Filosofía de la mente
Polo, Leonardo, Leonardo, Curso de psicología general, Colección filosófica, nº 208, EUNSA, Pamplona2009; 359 pp.
01 de November de 2009. 07:22 nachm.
Este libro nos ofrece un curso de psicología impartido por Leonardo Polo durante un semestre del año académico 1975-76 en la universidad de Navarra (p. 11).
Dentro de la edición, no ya de obras inéditas, sino de cursos transcritos, impartidos por Leonardo Polo, hay que agradecer a la universidad de Navarra la edición de este curso.
Se trata de un curso que cuestiona el estatuto científico de la psicología contemporánea, en contraste con la doctrina clásica sobre la psicología como estudio de la vida. Para establecer esta problemática el autor establece, considera y discute la noción de lo psíquico, eventual objeto de la psicología moderna; y muestra su constitución equívoca, por comparación con la doctrina clásica de la heterogeneidad de movimientos, y mediante la discusión de la moderna noción de espontaneidad.
El libro se anuncia incompleto: sobre un programa de cinco apartados, sólo se trata de tres de ellos. Importa a esta obra, más que al desarrollo del pensamiento del autor; que ha tratado de esos puntos omitidos en otra obra de reciente aparición: sus Lecciones de psicología clásica (Eunsa, Pamplona 2009) Pero el examen de los tres apartados en que se divide el programa resulta muy interesante, y suficiente en sí mismo.
Esos tres apartados son: a) el tema de lo psíquico, y su configuración en el pensamiento moderno; b) el estatuto científico de la psicología: como estudio de una clase de movimientos, los vitales, suficientemente distintos de los movimientos físicos; y c) las operaciones del viviente, que han de distinguirse, como acciones vitales, de los movimientos físicos y procesos espontáneos.
Puedo dar fe, como alumno que oí a Leonardo Polo este curso, sólo que un año después (en el curso 1976-77, en el que recibimos abundantes fotocopias impresas de los textos elaborados el año anterior) de que este curso reproduce fielmente cuanto don Leonardo enseñaba por aquél entonces; he recordado al leer este libro incluso expresiones literales de aquel curso. Y, quizá, leyéndolo hoy, percibo la profundidad del texto, de la que entonces no me apercibí enteramente. La discusión de lo psíquico es efectivamente oportuna, y merece la pena.
Algunas partes del libro están más desarrolladas de lo que yo recuerdo. Concretamente, el estudio de Hegel en el primer capítulo pareciera corregido, modificado o adaptado al tratamiento de la estructura lógica del sistema hegeliano (p. 57) que Polo publicó años después (Hegel y el posthegelianismo, 1985); incluso la notación con que simboliza la dialéctica hegeliana es más afín a esa obra que a las de la época (El hombre en nuestra situación, 1979). También el problema de la facticidad en la dialéctica (pp. 124 ss) está aquí incluso mejor tratado que en el citado libro sobre Hegel. Por ello pienso que esta parte del libro ha sido corregida sobre su versión original. Pero la exposición de Kierkegaard la recuerdo muy bien, y es la de aquella época; que completa la publicada en el libro sobre Hegel. Así como también las de Marx y Freud; ésta última está en este libro mejor expuesta y discutida que en Nietzsche, un pensador de dualidades (Eunsa, Pamplona 2005).
La discusión de la mecánica de Newton, en cambio, que es muy notable, pienso que incluso está algo recortada respecto de las fotocopias que Polo nos entregó por aquel entonces. Pero en el conjunto del libro adquieren el sentido e importancia que tienen en el tratamiento que Polo les dió, orientado a la consideración de la psicología como ciencia.
Hechas estas observaciones, de carácter histórico, hay que decir que el libro, tomado como un todo y prescindiendo de estas observaciones laterales, en cuanto a su génesis y sentido, es una gran obra sobre el estatus de la psicología actual. Las raíces de ésta son discutidas y engarzadas en los presupuestos de las que nacen. Se sugieren perspectivas muy oportunas en nuestro momento presente. Y se examinan los contextos de las actuales doctrinas con un amplio sentido integral. A nadie puede dejar frío la lectura de este ambicioso texto.
