Lógica
Vorobej, Mark; A Theory of Argument, Cambridge University, Cambridge, 2006, 324 pp.
02 de Dezember de 2007. 06:47 nachm.
Una teoría de los argumentos pretende evitar la aparición de los tradicionales sofismas mediante un análisis más exhaustivo de los mecanismos de persuasión del discurso racional, sin recurrir solamente a estrategias de tipo lógico. A este respecto Mark Vorobej comparte el fundacionalismo subjetivo propuesto por Richard Forley en 1987 en Teoría de la racionalidad epistémico. Allí se admitió de un modo programáticamente ingenuo la posible racionalidad de una creencia si después de reflexionar sobre ella en un determinado contexto se alcanza un convencimiento estable acerca de su posible validez. Evidentemente el fundacionalismo subjetivo no pretende ser ingenuo respecto al cumplimiento de los requisitos formales exigidos a este respecto por la lógica o la metodología científica. Sin embargo se acepta la ingenuidad de otorgar al llamado ‘autor’ del argumento la capacidad de valorar el grado de incidencia de los condicionantes colaterales en los argumentos persuasivos, aún a riego de confiar excesivamente en sus propias capacidades. El fundacionalismo subjetivo pretende así recuperar para la argumentación discursiva un tipo de razonamiento habitualmente considerado sofístico, pero que si efectivamente el autor de la argumentación ha llevado a cabo los controles pertinentes, se podría terminar considerando válido en atención de las circunstancias y de las pruebas aportadas. Hasta el punto de que, si se cree conveniente, se podría ampliar la validez otorgada a una argumentación persuasiva respecto de aquellos ámbitos que la propia lógica deja al uso discrecional de los afectados, sin dejarlos en una situación de permanente indefinición. De ahí la necesidad de someter estos ámbitos de indeterminación lógico-formal y de aquellos otros posibles factores metodológicos de riesgo contextual a un control discursivo verdaderamente compartido, a fin de garantizar el grado de validez atribuido en cada caso a una determinada creencia estable.
El fundacionalismo subjetivo distingue a este respecto dos niveles de análisis, acompañados ahora de más de 400 ejercicios de tipo práctico: la macroestructura determina los factores contextuales que inciden en la adquisición de una creencia estable, destacando tres aspectos: a) la peculiar naturaleza contextual de las argumentaciones (especialmente dos factores: las audiencias y la claridad expositiva); b) los requisitos para congeniar o no congeniar respecto de la aceptación estable de una creencia (especialmente los criterios para localizar un mal acuerdo o un buen desacuerdo); c) los criterios de normalización lógica y metodológica (especialmente la valoración de la validez y del relieve de un contrargumento). Por su parte la microestructura analiza los criterios usados por el autor de un argumento para justificar la estabilidad de sus creencias, destacando tres aspectos: a) los criterios de convergencia compartida (especialmente los diagramas modales o generales del discurso, las premisas charca o simples interrupciones, la concesiones de estilo o meramente caritativas, los diagramas colaterales o rodeos en falso); b) la concatenación argumental (especialmente las opciones estructurales, la vulnerabilidad absoluta y relativa, las ilustraciones o ejemplos); y c), finalmente, las estrategias supletorias de convalidación argumental (especialmente los argumentos híbridos respecto de la ambigüedad estructural, las confusiones epistémicas, los malentendidos morales o lingüísticos y los diversos grados de ignorancia).
Para concluir una reflexión crítica. La fundamentación subjetivista de Vorojeb se legitima en virtud del mismo tipo de creencias estables que trata de fundamentar, sin conseguir evitar el circulo hermenéutico en si mismo vicioso que genera este tipo de propuestas donde la valoración última de una creencia estable siempre queda en manos del propio ‘autor’ de la argumentación, se siguen valorando según criterios meramente subjetivos, y se termina defendiendo una resolución unilateral de las diversas situaciones de indeterminación originadas por la lógica o la metodología. Sin duda lo que habitualmente ocurre, pero posiblemente se podría esperar algo más de una autoproclamada argumentación crítica.
Carlos Ortiz de Landázuri
Mares, Edwin D.; Relevant logic. A Philosophical Interpretation, Cambridge University, Cambridge, 2006, 225 pp.
02 de Dezember de 2007. 06:47 nachm.
Edwin D. Mares concibe la lógica de la relevancia como un rasgo bipolar que permite justificar la consistencia del condicional material y las inevitables exclusiones que a su vez genera. En su opinión, la relevancia se concibe como una relación inversa a la consistencia que, sin embargo, se complementan entre sí. En efecto, una implicación resulta relevante si efectivamente el antecedente mantiene unas relaciones formales respecto del consecuente, de modo que la afirmación de uno conlleva la del otro, aunque puedan surgir situaciones de aplicación ambigua o en sí misma paradójica. En cambio, una implicación es consistente si efectivamente se establece una relación disyuntiva entre la negación del antecedente y la afirmación del consecuente, pudiendo hacer una aplicación estricta del principio de tercer excluido y del principio de bivalencia, aunque también en este caso pueden surgir casos límite o excepciones de aplicación ambigua o simplemente paradójica.
Por su parte el proyecto ‘Nueva fundamentación a partir de elementos originarios’ de Aczel, Barwise, Moss y Perry, también puso de manifiesto relaciones de complementariedad similares que ahora se establecen entre los sistemas formales y sus respectivas bases de aplicación. Se pudo así atribuir a la base de aplicación un grado de relevancia cuando efectivamente se pueda establecer una relación de implicación estricta o entroncamiento (‘entailment’) respecto al sistema axiomático resultante. En cambio se podrá justificar la consistencia de un sistema formal cuando efectivamente se excluyan de su respectiva base de aplicación todas las clases realmente incompatibles. Evidentemente en estos casos se establece una clara separación entre la formalización de la base de aplicación, siguiendo las reglas de la así llamada deducción natural, respecto a la posterior formalización del correspondiente sistema axiomático, siguiendo la correspondiente lógica de la relevancia, tratando a su vez de establecer una relación de complementariedad entre ambas.
De todos modos este proyecto aceptó la posibilidad de clases no bien formadas – o con capacidad de formar parte de sí mismas – (Aczel), admitiendo a su vez la posibilidad de contrarrestar las situaciones paradójicas que a su vez generan. Se localizaron así distintas relaciones de relevancia y consistencia, comprobando a su vez hasta que punto es posible superar de este modo las paradojas a las que da lugar el condicional material y las subsiguientes relaciones de buena consecuencia lógica. Se pudo fomentar así un tipo de actitudes compartidas que permitieron detectar diversos grados de relevancia y de consistencia, como son la relevancia débil, fuerte o estricta; o la consistencia absoluta, relativa y la simple paraconsistencia, a fin de contrarrestar este tipo de situaciones paradójicas, ya vengan generadas por la regla del condicional material o de la buena consecuencia lógica. Por ejemplo, la justificación de un tipo de relevancia en sentido fuerte debería permitir justificar un tipo de actitudes compartidas que a su vez nos permitieran apreciar las situaciones paradójicas así generadas, tanto respecto de la justificación de los presupuestos de los que depende, como respecto de las implicaciones que a su vez generan. En cualquier caso, ni la relevancia ni la consistencia son propiedades absolutas, sino que admiten grados, como ahora sucede con la relevancia débil, fuerte y estricta, o con la consistencia absoluta, relativa y la paraconsistencia, estableciendo entre ellas unas relaciones de orden inverso, de modo que el logro de una máxima relevancia conlleva una perdida de consistencia, y viceversa.
