión no parecen conocer la filosofía pagana de primera mano, sino a través de material doxográfico. Y su objetivo principal es llamar la atención sobre las “contradicciones de los filósofos”. ¿Tiene relevancia este material polémico para la filosofía? Creo que sí, en dos sentidos.

El primero de estos sentidos es que dicha primera reacción polémica serviría como una suerte de “valla de protección”. Demostraría que no era posible para los cristianos una simple “toma de posesión” de la filosofía pagana, sino que había que superar conflictos importantes entre el cristianismo y el paganismo antes de que se pudiera dar una síntesis fructífera. De los autores que han compuesto esta clase de diatribas conservamos dos textos importantes: el “Discurso a los griegos”, de Taciano y el “Escarnio” de Hermias. Para Taciano el texto crítico se encuentra junto a traducción inglesa en Tatian. Oratio ad Graecos (ed. Whittaker, 1982), y para Hermias junto a traducción francesa en Sources Chrétiennes 388. Traducción al español se encuentra de ambos en la edición de Padres Apologistas Griegos de la BAC.

Un segundo sentido en que esta posición antifilosófica ha sido útil es el sencillo hecho de que ha sido una de las maneras en que se ha conservado material doxográfico relevante. Para ello era necesaria sin embargo una preocupación por la filosofía que fuera un poco más sutil que la de Taciano o Hermias, aunque siguiera siendo exclusivamente polémica. Dicha preocupación polémica pero sutil la encontramos cuando entre los padres aparece la idea de que los filósofos son los padres intelectuales de los herejes. De ser esto así, deben por supuesto ser atacados, pero con mayor detención. El mejor representante de esta tradición de exposición de la filosofía como “genealogía de la herejía” es Hipólito de Roma, y a él debemos en consecuencia uno de los textos doxográficos más relevantes de la Antigüedad, sus Philosophoumena, que constituyen una excelente introducción a lo que es la historia de la filosofía para un eclesiástico de la época. Texto crítico editado por Marcovich: Refutatio omnium haeresium en la serie Patristische Texte und Studien, volumen 25. Hasta donde puedo ver, no hay traducción al español. Al alemán en la Bibliothek der Kirchenväter, volumen 40.

Dentro de esta misma tradición, en cierto sentido antifilosófica, pero en la cual encontramos mucha reflexión valiosa, se suele ubicar también a Tertuliano. Esto sin embargo debe ser hecho siempre que se tome cum grano salis. Pues si bien hay mucha afirmación en Tertuliano que parece derechamente irracionalista, esto debe ser manejado con el mismo grado de escepticismo con que vemos el presunto irracionalismo, por ejemplo, de Kierkegaard, el Tertuliano del siglo XIX. Pues la obra de Tertuliano no sólo contiene polémica contra la filosofía pagana, sino intentos conscientes de responder filosóficamente a la filosofía pagana. Con ello Tertuliano se encuentra a una distancia ya considerable de un Taciano o un Hermias. El texto en que esta tendencia de Tertuliano se hace más visible es indudablemente su de anima, que constituye en cierto sentido una primera cumbre en lo que a relación entre filosofía y patrística se refiere. La edición del texto latino de Waszink, acompañada de comentario inglés, es excelente. Una traducción del mismo Waszink al alemán (Tertullian. Über die Seele) incluye los restantes tratados sobre el alma: el de testimonio animae y de censu animae. Sobre ningún escritor eclesiástico de los primeros siglos hay un sitio de internet tan bueno como sobre Tertuliano: www.tertullian.org Ahí se encuentra adecuada información sobre otras obras y traducciones.

III. La apología moderada

De modo paralelo a lo que hemos resumido bajo “la diatriba antifilosófica”, encontramos un conjunto de apologetas más moderados. Autores que utilizan la filosofía de modo positivo en la defensa de la fe, pero sin ser ellos mismos propiamente filósofos. Entre estos habría que nombrar a Atenágoras, a Justino y a Lactancio. A Justino Mártir conviene mencionarlo no sólo por su doctrina del logos, tal como la expone en sus dos apologías, sino quizás en igual medida por el relato autobiográfico que encontramos al comienzo del Diálogo con Trifón, el cual nos dice mucho sobre la relación entre la búsqueda religiosa y la búsqueda filosófica en dicho período. Para Atenágoras y Justino véase las ya mencionadas ediciones de Padres Apologistas Griegos. Lactancio en tanto da cuenta del hecho de que al comenzar el siglo III la crítica al cristianismo es filosófica y literariamente más elevada, requiriendo asimismo una respuesta más elevada –la del Cicerón cristiano. Ante todo los primeros libros de las Instituciones Divinas son de interés filosófico. Texto latino en CSEL 19. Traducción española de E. Sánchez Salor, Lactancio. Instituciones Divinas. 2 vols., Gredos, Madrid, 1990.