Ciertamente, hay alguna complejidad teórica y lingüística, seguramente correspondiente con la temática; y una profunda dificultad en la contextualización que Polo propone de la actual psicología, nacida de la idea de espontaneidad forjada en la crisis de la escolástica y el nominalismo. Pero nada de ello mitiga la grata sensación que produce la lectura del texto, pleno de ideas y sugerencias; y de discusión de nociones profundas.
Para los historiadores de la filosofía contemporánea, como para los teóricos de la psicología, y para los filósofos en general, la lectura de este curso es muy recomendable, por no decir imprescindible.
La introducción, de José Ignacio Murillo, es tan erudita como oportuna; para encuadrar la exposición poliana en el contexto de la discusión sobre la cientificidad de la psicología sostenida en el siglo XX.
Sanguinetti, Juan José, Filosofía de la mente. Un enfoque ontológico y antropológico, Colección Albatros, nº 13, Palabra, Madrid 2007; 363 pp.
28 de März de 2009. 07:16 nachm.
La filosofía de la mente se ocupa de la naturaleza de los estados mentales, de sus afectos y de sus causas. Ocupa un lugar central la cuestión del comportamiento de los estados mentales y físicos además de las cuestiones ontológicas sobre la naturaleza de los mismos. Estudia cuestiones epistemológicas en torno a la cognoscibilidad de la mente.
Así pues este libro trata dicho tema desde una perspectiva atenta a las corrientes actuales del pensamiento y sobre una base antropológica personalista.
El autor parte explicando cómo a la vez que se da la dualidad cuerpo-mente en nosotros, gozamos de “identidad”, unidad de persona. Emplea ejemplos del tipo el hilemorfismo aristotélico o del platonismo para explicar su teoría.
Tras esta introducción comienza tratando la dualidad cuerpo-mente desde distintas posiciones filosóficas. De ahí pasará luego a centrarse en el cuerpo llegando de nuevo a la conclusión de que el comportamiento humano, la conducta, es la praxis. Praxis como distinto a teoría.
Una vez tratado el cuerpo llega a la mente en un capítulo titulado “la inteligencia humana” en el que desarrolla una serie de características de la misma tales como la potencia ontológica, la capacidad contemplativa desinteresada, la trascendencia cognitiva sobre la corporeidad…
Pero aquí se retorna de nuevo a la demostración de lo que sostuvo al principio la dualidad pero en la identidad. Para que sean posibles tales funciones intelectuales es indispensable la presencia material del cerebro.
Y finalmente dentro de ese mismo tema abandona la dicotomía que había hecho hasta el momento entre mente y cuerpo y habla por fin de identidad.
Por lo que respecta a los siguientes capítulos abandona ya el tema de la distinción e integración ontológica entre las operaciones psíquicas y los actos orgánicos para afrontar la cuestión causal (que en cierto modo ya ha sido anticipada con el desarrollo de la inteligencia).
Habla desde la causalidad dualista alma-cuerpo de Platón, pasando por el dualismo cartesiano (en el que la cuestión se reduce al impulso que el espíritu consciente debería comunicar a un trozo de materia -el impulso sería lo misterioso, casual-), los materialistas (causalidad material), hasta llegar a los funcionalistas (repusieron el antiguo dualismo en términos funcionales).
La dualidad es ahora abordada desde la perspectiva animal. Al igual que en los humanos el sentimiento nace de una causalidad del ámbito psíquico superior, lo mismo cabe decir de los animales en la medida en que ellos experimentan emociones positivas cara a los bienes concretos pertenecientes a su ámbito intencional.
La teoría tomista de la voluntad dice que ésta mueve directamente la capacidad intelectual y las potencias cognitivas sensitivas, y mueve las fuerzas locomotivas del cuerpo en la medida en que estas son controladas por la sensibilidad. El dominio racional se ejerce bajo el control inmediato de las fuerzas sensitivas motrices. Pero Santo Tomás de Aquino ignora la relación neurológica entre la emotividad y la motricidad (que él atribuye a la razón siguiendo la tradición aristotélica).