De todos modos desde otras tradiciones filosóficas también se formularon otras propuestas de lógica de la relevancia con resultados similares. Por ejemplo, Read y Garfield recurrieron a una teoría de la prueba de tipo ‘intuicionista’, que les exigió hacer un uso más restringido de la regla del silogismo disyuntivo y al principio de tercer excluido, sin poder ya justificar los mismos niveles de consistencia. Otros en cambio, y a diferencia de Aczel, sólo admitieron el recurso a clases bien fundadas, aunque ello les supuso tener que restringir aún más la noción de relevancia. En cualquier caso ahora se comparte el segundo teorema de Gödel, cuando se trató de sacar las consecuencias de la imposibilidad manifiesta de garantizar simultáneamente la consistencia, la decidibilidad y la completitud de un sistema formal. En su opinión, el hecho de otorgar una relevancia aritmética a las formalizaciones lógicas, debería ir unida a reconocimiento de la inevitable aparición de situaciones paradójicas, que hacían imposible la justificación de la completa consistencia de un sistema formal, aunque también sería posible contrarrestarlas, como ahora se pretende. Según Mares, sólo así se podría evitar la posterior aparición de las nuevas paradojas, aunque esto se consiga al precio de restringir la posible relevancia o consistencia alcanzada de una determinada base de aplicación respecto de su correspondiente sistema formal. En este contexto se analizan las polémicas acerca del sentido realista o antirrealista y meramente convencional que se debe otorgar a determinadas decisiones estratégicas aparentemente formales, pero que determinan los presupuestos de la lógica de la relevancia, dando por supuesto que en absoluto se trata de un problema trivial.
A este respecto la monografía se divide en tres partes y en doce capítulos. La primera parte, la lógica de la relevancia y su semántica, La primera parte, la lógica de la relevancia y su semántica, analiza tres tradiciones al respecto, a saber:
1) La lógica de la relevancia subyacente a la teoría de modelos de Tarski, que eludió estas paradojas de la implicación material mediante la previa fijación de aquellas condiciones de verificación, que a su vez permitirían garantizar el entroncamiento lógico de un sistema formal respecto a su correspondiente base de aplicación;
2) La lógica de la relevancia de Michael Dummett que justifica la consistencia del sistema formal mediante una teoría intuicionista de la prueba de tipo finitista y un modelo constructivista, que evita el recurso a decisiones injustificadas, o la aparición de círculos viciosos y procesos al infinito, pero restringe al máximo la posible relevancia matemática de la correspondiente base de aplicación;
3) La onto-semántica de Kripke, que distinguió entre el doble uso sintáctico y semántico de su teoría de los mundos posibles; se pudieron localizar así las actitudes lógicas compartidas que a su vez permiten contrarrestar las respectivas situaciones paradójicas así generadas, aunque al precio de contraponer la consistencia y la relevancia otorgada a un sistema formal y a su correspondiente base de aplicación. A partir de aquí se analiza un triple debate sobre la lógica de la relevancia:
4) La polémica metafísica sobre las interpretaciones realistas y anti-realistas de los compromisos ontológicos (Quine) y de los mundos posibles (Tarski), según la lógica de la relevancia puedan justificar o no la posible consistencia de las clases no bien fundadas (Aczel). A partir de aquí se cuestiona la posible entidad otorgada a estos mundos posibles y a los individuos que los componen; o las propiedades y las relaciones asignadas, según los objetos puedan permanecer a un solo mundo, a varios mundos, o a un submundo de estados de cosas bipolares; o según den lugar a situaciones de aplicación en sí mismas paradójicas, o también admitan una referencia a situaciones abstractas, válidas en todos los mundos posibles, como al menos sucede en los casos de necesidad metafísica y de legalidad científica; y según remitan a mundos paralelos, pero jerarquizados, o sólo a objetos abstractos referidos a estados de cosas desordenados o no jerarquizados (ersatzism); y según las proposiciones se remitan a una situación concreta, a un mundo posible abstracto o al conjunto de todos ellos;
5) La polémica acerca de la eliminación de las contradicciones por parte de las lógicas alternativas, según se atribuya al conectivo negación un grado de relevancia capaz de resolver las paradojas de la implicación material, dando lugar a dos posibilidades: o bien se utiliza la implicación material para expresar la compatibilidad de dos propiedades, como propone la lógica cuántica de Dunn; o se utiliza la negación para expresar una simple incompatibilidad situacional, sin poderse ya tomar la negación como una incompatibilidad absoluta, como ya hizo notar Platón. Hasta el punto que ahora es posible postular una reducción de las propiedades situacionales en sí mismas incompatibles a otras aún más básicas, donde sería posible eliminar estas contradicciones, dando lugar a tres posibles lógicas alternativas: admitir la posible vaguedad o inconsistencia de algunas situaciones paradójicas o casos límite, como propuso Willianson; rechazar esta misma posibilidad, como propuso Lewis; admitir la posibilidad de una lógica cuatrivalente paraconsistente – de lo verdadero, lo falso, ni verdadero ni falso, verdadero y a la vez falso -, donde se rechaza el principio de tercer excluido y su corolario: ‘ex falso quodlibet’, como de hecho defienden numerosos informáticos y físicos cuánticos. Sin embargo Priest ha rechazado este modo doxográfico de concebir el principio de bivalencia de Boole.
6) La polémica logicista sobre la posibilidad de una lógica modal de la necesidad estricta (“entailment’, C. I. Lewis), capaz de evitar las paradojas de la implicación material, pero dando lugar a las nuevas falacias de la modalidad (legal, metafísica o simplemente autorreferencial), por atribuirles una relevancia o consistencia desproporcionada. En unos casos se confunden los criterios de validez de sus respectivas lógicas de la relevancia, como de hecho sucede en la lógica deóntica, cuando el ‘es’ se interpreta como un ‘debe’. En otros se recurre a generalizaciones o casuísticas abusivas, como sucede en los procesos de identificación y denominación generados por la cuantificación de la lógica de predicados.
La segunda parte, condicionales, analiza el grado de consistencia atribuido a dos aplicaciones concretas de la lógica de la relevancia:
7) Condicionales indicativos justifica la peculiar relevancia lógica otorgada a la implicación estricta (Lewis) en razón del papel específico que en este caso desempeñan el antecedente y el consecuente. Sin embargo esto se logra a costa de debilitar el grado de consistencia otorgado a la correspondiente teoría de modelos o a la propia noción de probabilidad;
8) Contrafácticos analiza el grado relevancia lógica y de consistencia que la ética, el derecho, las matemáticas, la física o la metafísica otorgan a este tipo de condicional. Se analiza así el grado de relevancia otorgado al condicional contraposible, contralegal, a las leyes de la naturaleza, a los milagros (Lewis), a los argumentos contramatemáticos o contralógicos, asignándoles a su vez diversos gradosde consistencia;
La tercera parte, la inferencia y sus aplicaciones, justifica la contraposición que ahora se establece entre la relevancia y consistencia en virtud de la peculiar estructura formal del condicional material, dando cuatro pasos;
9) Se valora la peculiar relevancia y consistencia otorgada a cada uno de los elementos formales de la estructura de la deducción, contraponiendo el cálculo de deducción natural y las secuencias lógicas de Gentzen. Se justifica así el distinto uso intencional que en cada caso se hace de las premisas, de la conjunción, de la disyunción, según se pretendan formalizar una determinada base de aplicación o a un sistema formal ya completo. Por otro lado se otorgan a las creencias, a los rechazos y a las consecuencias distinto tipo de congruencia fuerte, débil o estricta, en razón del posible papel que en cada caso desempeñan en la deducción lógica.