Ahora bien, si consideramos como característica de este grupo una defensa del cristianismo utilizando la filosofía, sin ser los autores propiamente filósofos, pero sí sabiendo apelar a la “filosofía popular” de la época, indudablemente su mejor representante es Minucio Félix, con su obra Octavio (traducción española en Ciudad Nueva; texto crítico latino por Kytzler, 1992). El hecho de que Minucio Félix sea mucho más desconocido que, por ejemplo, Justino Mártir, debe ser atribuido al sencillo hecho de que su obra carece de contenido teológico relevante. De hecho, el cristianismo se encuentra en cierto sentido exclusivamente en el trasfondo de la misma, mientras que predomina la discusión a nivel de filosofía popular. De este modo, ha recibido escasa atención entre los patrólogos de orientación más teológica. Es uno de los ejemplos más notorios de lo que ocurre por el hecho de ser la patrística tratada con cierta exclusividad por teólogos y filólogos, siendo generalmente descuidada por la filosofía.

IV. El espíritu alejandrino

En el Octavio ya tenemos una obra que se caracteriza por utilizar sin complejo alguno la filosofía en servicio del cristianismo: “los derrotó con sus propias armas, los dardos de los filósofos”, exclama una de las dramatis personae. Eso ya es base suficiente para pasar a la siguiente etapa: la escuela de Alejandría. En efecto, Clemente de Alejandría será el primero entre los padres de la Iglesia en tener una formación filosófica propia, no dependiente de colecciones doxográficas, sino de un conocimiento de primera mano de la tradición filosófica y literaria clásica. Afortunadamente, a su obra tenemos buen acceso: edición bilingue del Pedagogo y de los Stromata (4 vols.) en la colección Fuentes Patrísticas de Ciudad Nueva. El Protréptico en cambio se encuentra en Gredos, 1994.

De su sucesor, Orígenes, un espíritu más independiente aún, hay que nombrar ante todo el Tratado de los Principios. Edición española hay en editorial CLIE – otra en preparación en EUNSA. Edición crítica consistente en texto latino, fragmentos griegos y traducción alemana, en la edición de Karpp y Görgemanns, Darmstadt 1976. De la obra Contra Celso hay traducción española en la BAC, y excelente traducción inglesa con comentarios de H. Chadwick, 1965. Texto crítico en Sources Chrétiennes vols. 132, 136, 147, 150 y 227. Además suelen tener relevante contenido filosófico sus explicaciones alegóricas del Antiguo Testamento, de las cuales se puede encontrar en Ciudad Nueva las correspondientes al Génesis, Éxodo y Cantar de los Cantares.

Un discurso de agradecimiento a Orígenes, por parte de su discípulo Gregorio Taumaturgo, nos da una buena muestra de lo que era la preparación filosófica ofrecida por éste. Texto crítico en Sources Chrétiennes 148, traducción española en Ciudad Nueva. De otro gran discípulo de Orígenes, Dionisio de Alejandría, conservamos importantes fragmentos de un Tratado sobre la Naturaleza, un tratado ante todo marcadamente antiepicúreo, desde fundamentos platónicos y estoicos. Edición inglesa por Feltoe, St. Dionysius of Alexandria. Letters and Treatises.

Sería sin embargo erróneo creer que el neoplatonismo cristiano giró completamente en torno a la figura de Orígenes, su maestro y sus discípulos. Uno de sus principales representantes fue Metodio, pero como opositor radical de Orígenes. La mayor parte de su obra se perdió. Conservados y filosóficamente relevantes son dos diálogos: El Simposio, al que ya hemos hecho referencia y, más fragmentariamente, el diálogo Sobre el Libre Albedrío. Texto crítico eslavo, traducción griega y francesa en Patrologia Orientalis 22,5. Trad. alemana por Bonwetsch, 1891.

Con esto ya podemos dar por acabado el periodo anteniceno. Tras dicho Concilio la literatura filosófica por parte de autores cristianos aumentará de modo muy significativo. Pero creo que la mención de los textos antenicenos basta para hacerse una idea no sólo de cuánto material relevante hay, sino también para hacer notar que los textos teológicamente más relevantes no son siempre los filosóficamente más relevantes