La deliberación es un proceso al que sigue la decisión en un espacio de libertad ofrecido por la inteligencia. A este poder se le denomina voluntad. Esto ha sido desembocado por el amor a un bien y tiene como finalidad la acción.
Las decisiones, que nacen de la experiencia, son libres. Pero se plantean algunas dificultades como que no podemos elegir cualquier cosa, cual ser omnipotente, que se hayan de aceptar las circunstancias impuestas y por supuesto la libertad electiva sigue una lógica, una física y una moral (dependiendo de qué cosas nos muevan a actuar). Por último la voluntad muchas veces vicia los intereses voluntarios.
Plantea el problema de la conexión entre la decisión humana y los comandos motores respectivos. Ciertos experimentos indicaron que el movimiento voluntario comenzaba levemente antes de que el sujeto indicara su decisión consciente de mover los miembros de su cuerpo (Libet). Concluye que la voluntad se encarna en la afectividad superior y en sus sedes cerebrales y a tal afectividad le compete la tarea de producir los comandos motores voluntarios.
Sanguineti habla a continuación de la intersubjetividad. Defiende que nuestra conducta es guiada y en cierto modo activada por la “mente de los otros” y no sólo por nuestra propia mente.
Dedica un capítulo entero a la inteligencia animal. Se explica la importancia que han tenido a lo largo de la historia y finalmente que el hombre es un animal pero dotado de razón, y por ello superior completamente al reino zoológico. La praxis intelectual animal se refleja en que son capaces de resolver problemas imprevistos a nivel de especie, de elaborar utensilios (para la construcción de nidos y madrigueras por ejemplo), en la comunicación mediante señales y en las relaciones sociales.
Los animales son capaces de reconocer estructuras perceptivas en continuidad espacio temporal en la medida en que se familiarizan con ellas, es decir, son capaces de aprender ciertas cosas. También es importante en la vida animal el ambiente social e intersubjetivo entre los de la misma o distinta especie. Por último la propia conciencia es el reconocimiento de su propia existencia que al igual que los seres humanos ellos también lo tienen. Pero no es autoconciencia en el sentido fuerte, sino que perciben su propio cuerpo, no reflexionan sobre sí mismo como sujeto existente.
Continuará hablando del lenguaje en los animales. En primer lugar éste puede crear conexiones distintas a las que pretendía en su origen, se pueden enseñar ciertos sistemas de símbolos a los animales, esto demuestra primeramente la inteligencia y en segundo lugar la riqueza de una vida intencional, cognitiva, emotiva y comunicativa pre-racional.
En el último capítulo llamado tecnología de la inteligencia viene a hablar de la ontología de los objetos artificiales y en concreto de la informática.
En cuanto al autor y a esta obra cabe decir que se aprecia que ha estudiado sobre la materia y en especial sobre el conocimiento. Por ello el texto no es accesible a cualquier clase de lector, o al menos se hace más comprensible su lectura y más fructuosa para alguien con algunos conocimientos de la materia. Es más el lenguaje que emplea denota estas cosas.
Por lo que respecta a la organización del texto, es bastante adecuada y facilita en buen grado su comprensión. La división por párrafos, los títulos, la cursiva y la negrita, y los esquemas numerados muestran su claridad de ideas y su pretensión de llegar al receptor.
La lectura de este manual me ha resultado provechosa pues aporta ciertas nociones claras ontológicas y antropológicas sobre la conducta humana desde la perspectiva cuerpo-mente. Todo esto a pesar de haber tenido alguna dificultad debido a mis mínimos conocimientos de filosofía.
María Patiño
De la explicación de la conciencia a la confesión de su carácter mistérico. De Dennett a Searle
07 de Juli de 2008. 09:06 nachm.