10) Silogismo disyuntivo reconstruye el debate originado por Garfield y Read cuando cuestionaron la posible consistencia de una implicación, ya sea en el caso de una manifiesta hostilidad epistémica, o por remitirse a una lógica ‘intuicionista’ de la relevancia, donde ya no se comparte la prioridad antes otorgada al principio de tercio excluso. Sin embargo ahora se discrepa de estas propuestas, concibiendo la consistencia como un valor positivo que debe ser protegido, e incluso reforzado, al modo como sucede en la interpretación clásica del razonamiento matemático.
11) Haciendo trabajar a la lógica de la relevancia, reconstruye el debate sobre el papel de la relevancia en la justificación de la consistencia de la lógica deóntica, de la teoría literaria, o de la justificación del segundo teorema de Gödel. Por ejemplo, la lógica deóntica recurre a la relevancia para separar el ‘ser’ del ‘debe’; o la lógica semántica para separar una predicación esencial de otra meramente relevante; o la teoría literaria al contraponer el mundo real y el de ficción; o el segundo teorema de Gödel al admitir la indudable relevancia aritmética de las deducciones lógicas, a pesar de rechazar la posibilidad de justificar una ‘consistencia absoluta’. Se justifica así la posibilidad de establecer distinto tipo de conexión formal entre el antecedente y el consecuente del condicional; o entre una determinada base de aplicación su correspondiente lenguaje formal, como hizo notar Brady, permitiendo establecer una diferenciación entre teorías relevantes e ingenuas;
12) Conclusiones defiende el papel tan central desempeñado por la relevancia en los debates contemporáneos acerca de la filosofía de la lógica, admitiendo una posible apertura a otras propuestas filosóficas, a pesar de criticarlas.
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda la propuesta de Mares justifica la numerosas virtualidades lógicas ahora atribuidas al condicional material o a la negación, sin quedar atrapados en un formalismo excesivamente cerrado, como de hecho ocurrió en la lógica ‘intuicionista’. Sin embargo dada la amplitud del tema y la cantidad de ramificaciones que ahora presenta, cabría formular un interrogante: El reconocimiento de estos diversos grados de relevancia y de consistencia atribuidos al condicional material o a la negación, ¿no debería venir acompañado de un sistema de control de las diversas situaciones paradójicas o simples sofismas que se pudieran originar? ¿Podría el cálculo aritmético, de probabilidades, la lógica fuzzy, el análisis de la vaguedad o los sistemas de expertos justificar un posible control de este tipo de sofismas, sin haber fundamentado previamente esta misma posibilidad? ¿No sería en ese caso tan importante tipificar el grado de relevancia y consistencia asignado a cada posible uso del condicional material o a la negación, como mostrar la posibilidad de subsanar la aparición de estos posibles sofismas? Sin duda son preguntas que exceden los ámbitos de la presente monografía, pero son una muestra de las posibilidades de desarrollo que ofrece el tema analizado.
Carlos Ortiz de Landázuri
Ausín, T.; Entre la lógica y el derecho. Paradojas y conflictos normativos, Plaza y Valdés, Barcelona, 2005, 280 pp.
02 de Dezember de 2007. 06:47 nachm.
Txetxu Ausín prolonga algunas propuestas de la lógica deóntica jurídica de Miguel Sánchez-Mazas, en el contexto de los actuales debates de la lógica deóntica contemporánea. A este respecto se considera a Von Wright el iniciador en 1951 de una lógica deóntica muy dependiente del modo alético como Leibniz reinterpretó a su vez la lógica modal aristotélica. En su caso habría reinterpretado lo normativo, lo lícito o lo permitido, como una variante de la necesidad, la posibilidad o la imposibilidad metafísica, dando a su vez lugar a inevitables paradojas y sofismas. Además, de la falacia naturalista, o del paso indebido del ser al debe, ahora también se señalan otros sofismas. Especialmente la paradoja de las obligaciones sobrevenidas o del mal menor, producida en este caso por una colisión entre normas de igual o diverso rango; o la paradoja originada por la ley del cierre, según la cual si una acción es obligatoria también lo son sus consecuencias, cuando es evidente que al menos desde un punto de vista intencional se trata de dos supuestos distintos. En cualquier caso la paradoja surge al afirmar a la vez el carácter obligatorio y no-obligatorio de una determinada norma, con unos efectos similares a las que tiene el hallazgo de una contradicción en la lógica formal alética. En estos casos la aparición de una contradicción hace que todo el razonamiento implicado se vuelva arbitrario y deje de tener validez el principio de bi-valencia, según el cual una proposición no puede ser a la vez verdadera y falsa. Sin embargo ahora se admite la posibilidad de una lógica deóntica paraconsistente, no-monotónica, transitiva, difusa y en definitiva fuzzy, que admitiría la validez del recurso a los términos comparativos ‘más’, ‘menos’, ‘tanto como’, con sus correspondientes conectivos y operadores cuantificacionales, especialmente el cuantificador existencial. De este modo se podría neutralizar la posible aparición de las anteriores paradojas por un procedimiento muy preciso: el cálculo fuzzy ya no se basaría en una aplicación estricta del principio de bivalencia alético, según el cual todo enunciado es verdadero o falso, es obligatorio o no, etc. En su lugar justificaría la obligatoriedad de cada norma de un modo gradual, dando lugar a una deontología normativa más casuística y prudencial, propia del hombre experto, incluido el jurista, sin el carácter alético de la ética aristotélica.
Para justificar estas conclusiones la monografía se divide en nueve capítulos: 1) Introducción; 2) El cálculo deóntico convencional, donde se explican algunos principios específicos del cálculo de normas, especialmente la ley de cierre; 3) Paradojas de la lógica deóntica, generadas a su vez por la ley de cierre o por un conflicto de normas, como ahora sucede con la paradoja del asesinato indoloro; 4) Soluciones de las paradojas deónticas, analiza las distintas estrategias utilizadas para neutralizar la posible aparición de estas paradojas, especialmente la condicionalización, los criterios de relevancia o la estrategia minimizadora, aunque en todos los casos se vuelven a replantear, sin resolverla, la paradoja del conflicto de normas o del mal menor; 5) Conflictos normativos, analiza específicamente dicha paradoja del mal menor, con un resultado similar; 6) Conflictos en el ámbito jurídico, justifica los numerosos casos límite y situaciones de incertidumbre a los que puede dar lugar la paradoja del conflicto sobrevenido o del mal menor; 7) Lógica deóntica y conflictos normativos, justifica su propia propuesta para resolver estas paradojas y sofismas, a partir de las propuestas debilitadoras, paraconsistentes, no-monotónicas o incluso relativistas, de Da Costa, Puga, Grana, Abe, Stelzner, Weingartner; 8) Conclusiones, contrapone su propuesta al carácter alético del que adolecen los cálculos deónticos clásicos, ya sean de procedencia aristotélica o leibniziana, resaltando a su vez las posibles ventajas de su propuesta; 9) Bibliografía.
Para concluir una reflexión crítica. Primero resaltar la claridad y brillantez con que se expone un cálculo muy técnico y de enorme complejidad, entremezclado con problemas muy diversos, especialmente jurídicos, yendo directamente al núcleo del problema, sin abandonarlo en ningún momento. Sin embargo a mi parecer Ausín radicaliza excesivamente la contraposición entre las lógicas deónticas alternativas o no-clásicas frente a las aléticas o clásicas, cuando posiblemente se podría postular una complementeriedad recíproca, especialmente si se toma la lógica difusa o fuzzy como paradigma de las primeras. A este respecto ha habido quien ha considerado a la lógica fuzzy como una lógica desviada postmoderna que no respeta el principio de bi-valencia y no es alética. Sin embargo para la mayoría se trata de un malentendido que, en todo caso, radicalizaría aún más las paradojas ahora generadas por el salto del ser al debe, del bien mayor al mal menor, de los principios a las consecuencias, fomentando un relativismo que acabaría disolviendo el carácter deóntico o valioso por sí mismo atribuido a las normas. A este respeto la lógica deóntica y la lógica fuzzy exigieron una prolongación de los procesos de fundamentación de la lógica modal alética, postulando un perfeccionamiento mutuo que les permitiera contra-argumentar las posibles paradojas y sofismas que esta misma compatibilidad podría originar, y que a su vez les permitiera hacer compatible el uso que en cada caso se hizo del principio de bi-valencia. Y en este sentido cabría cuestionar, ¿el cálculo de normas ahora propuesto no se debería interpretar como un intento de contra-argumentar las paradojas que a su vez pudiera originar el mal uso de la lógica modal alética, llevando a cabo una profundización en los presupuestos de la lógica normativa y del propio silogismo práctico, ya sea de tipo aristotélico, leibniziano, hegeliano o wrightiano? Y si se acepta esta sugerencia, ¿habría que renunciar a la propuesta de Sanchez-Mazas de seguir concibiendo estos cálculos lógicos y la subsiguiente deontología normativa como una reedición del viejo proyecto de una ‘matheisis universalis’ de tipo leibniziano? ¿O no se deberían ver más bien estas propuestas como una profundización encaminada a salvar las paradojas originadas por una conciliación de este tipo, en el sentido también señalado por el proyecto de ‘New Foundation with Urelements’ de Aczel, Barwise y Etchemendy, como en alguna ocasión anterior he sugerido?
Carlos Ortiz de Landázuri
Kühne, Ulrich; Die Methode des Gedankenexperiments, Suhrkamp, Frankfurt, 2005, 410 pp.
30 de Juni de 2007. 06:36 nachm.
El método del experimento mental de Ulrich Kühne atribuye a la teoría generalizada de la relatividad de Einstein un modelo de justificación explicativo-comprensivo, similar al defendido en su inconclusa teoría del campo unificado. En su opinión, las numerosas dificultades de comprobación con que se encontró la teoría especial de la relatividad, le obligaron a iniciar una defensa de la pretensión neokantiana de alcanzar una estricta jerarquización postcriticista entre los niveles y grados de racionalidad de los mundos virtuales de la metodología científica, sin admitir un único nivel de experimentación científica. Se pudo así reconocer el común carácter experimental de los experimentos ordinarios y mentales, aunque estableciendo una jerarquización e interrelación entre ellos, distinta de la después postulada por Ernst Mach. En efecto, Mach habría defendido un modelo depurador-expansivo que también se habría hecho presente en las primeras interpretaciones de la teoría especial de la relatividad atribuyendo a la recíproca interacción existente entre los experimentos mentales y ordinarios una doble función: eliminar los restos de vaguedad y de generalización abusiva presentes en la praxis científica; y, por otro lado, ampliar al máximo sus posibles ámbitos de aplicación respecto del conjunto de los saberes científicos. De este modo al final del proceso se lograría una perfecta correspondencia entre las teorías científicas y el ámbito empírico al que se aplican, sin dejar ya márgenes de vaguedad o ambigüedades en el uso del lenguaje ideal de la ciencia.
Sin embargo ahora se hace notar como la teoría generalizada del último Einstein habría revisado las propuestas de Mach, volviendo a un modelo de justificación explicativo-comprensivo de los experimentos cruciales, similar a la propuesta por Orsted (1777-1855) al reformular a su vez algunas propuestas kantianas. En efecto, el giro copernicano operado por Kant habría aportado una nueva reinterpretación de la función desempeñada por los experimentos científicos en el efectivo progreso del conocimiento. De hecho la formulación inicial de un experimento mental exige adoptar una actitud heurística previa abierta a la posterior comprobación empírica de cualquier concepto especulativo a través del correspondiente experimento ordinario, salvo que se quiera volver a reeditar el viejo dogmatismo de la antigua metafísica. A este respecto el recurso al experimento mental lograría justificar la compatibilidad entre el carácter a priori de toda necesidad natural, ya fuera física o metafísica, con su posterior comprobación en un ámbito empírico concreto a través del correspondiente experimento ordinario, como de un modo paradigmático habría ocurrido en la físico-matemática de Newton, o en la nueva deducción transcendental de unas categorías metafísicas renovadas. Sin embargo la filosofía de la naturaleza del romantismo posterior, al igual que antes Kant, habrían tratado de extrapolar este modelo de justificación a toda las demás formas de saber, incluyendo ahora también la propia filosofía trascendental, que de este modo adquiriría una apariencia de saber científico, dando así lugar a numerosos malentendidos y malinterpretaciones de su propio método.
A este respecto se atribuye al neokantiano Orsted la primera formulación explícita del método del experimento mental, como procedimiento para eludir los numerosos malentendidos que la tradición kantiana y romántica había provocado. En efecto, Orsted extrapoló para los experimentos mentales el tipo de interacción recíproca que ya antes Kant había establecido entre los conceptos y representaciones, evitando a su vez la aparición de los anteriores malentendidos. Se reconoció así la interacción recíproca que ahora se establece entre los experimentos mentales y los ordinarios, admitiendo a su vez la posible falta de correspondencia como resultado de los procesos a través de los cuales se llevan a cabo este tipo de comprobaciones. Hasta el punto que los experimentos mentales se pueden acabar quedando vacíos de su potencial poder explicativo experimental, en el caso de que tampoco sean capaces de comprobar a través de unos experimentos cruciales adecuados la interpretación dada a sus respectivos experimentos ordinarios. De igual modo que los experimentos ordinarios se pueden volver ciegos y absolutamente ininteligibles, si tampoco se remiten a un experimento crucial capaz de separar las relaciones meramente contingentes respecto de las relaciones de estricta legalidad postulada por un experimento mental. En cualquier caso se admitió la posible falta de correspondencia entre estos dos tipos de experimentos mentales y ordinarios; y a su vez se tomó por experimento crucial aquella situación límite que permite poner a prueba la validez empírica de un experimento mental, para después extrapolarla a los correspondientes experimentos ordinarios, separando así lo que hay en ellos de necesidad legal 'a priori' y de simple contingencia o casualidad 'a posteriori'. Es decir, la peculiar interacción existente entre los experimentos mentales y ordinarios permitió justificar también una posible desvinculación entre el mundo físico real de la experimentación científica respecto del mundo de posibilidades virtuales ahora generado por estos distintos niveles de conceptualización teórica y de experimentación empírica generada por este peculiar tipo de experimentos cruciales. En cualquier caso se comprobó que los experimentos mentales seguían siendo el único modo posible de comprender la peculiar legalidad 'a priori' existente en el mundo físico real, de igual modo que los experimentos ordinarios eran el único modo posible de explicar el carácter 'a posteriori' de aquella misma legalidad, si efectivamente aquellas situaciones límite postuladas por este tipo de suposiciones meramente virtuales eran confirmadas por los correspondientes experimentos cruciales.