Daniel Dennett intento explayar qué sea eso que llamamos conciencia. John Searle le replicó confesando que tal análisis no conducía a ideas claras y distintas, sino a tenérselas que ver con un misterio, ante el que los argumentos callan, y las voces de Dennett, Chalmers o Searle, Crick, Edelman, Penrose o Rosenfiel, enmudecen. Para explicar este desconcierto ante la conciencia, Searle expuso sus argumentos en el primer capítulo de "El misterio de la conciencia" Paidós. Los restantes capítulos, y las conclusiones del libro, están formados por las reseñas que el mismo Searle escribió para "The New York review of books". En ellas estudiaba el tratamiento que daban a la conciencia el resto de los autores que hemos citado. En cualquier caso, el compendio más completo que conozco de la crítica de Searle a Dennett es la que ofrece Carlos Ortiz de Landázuri en philosophybooks. Pedro Jorge Romero realizó una reseña de "El misterio de la conciencia" para "El archivo Nessus" en las que se deja sentir su formación como físico y literato.
De Dennett ya hemos hablado, conviene hacerlo ahora respecto a Searle.Quizá su mérito más relevante sea la rehabilitación de la teoría de la intencionalidad frente a Dennett. Searle recupera parte de la teoría forjada por Elisabeth Ascombe, aunque recorta el alcance de la intencionalidad. Como señala Carlos Ortiz de Landázuri, Searle defiende su propuesta desde una epistemología naturalizada que no admite la referencia a entidades metafísicas ajenas a los propios procesos ahora analizados, como en este caso sucede con el cerebro y la mente. En su opinión, "el uso meramente metafórico de la noción de intencionalidad permite mostrar como los fenómenos naturales está abiertos a diversos niveles de inteligibilidad, incluyendo una referencia a una mente capaz de comprenderlos, sin que la aparición de la conciencia pueda verse como una anomalía en el funcionamiento del universo, como ahora pretende el materilaismo eliminativo de Dennett".
Searle se sitúa ante el misterio por no reconocer ningún punto ajeno al debate entre el materialismo de Dennett o el dualismo en el que, a su juicio, incurre toda postura metafísica. Intentando desmarcarse de los enfoques metafísicos, Searle afirma que i) el enfoque que adopta ante la mente es biológico, ii) que la esencia de la mente es la conciencia, iii) que el funcionamiento de la conciencia es intencional.
Puede leer la reseña que a "Mind, language and society" escribió William Sheridan en InSite Reviews. La de Herbert Hubert. También le recomiendo el artículo de Alex Viskovatoff sobre la racionalidad y la realidad social según Searle, o el que Javier Monserrat escribió sobre la teoría de la conciencia de Searle. Incluso puede leer el libro de Searle entero en la red a través de "Questia"
Siga leyendo...
Daniel Dennett, su explicación heterofenomenológica de la conciencia, y el debate que provocó en la filosofía de la mente
28 de Juni de 2008. 12:13 nachm.

En 1991, Daniel C. Dennett publicó un libro verdaderamente impactante "Consciussness explained". Amén de ser un bestseller, los críticos y lectores de "The New York Times" lo eligieron como uno de los mejores libros escritos en tal año. No es frecuente que una síntesis filosófica entre psicología y neurociencia aune el rigor y la amenidad, y en ocasiones sea incluso divertida. Estos son meritos indudables de Dennett. En su producción filosófica, este libro marcaba la continuidad entre la crítica a Descartes llevada a cabo en "The Intentional Stance" (donde propone una alternativa a la idea de teatro cartesiano) y su produccion filosófica ulterior (las idas de "La conciencia explicada" serían proseguidas en "Darwin's Dangerous Idea").
El intenso debate suscitado por el libro de Dennett (en el ámbito sajón fue contestado por David Chalmers y Thomas Nagel) tuvo pronto su eco en España, donde la editorial Paidós se encargó de publicar la excelente traducción al castellano de Sergio Balari Ravera. Pronto el debate se trasladaría a nuestro ámbito académico, desde donde llegaría al mundo de los suplementos culturales y los artículos de opinión periodísticos, por ejemplo Josep Corbella glosaría el neodarwinismo de Dennett en "La Vanguardia".