A partir de Orsted la metodología científica terminaría admitiendo tres niveles de experimentación científica: a) los experimentos ordinarios sólo justificados de un modo empírico, sin una justificación ‘a priori’, atribuyéndoseles una necesidad simplemente fáctica, como en el caso de Orsted sucedió con su descubrimiento del efecto electromagnético, al que no supo encontrar una justificación teórica verdaderamente proporcionada; b) los experimentos mentales de tipo ideal o contrafáctico, atribuyéndoseles una mera posibilidad lógica carente aún de la correspondiente comprobación empírico-experimental, como en su opinión habría sucedido con numerosas referencias kantianas a una fuerza central, a pesar de sus declaraciones en contrario; c) los experimentos cruciales que logran una efectiva confirmación de un determinado experimento mental, atribuyéndosele una necesidad estricta de tipo experimental y a la vez ‘a priori’, como en su caso ocurrió con la superioridad manifiesta demostrada por su teoría del campo de fuerzas interaccionadas respecto de la anterior teoría kantiana de una simple superposición de fuerzas centrales independientes. Evidentemente la separación de estos tres tipos de experimentos puso a prueba los criterios utilizados para demarcar la física respecto de determinadas presuposiciones de la filosofía trascendental kantiana y romántica. Sin embargo Orsted los utilizaría para reivindicar el enfoque estrictamente científico dado a la resolución de un determinado problema, más que para pretender dar a la filosofía trascendental una apariencia de saber científico.
De todos modos las propuestas de Orsted se malinterpretaron, tomándole como un filósofo de la ciencia excesivamente dependiente de Kant, en la línea exaltada de numerosos románticos, sin concederle mucho crédito. Sin embargo Kühne admite la persistencia en los debates contemporáneos del triple uso que entonces se hizo de la noción de experimento, tomando a Orsted como un precedente inmediato de las propuestas empirio-criticistas de Mach o del posterior positivismo lógico de Russell, entre otros. O del modelo explicativo-comprensivo de justificación científica después también usado en los casos de Hempel, Koyré, T. S. Kuhn, Popper, en el debate Brown-Norton, ya se siguieran las interpretaciones modales de Sorensen, Haggqvist y Bartelborth, o las estrictamente filosóficas de Nozick, Putnam y Searle.
En todos estos casos se recurrió a esta triple noción de experimento para justificar la referencia a determinados ámbitos de necesidad estricta, sin rechazar por ello la posible aparición de vaguedades conceptuales y generalizaciones abusivas en los consiguientes procesos de explicación y comprensión. Para evitarlas se hizo necesario jerarquizar los diversos grados y tipos de experimentación científica, pudiendo dar lugar a posibles desajustes entre los principios y su ulterior aplicación a lo empírico. En este contexto se atribuirá a Galileo, Newton y Einstein la comprobación empírica o meramente fáctica de unos experimentos mentales de naturaleza ideal o contrafáctica, logrando así una posible doble justificación explicativo-comprensiva de su respectiva interacción recíproca, sin rechazar por ello la persistente presencia en la experiencia ordinaria de vaguedades y generalidades abusivas. Sin embargo Orsted habitualmente queda relegado a un plano muy secundario, a pesar de haber sido el primero en reconstruir el ‘modus operandi’ de este método.
Orsted también habría extrapolado a las relaciones entre filosofía de la naturaleza e investigación práctica el mismo tipo de interacción recíproca que el experimento crucial introduce entre el experimento mental y ordinario. Pudo así atribuir al experimento mental una peculiar génesis heurística matemática a fin de poder comprobarlo a través de un experimento mental, que pudiera después ser generalizado para el resto de los experimentos ordinarios. Igualmente atribuyó a los resultados de cualquier experimento ordinario un carácter hipotético, provisional y meramente fáctico, mientras no se encuentre un experimento mental que logre una correcta interpretación mediante la comprobación del correspondiente experimento mental. De este modo Orsted pudo comprobar como la articulación de esta triple noción de experimento requiere el concurso de dos mundos virtuales posibles autónomos - como son el mundo de las representaciones mentales y de las experiencias empíricas aisladas -, a los que se atribuye un carácter incompleto e interrelacionado entre sí. Se plantearon así un gran número de cuestiones abiertas para la investigación científica, aunque momentáneamente no pudieran ser comprobadas en la experiencia, como por ejemplo: ¿Es el hidrógeno un metal? ¿Se puede pensar un sistema del mundo desjerarquizado y caótico? ¿Cómo pensarían los habitantes de Júpiter? ¿Se pueden criticar las interpretaciones dadas a los experimentos mentales?
En cualquier caso la interpretación neokantiana de Orsted acerca de los experimentos mentales se contrapone a la interpretación empirio-criticista de Mach, llegando a conclusiones muy distintas. Al menos así se comprueba analizando los numerosos debates provocados por las interpretaciones de la mecánica de Galileo, de Newton o de la teoría especial y generalizada de la relatividad de Einstein, al menos según numerosos historiadores y filósofos de la ciencia, como Duhen, Meinong, Russell, Wittegenstein y Lichtenberg. Para el empirio-criticismo la aplicación de una nueva legalidad experimental a la caída de los graves, a las fuerzas gravitatorias o a las mediciones relativistas conlleva la aceptación de un modelo depurador expansivo, que lograría una progresiva eliminación de los restos de vaguedad conceptual y de generalización abusiva que aún persiste en la experiencia ordinaria. En cambio, el modelo explicativo-comprensivo de los neokantianos permitiría justificar la efectiva vinculación existente entre los experimentos cruciales y ordinarios, admitiendo a su vez un cierto grado de desvinculación entre los respectivos mundos virtuales autónomos, que a su vez permitiría garantizar el futuro logro de una compresión y explicación aún más compartida.
A este respecto ahora se reconstruye la evolución intelectual de Einstein como un paso progresivo desde el empirio-criticismo de Mach a un modelo explicativo-comprensivo neokantiano, que a su vez le habría permitido llevar a cabo una revisión de algunos presupuestos de su propia teoría especial de la relatividad. En efecto, inicialmente el joven Einstein habría postulado una plena correspondencia entre la formulación inicial de este tipo de experimentos mentales y los correspondientes experimentos cruciales y ordinarios, a pesar de los resultados tan pobres que logró a este respecto. Sin embargo posteriormente el mismo re-interpretó su anterior teoría especial como la formulación de un experimento mental en condiciones ideales o contrafácticas, sin posibilidad de ser confirmado o refutado a través del experimento crucial correspondiente, salvo que se elaborase una teoría generalizada aún más amplia, que pudiera ser verificada a través de unos determinados experimentos cruciales, para después poder ser extrapolada a un gran número de experimentos ordinarios, paso que anteriormente se habría demostrado en sí mismo imposible. De este modo progresivamente Einstein se habría ido abriendo al reconocimiento de la autonomía respectiva del ámbito empírico respecto de los principios de la ciencia, especialmente una vez que reconoció las pocas situaciones límite efectivamente comprobadas en que se basaba su inicial articulación entre los experimentos mentales, ordinarios y cruciales.
En cualquier caso resulta igualmente paradigmática la evolución paralela experimentada por Einstein respecto de la teoría de los cuantos de Plank. En un primer momento la rechazó de plano, por ser absolutamente incompatible con algunos de los principios empirio-criticististas en que presumiblemente se fundamentó la teoría especial de la relatividad. Sin embargo posteriormente Eintein acabaría reconociendo las limitaciones de la teoría especial y generalizada de la relatividad respecto de la localización de un tipo de experimentos cruciales, que demostraran su capacidad explicativa respecto del microcosmos. Por eso terminó atribuyendo a la teoría cuántica una mayor potencia explicativa respecto a este tipo de fenómenos microcósmicos, aunque otorgándole un valor meramente fáctico, debido a su total ausencia de experimentos mentales que la permitieran dotar de una adecuada fundamentación teórica. Por eso a la vez que hizo esta concesión a la teoría cuántica, Einstein también postuló la futura formulación de una teoría del campo unificado, que debería integrar la teoría relativista y cuántica en una interpretación del macrocosmos que a su vez englobara el microcosmos, a pesar de que nunca logró una formulación verdaderamente satisfactoria. En cualquier caso este cambio de actitud se debió la justificación de una jerarquía interna entre estos tres niveles de experimentación, con sus correspondientes mundos posibles de racionalización meramente virtual, a saber: el nivel fáctico o empírico, el contrafáctico o ideal, y el propiamente experimental o explicativo-comprensivo, sin poder otorgar a ninguno de ellos un conocimiento en exclusiva del mundo físico real.
Se comprueba así el papel tan singular desempeñado por el método del experimento mental a lo largo de toda la historia del pensamiento, desde la polémica entre Galileo y Aristóteles, hasta los más recientes teóricos de la ciencia contemporánea, incluyendo ahora también a Toulmin, Jonsen y Heisenberg. En efecto, ahora se comprueba como este método le permitió a Galileo postular una nueva articulación entre lo empírico, los principios y lo experimental, llevando a cabo una revisión en profundidad de la filosofía natural aristotélica. Por su parte Toulmin y Jonsen comprobaron como este método también permitió la progresiva aplicación de los tres mencionados niveles de conocimiento a la argumentación moral, sin que su aplicación se reduzca solamente al ámbito de la física. Finalmente Heisember extrapoló aún más el actual uso heurístico de este método, cuando atribuyó al conocimiento práctico propio de los expertos este posible cierre conclusivo de una teoría. En cualquier caso la metodología contemporánea ha terminado comprobando, según Kühne, como el método del experimento mental se ha terminado convirtiendo en el gran monstruo o espectro con mil caras que permite explicar numerosas transformaciones de la filosofía y de la ciencia a lo largo de su historia, a pesar de seguir sorprendiéndonos su modo un tanto paradójico de operar.
Para justificar estas conclusiones se dan cinco pasos: 1) Se analiza el progresivo alcance otorgado al método del experimento mental, desde Aristóteles y Galileo, o en la metodología contemporánea de Toulmin, Jonsen y Heisenberg, hasta convertirse en una categoría básica de la fundamentación de la ciencia y de la propia filosofía teórica y práctica; 2) Se analiza el período 1786-1851, especialmente la primera formulación explícita del método del experimento mental por el neokantiano Orsted, revisando algunas propuestas kantianas, considerándole el descubridor y mejor interprete de este método, a pesar del descrédito generalizado de la mayor parte de sus propuestas; 3) Se analizan los debates entre 1883 y 1916 provocados por la interpretación empirio-criticista de Mach, con la críticas formuladas por Duhen, Meinong, Russell, Wittgenstein y Lichtenberg, por haber dado más importancia a la psicología del descubrimiento que a la lógica de la justificación; 4) Se reconstruye el período 1905-1936, reconstruyendo la aplicación de Einstein del método del experimento mental a su teoría especial y generalizada de la relatividad, y contraponiéndola a su vez a las propuestas de Heisenberg y Bohr respecto de la teoría cuántica de Palnk; 5) Se analiza la transformación contemporánea desde 1934 hasta hoy del método del experimento mental en un monstruo o espectro poliédrico de mil caras, a través de las propuestas contrapuestas de Hempel, Popper, Koyrè, Kuhn, Lakatos, el debate Broun-Norton, así como las interpretaciones modales de Sorensen, Haggqvist y Bartelborth, o filosóficas de Nozick, Putnam y Searle.
Para concluir una doble reflexión crítica. Kühne resalta el papel heurístico desempeñado por el método del experimento mental en la fundamentación de la ciencia y de la filosofía siguiendo un modelo explicativo-comprensivo, pero hay una cuestión que nunca se llega a plantear. ¿Hasta que punto las numerosas paradojas y malentendidos generados por este método exigigió ejercer un mayor control compartido sobre los crecientes márgenes de vaguedad y de generalización abusiva generados por este fantasma o espectro de mil caras, como ha propuesto Sorensen desde un supervaloracionismo aún más estricto, o Willianson desde un supervaloracionismo epistemológico, o Keefe, Schick o Shapiro, desde un supervaloracionismo meramente pragmático?; O, dando un paso más, y admitiendo la necesidad de un complemento lógico de este tipo, ¿hasta que punto la teoría generalizada de la relatividad o la nunca concluida teoría del campo unificado de Einstein, hubiera permitido un control de este tipo sobre los márgenes de vaguedad y de generalización abusiva que la teoría especial y generalizada siguieron dejando indeterminados?
Carlos Ortiz de Landázuri
Koselleck, Reinhart; Begriffsgeschichten. Studien zur Semantik und Pragmatik der politischen und sozialen Sprache; Spree, U.; Steinmetz, W.; Dutt, C. (Hrsg.); Suhrkamp, Frenkfurt, 2006, 569 pp.
30 de Juni de 2007. 06:36 nachm.
Historia conceptual analiza la posibilidad irrenunciable de otorgar al progreso humano un sentido aún edificante, que permita apropiarnos del legado ilustrado más valioso de las ciencias históricas o del espíritu del siglo XVIII y XIX, a pesar del rechazo generalizado de este tipo de propuestas por parte de la post-modernidad. Según Reinhart Koselleck (1923-2006), recientemente fallecido, la ilustración acertó a localizar el auténtico sujeto del acaecer histórico, ya se trate del libre-pensador moderno, del ciudadano burgués o del actual individuo democrático, desvinculándolo de los anteriores presupuestos míticos o teológicos de la interpretación de la historia griega (Tucidides, Aristóteles) o cristiana (San Agustín), aunque sin tampoco dejarlo en manos de fuerzas sociales anónimas como acabó ocurriendo en los algunos procesos revolucionarios del XVII-XIX (Robespiere, Napoleón Bonaparte) o en los totalitarismos de inicios del siglo XX (Marx, Engels, Hitler), o en la promesas utópicas de una futura sociedad libre de dominio (Mercier). En su opinión, durante la ilustración aparecieron algunas nociones históricas fundamentales, como la noción de Estado-nación, de progreso, regreso, de emancipación, liberación, crisis o revolución (Herder, Goethe, Kant, Hegel), sobre las que hoy día las más distintas tradiciones mantienen una amplia convergencia de seguir otorgándoles una plena vigencia conceptual, con sólo una pequeña modificación: justificarlas en nombre de la responsabilidad ética mínima (Max Weber) que todas las culturas y naciones deberían prestar al equilibrio ecológico global, al modo como con anterioridad ya sucedió con los ideales universalistas de la ilustración (Kant, Adorno).