Carlos Ortiz de Landázuri ha realizado una aguda crítica filosófica al planteamiento de Dennett que se puede condensar en que "Dennett presupone el recurso a un lenguaje en tercera persona, basado exclusivamente en la descripción objetiva y neutral de los “qualia” informativos neuronales, sin necesidad de postular la existencia de falsos “homúnculos”, o de fomentar actuaciones propias de “zombis”. Evidentemente ahora se concibe este lenguaje en tercera persona como un instrumenrto heurístico plenamente objetivo y absolutamente libre de supuestos, cuando no lo es. De hecho un lenguaje de este tipo debe seguir presuponiendo la referencia a una previa comunidad de científicos, o mas bien de neurocientíficos, o simplemente de hombres, así como a un posterior uso en común de unas previas estructuras lingüísticas, cibernéticas o simplemente algorítmicas, cuya justificación escapa ya totalmente a los procedimientos de prueba de la neurociencia. Evidentemente Dennett no ha prolongado este tipo de análisis sobre los presupuestos implícitos en el uso compartido de un lenguaje en tercera persona, estableciendo una disociación entre el lenguaje en primera y tercera persona, que posiblemente se pudiera haber evitado".
Siga leyendo...
Boden, Margaret A.; Mind as Machine. A History of Cognitive Science, Vol. I-II, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006, 700, 1631 pp.
30 de Juni de 2007. 06:36 nachm.
Margaret A. Boden en La mente como una máquina. Una historia de la ciencia cognitiva, ha reconstruido las posibles aportaciones históricas de la inteligencia artificial a la descripción del peculiar paralelismo psicofísico existente entre la mente y el cerebro. En efecto, los desarrollos históricos de las ciencias cognitivas han permitido depurar las peculiares relaciones psicofísicas y psicosociales existentes entre la mente, el cerebro y las otras mentes de viejos conceptos subjetivistas ya superados. Se ha podido comprobar que tanto el paralelismo psicofísico como el psicosocial están a su vez condicionados por diversos procesos automáticos inconscientes, similares a los de la inteligencia artificial, pero también por otras formas de racionalidad compartida meramente convencional, que a su vez lo hacen posible. Hasta el punto de otorgar a este doble paralelismo un peculiar carácter real-virtual, que a su vez vendría condicionado por los desarrollos históricos de la inteligencia artificial y de las ciencias cognitivas, sin hacerlo depender ya exclusivamente de los criterios meramente empíricos a los que se recurre en experimentos mentales y a su vez cruciales de la neurociencia.
Las ciencias cognitivas se conciben así al modo de una metaciencia capaz de reconstruir el peculiar paralelismo real-virtual que ahora debe postularse entre la mente, el cerebro y las otras mentes, sin reducirlo ya a un paralelismo psicofísico o psicosocial entre la mente y el cerebro o entre la mente y las otras mentes, cuando ambos se complementa recíprocamente entre sí. De este modo a lo largo de la historia reciente la neurociencia, junto a otros saberes, como la inteligencia artificial, la antropología cultural o la lingüística, habría entrado a formar parte de las ciencias cognitivas, consiguiendo una separación cada vez más clara entre dos aspectos: por un lado, los mecanismos automáticos de explicación inconsciente, que ahora podrían ser objeto de los análisis de la inteligencia artificial; y por otro, los procedimientos de racionalidad compartida que habrían hecho posible el logro de una comprensión recíproca más plena, dando así entrada a un conjunto de especialidades aún más abiertas y pluralistas. Sólo así se pudieron hacer compatibles los mecanismos automáticos de la inteligencia artificial con el libre ejercicio de la capacidad arbitrio por parte de estas otras formas de racionalidad compartida, extrapolando sus conclusiones para la humanidad en su conjunto, y dejando a su vez un margen de indeterminación a la responsabilidad ética.