Precisamente, según Koselleck, la historia conceptual se propone como una semántica y una pragmática del lenguaje político y social, que pretende evitar el relativismo de los defensores de la historia total mediante una contraposición lo más estricta posible entre el significado semántico y el posterior uso pragmático dado a este tipo de conceptos. Se pretende reconstruir así el hilo conductor subyacente a la evolución interna de este tipo de nociones fundamentales, localizando sus contradicciones internas y sus incondicionadas pretensiones de validez, sin hacerlos ya depender exclusivamente del contexto cultural y social donde se originaron. En su opinión, tanto la historia conceptual, como la social y cultural generan una dinámica diferenciada de interacción recíproca entre los acontecimientos y sus respectivas formas de lenguaje (Gadamer, Schieder, Sellin), tanto desde un punto de vista sincrónico como diacrónico (Coseriu), sin necesidad de establecer una estricta dependencia causal entre ellas. Por su parte la historia conceptual remite sus respectivos procesos de avance y retroceso a unos ideales regulativos previos (Vico, Burckhardt, Wieland, Cassirer), de modo que sus respectivos conceptos fundamentales ahora se afirman como un presupuesto trascendental y una condición de sentido del peculiar carácter histórico del ser humano (Gadamer). Sin la mediación de estos conceptos fundamentales tampoco sería posible la elaboración de una historia digna de tal nombre, ya se conciba al modo racionalista ilustrado o ya se le quiera dar un sentido humanista aún más elevado. Sólo así sería posible introducir un mayor distanciamiento a la hora de valorar los logros indudables de los proyectos ilustrados de cada uno de los distintos sistemas democráticos, sin tampoco negar sus carencias y lagunas, según incrementen las posibilidades de autodeterminación y emancipación humana o simplemente las anulen. A este respecto se defiende una teleología histórica en sí misma abierta y en permanente revisión crítica de sus respectivas formas institucionales de realización, tanto a nivel global como individual, incluyendo ahora también a la familia en sus diversas configuraciones jurídicas y sociales.
Para justificar estas conclusiones la monografía se divide en cinco parte: 1) La teoría y el método de la historia conceptual analiza el papel que desempeña una reconstrucción de este tipo en la investigación histórica; 2) Los conceptos y su historia justifica el papel de estas reconstrucciones en algunos casos concretos, como ahora ocurriría con la noción de formación, o más bien autoformación (Bildung), de progreso, de emancipación, de crisis, de patriotismo, de revolución, de utopía o de enemigo; 3) La semántica y la pragmática del lenguaje ilustrado, muestra la necesidad de estos mismos conceptos para denunciar sus propias contradicciones culturales, ya sea al justificar una posible superación del antiguo régimen, o al valorar las innovaciones del lenguaje ilustrado o al establecer los límites de la tolerancia; 4) La semántica política y social en la historia de las constituciones, analiza la continuidad existente entre la filosofía política ilustrada y aristotélica, al menos en el caso alemán, francés e inglés, a la hora de justificar sus respectivos ideales regulativos o de denunciar sus posibles incoherencias; 5) Desde la historia conceptual a la conceptualización histórica, analiza específicamente las vivencias de cambio social relativo a la casa, la familia o la servidumbre, que se tuvieron durante la revolución francesa de 1789 y la alemana de 1848, estableciendo un paralelismo con las discrepancias contemporáneas sobre la posibilidad de una política basada en el respeto del medio ambiente a nivel global; finalmente, se incluye un anexo de Carsten Dutt sobre diversos fragmentos dejados incompletos por Reinhart Koselleck, antes de dar por terminada su obra.
Para concluir una reflexión crítica. Sin duda Reinhart Koselleck trata de revitalizar la tradición ininterrumpida alemana de diccionarios historiográficos iniciada por Joaquim Ritter y Otto Brumer, adaptándola a los problemas actuales generados por la globalización económica. Y en este sentido cabría preguntarse. ¿Son comparables los cambios de estratificación social provocados por las revoluciones del siglo XVIII y XIX, con los posibles cambios futuros globales que pudieran venir provocados por la aceptación masiva de los distintos sistemas democráticos del recurso al aborto, a la eutanasia o al control de natalidad, como procedimiento para garantizar el logro efectivo de determinadas metas sociales? ¿El salto histórico producido con la llegada del nuevo milenio puede reducirse a una simple profundización en la visión de la historia ilustrada, como si mientras tanto todo siguiera igual, o se trataría más bien de un cambio más profundo en la justificación de los propios sistema democráticos que ha terminado por poner en crisis un conjunto de conceptos históricos fundamentales, como ahora una vez más se comprueba? ¿Realmente se puede seguir justificando una visión meramente secularizante o laicista de los sistemas democráticos, que permitiría desvincularlos de cualquier referencia a determinados presupuestos teológicos de la historiografía griega y cristiana (Löwitz), cuando simultáneamente se sigue aceptando la referencia a una ética de mínimos y a un equilibrio ecológico global que, a pesar de pretender lo contrario, sigue cumpliendo sus veces?
Carlos Ortiz de Landázuri
MINGO RODRÍGUEZ, A. Mª-MORENO MÁRQUEZ, C. (eds.), Signo, intencionalidad, verdad. Estudios de fenomenología, Actas del V congreso internacional de fenomenología: “Signo, intencionalidad, verdad. Cien años de fenomenología” (Sevilla 6-10.XI.2000), Colección actas, nº 50, Sociedad española de fenomenología/Secretariado de publicaciones de la universidad de Sevilla, Sevilla 2005; 500 pp.
30 de Juni de 2007. 06:36 nachm.
Juan A. García González
En el año 2000 se cumplía el centenario de la aparición de las Investigaciones lógicas de Husserl. Para conmemorarlo la sociedad española de fenomenología (SEFE: www.cica.es/aliens/sefe) y el departamento de metafísica de la facultad de filosofía de la universidad de Sevilla organizaron el congreso cuyas actas ahora se editan. Aunque estas actas no hayan sido tan fieles como algún insensato hubiese podido figurarse que fuesen (p. 14), al menos porque sólo recogen la palabra-texto y no la palabra-voz, dan una muy buena idea de la pujanza de los estudios fenomenológicos en la actualidad, y constituyen un merecido homenaje a ese maestro, promotor de la filosofía en el siglo veinte, que fue Edmundo Husserl.
El volumen recoge treinta y siete trabajos agrupados en dos partes. La primera, en torno a las Investigaciones lógicas y estudios husserlianos, reúne aportaciones específicas sobre la obra cuyo centenario se conmemoraba y en torno a la fenomenología de Husserl. La segunda se reserva a desarrollos y otros estudios de corte fenomenológico, centrados sobre autores como Heidegger, Fink, Gadamer, Habermas...
Como un reflejo de la altura académica del congreso, cabe mencionar las colaboraciones de Rudolf Bernet, director del archivo Husserl de Lovaina, sobre la conciencia del tiempo; la de Lester Embree, presidente de la organización de asociaciones fenomenológicas, titulada la constitución de la cultura básica; y la de Jocelyn Benoist, de los archivos Husserl de París, sobre la teoría del nombre propio. Apreciable también la naturaleza internacional del congreso, con contribuciones de autores que se desempeñan profesionalmente en Buenos Aires, Cali, Evora, Lisboa, Lima, México, Milán, Praga...
De entre los españoles Javier San Martín escribe sobre la reducción fenomenológica y el comienzo de la filosofía; César Moreno sobre la intuición y la donación de sentido, con una bonita reflexión sobre lord Chandos; Mª Carmen Paredes sobre la intuición categorial; José Villalobos sobre fenomenología y creación poética; Alicia Mingo sobre la trascendencia fenomenológica; Jesús Conill compara la hermenéutica genealógica y la fenomenológica con algunos autores de la más reciente filosofía española: Ortega y Zubiri; Urbano Ferrer estudia a Alfred Schütz; Mª Luz Pintos encuentra en la recuperación de la animalidad una utilidad de la fenomenología cien años después; por sólo mencionar algunos ejemplos de los muchos y buenos trabajos reunidos en este volumen.
A la pluralidad temática que se entreve por lo dicho, habría demás que añadir la precisa documentación que acompaña a los trabajos publicados, con citas muy rigurosas de textos en ocasiones muy selectos.