Según Boden, a lo largo de la historia del pensamiento ha habido tres posturas acerca de las relaciones entre la mente, el cerebro y las otras mentes, a saber: a) el dualismo psicofísico cartesiano, también seguido por Popper, Eccles, Searle o numerosos teóricos de la ciencia; hicieron depender las relaciones psicosociales del predominio decisionista otorgado al espíritu sobre la inteligencia meramente mecánica, inconsciente o simplemente artificial atribuida al cerebro, ya sea de un modo directo, o a través de una serie en cascada de estructuras lingüísticas automatizadas, como ahora también se critica a Chomsky (p. 627 y ss.); b) el conexionismo behaviorista humeano, seguido también por Russell, Skinner, o numerosos postmodernistas; se hizo depender el paralelismo psicofísico de una red inconsciente de automatismos egoístas psicosociales conectados entre sí a través de una inteligencia artificial plenamente autosuficiente, postulando as su vez un claro reduccionismo materialista de la mente respecto del cerebro, como ahora también se critica a Libet (p. 396, 1218, 1223); c) las ciencias cognitivas localizan una tercera vía media entre las dos anteriores, postulando una complementariedad entre estos dos anteriores paralelismos psicofísico y psicosocial, ya se formulen desde un materialismo eliminativo aún más sofisticado, como ocurrió en Churland o Dennett o para justificar la posibilidad de un genio emergente efectivamente innovador, como ahora sucede en Boden, a saber: establecer un peculiar paralelismo real-virtual aún más autocrítico entre la mente, el cerebro y las otras mentes, que nos permita compartir una determinada reconstrucción racional de la inteligencia artificial, sin por ello negar los márgenes de indeterminación y de autonomía reguladora del libre arbitrio. Se reconoce así las necesidades reales insoslayables inherentes a estos automatismos inconscientes verdaderamente compartidos. Pero a la vez también se le otorga a la mente humana una racionalidad compartida, distinta de la física, y con mayores posibilidades virtuales de desarrollo autónomo, en la media que también dispone de unos experimentos mentales y a la vez cruciales capaz de garantizar sus márgenes de operatividad psicofísica y psicosocial en la realidad práctica. A este respecto ahora se destacan las importantes aportaciones que hicieron diversos científicos, instituciones y programas de investigación de Inteligencia artificial, a fin de justificar la reconstrucción intersubjetiva de este peculiar paralelismo real-virtual, fáctico-contrafáctico, psicofísico y psicosocial, existente entre la mente, el cerebro y las otras mentes, a pesar de que la mayoría tampoco se dedicaron específicamente a las ciencias cognitivas.
Para justificar estas conclusiones se dan 17 pasos: 1) Se sitúa el problema de la naturaleza de las ciencias cognitivas (Bruner, Miller); 2) El origen de la idea de la mente como una máquina (Descartes, Eccles, Searle, Chomsky); 3) Las máquinas anticipadoras retroactivas (Babbage, Thomson); 4) La necesidad de los automatismos mentales (Turing); 5) Los movimientos secesionistas (Hebb, Lashley); 6) La aparición de la ciencia cognitiva (Miller, Mandler, Bruner); 7) La aparición de la psicología computacional (Anderson, Crack, Montague); 8) La irrupción de la antropología cultural (Barkow); 9) La transformación de la lingüística (Chomsky); 10) La nueva generación de computadores (Wiener, McCulloch, Pitts); 11) Las aplicaciones bélicas (Michie, McCarthy, Vinograd); 12) La aparición del conexionismo (Feigenbaum, Hinton, Dreyfus); 13) La reacción del logicismo (Kowalski, Papera, Hinton); 14) El paso a la neurociencia computacional (Marr, Grossberg, Libet); 15) El giro biológico hacia la vida artificial (Maturana, Minsky); 16) La filosofía de la mente (Malcolm, Anscombe, Dennett, Fodor, Langton); 17) El futuro de las ciencias cognitivas (Mandler, Dyson, Rosen).
Para concluir una reflexión crítica. Boden concibe las ciencias cognitivas al modo de una metaciencia filosófica capaz de valorar el papel desempeñado en cada caso por estos automatismos inconscientes y estas formas de racionalidad compartida, extrapolando los respectivos márgenes de libertad para la humanidad en su conjunto. Sin embargo aquí surge el problema. ¿Hasta qué punto este tipo de propuestas recuperan un tipo de cuestiones más propias de las ciencias del espíritu, traspasando el ámbito propio de las ciencias cognitivas, debiéndose abordar desde un enfoque estritamente transcendental?
Carlos Ortiz de Landázuri