Por todo ello, el volumen que presentamos no sólo es expresión de una académica actividad celebrada en Sevilla, sino también lugar de información y estudio sobre la filosofía fenomenológica. Aunque se haya demorado un tanto esta publicación, vaya desde aquí nuestra felicitación a los organizadores y participantes en el congreso, así como a sus editores. Lástima que obras de esta clase no suelan tener la difusión que merecen.
Juan A. García González
En el año 2000 se cumplía el centenario de la aparición de las Investigaciones lógicas de Husserl. Para conmemorarlo la sociedad española de fenomenología (SEFE: www.cica.es/aliens/sefe) y el departamento de metafísica de la facultad de filosofía de la universidad de Sevilla organizaron el congreso cuyas actas ahora se editan. Aunque estas actas no hayan sido tan fieles como algún insensato hubiese podido figurarse que fuesen (p. 14), al menos porque sólo recogen la palabra-texto y no la palabra-voz, dan una muy buena idea de la pujanza de los estudios fenomenológicos en la actualidad, y constituyen un merecido homenaje a ese maestro, promotor de la filosofía en el siglo veinte, que fue Edmundo Husserl.
El volumen recoge treinta y siete trabajos agrupados en dos partes. La primera, en torno a las Investigaciones lógicas y estudios husserlianos, reúne aportaciones específicas sobre la obra cuyo centenario se conmemoraba y en torno a la fenomenología de Husserl. La segunda se reserva a desarrollos y otros estudios de corte fenomenológico, centrados sobre autores como Heidegger, Fink, Gadamer, Habermas...
Como un reflejo de la altura académica del congreso, cabe mencionar las colaboraciones de Rudolf Bernet, director del archivo Husserl de Lovaina, sobre la conciencia del tiempo; la de Lester Embree, presidente de la organización de asociaciones fenomenológicas, titulada la constitución de la cultura básica; y la de Jocelyn Benoist, de los archivos Husserl de París, sobre la teoría del nombre propio. Apreciable también la naturaleza internacional del congreso, con contribuciones de autores que se desempeñan profesionalmente en Buenos Aires, Cali, Evora, Lisboa, Lima, México, Milán, Praga...
De entre los españoles Javier San Martín escribe sobre la reducción fenomenológica y el comienzo de la filosofía; César Moreno sobre la intuición y la donación de sentido, con una bonita reflexión sobre lord Chandos; Mª Carmen Paredes sobre la intuición categorial; José Villalobos sobre fenomenología y creación poética; Alicia Mingo sobre la trascendencia fenomenológica; Jesús Conill compara la hermenéutica genealógica y la fenomenológica con algunos autores de la más reciente filosofía española: Ortega y Zubiri; Urbano Ferrer estudia a Alfred Schütz; Mª Luz Pintos encuentra en la recuperación de la animalidad una utilidad de la fenomenología cien años después; por sólo mencionar algunos ejemplos de los muchos y buenos trabajos reunidos en este volumen.
A la pluralidad temática que se entreve por lo dicho, habría demás que añadir la precisa documentación que acompaña a los trabajos publicados, con citas muy rigurosas de textos en ocasiones muy selectos.
Por todo ello, el volumen que presentamos no sólo es expresión de una académica actividad celebrada en Sevilla, sino también lugar de información y estudio sobre la filosofía fenomenológica. Aunque se haya demorado un tanto esta publicación, vaya desde aquí nuestra felicitación a los organizadores y participantes en el congreso, así como a sus editores. Lástima que obras de esta clase no suelan tener la difusión que merecen.
Juan A. García González
PETERS, S.; WESTERSTÄHL, D., Quantifiers in Language and Logic, Clarendon, Oxford University, Oxford, 2006, 528 pp.
14 de Februar de 2007. 06:12 nachm.
Cuantificadores en el lenguaje y la lógica, aplica el proyecto ´Nueva fundamentación a partir de elementos primitivos (Urelements)’ de Barwise y Moss al modo de justificar la contabilidad efectiva usada por el lenguaje natural, convencional o matemático para reconocer sus respectivos ámbitos de definición e indefinición a través una aplicación empírica concreta. En efecto, según Peters y Westerstähl, la efectiva articulación de los múltiples cuantificadores de segundo orden (como los operadores ‘más’ o ‘menos’ de tantos, la ‘mitad’ de tantos, la ‘mayor parte’, ‘siempre’, ‘a menudo’, ‘raramente’, así como otras formas de cuantificación encubierta, requieren la previa justificación funcional de un orden compositivo natural a partir de dos cuantificadores primitivos de la lógica de predicados de primer orden, especialmente el cuantificador existencial (‘algún o al menos uno’) y el universal (‘todos’ o ‘cualquier’), al modo como en su día ya fue señalado por Aristóteles y Frege, aunque con una salvedad: en vez de recurrir a las leyes de subalternación entre proposiciones del silogismo aristotélico o a las tablas analíticas de verdad de la lógica de proposiciones para la resolución de este tipo de problemas, ahora la teoría de modelos de la lógica contemporánea ha localizado un procedimiento de decisión aún más básico, a saber: las técnicas semánticas y sintácticas con que Ehrenfeucht-Fraïsse prolongó algunas sugerencias de Ramsey y Hempel, a fin de garantizar la definibilidad o indefinibilidad de los distintos operadores cuantificacionales en un determinado ámbito de aplicación, en la medida que les atribuyen unas relaciones cuantitativas de bisimilitud y de inter-cambiabilidad o equivalencia respecto a una base de aplicación empírica, sin necesidad de recurrir a las tablas analíticas de verdad de la lógica proposicional, como hasta entonces había sido habitual. Además, ahora este tipo de propuestas se enmarcan dentro del proyecto ´Nueva fundamentación a partir de elementos primitivos (Urelements)’ de Barwise y Moss, que precisamente define a cada uno de estos elementos primitivos del sistema en virtud de la operatividad práctica que en cada caso se demuestra. De este modo los operadores cuantificacionales se conciben al modo de unos elementos primitivos (Urelements), ya que aportan un lenguaje natural cuantificado inherente a los lenguajes lógico-matemáticos y a los lenguajes meramente convencionales, según se resalten en cada caso los rasgos más globales de tipo sistemático o los rasgos casuísticos de tipo local.
Precisamente la novedad de esta nueva formalización de los operadores cuantificacionales consiste en ampliar el uso meramente lógico que de ellos hizo Aristóteles, o el uso estrictamente funcionalista de Frege, para atribuirles una función contable muy precisa respecto de los presupuestos metateóricos, metalingüísticos y metamatemáticos que a su vez consagran la definibilidad o indefinibilidad de estos mismos operadores cuentificacionales. A este respecto Peters y Westerstähl rechazan el tratamiento excesivamente rígido dado por el superevaluacionismo epistémico a la vaguedad de los conceptos, al modo como ya Keefe había señalado en Williamson (47-48), a pesar de que tampoco trata de resolver la polémica sobre si se debe atribuir a estos operadores un carácter sincategoremático o categoremático, analítico o sintético, sintáctico o semántico, lógico o también lingüístico. En cualquier caso la teoría de modelos ya no prejuzga la validez de un supervaluacionismo epistemológico excesivamente rígido que exige la referencia obligada a un concepto de superverdad y una ulterior aplicación excesivamente estricta de un principio de bivalencia. En su lugar más bien se fomenta un uso pragmático de estos operadores cuantificacionales a fin de poder armonizar el lenguaje natural, convencional y lógico-matemático respecto de su correspondiente base empírica, admitiendo otros usos aún más diversificados y polivalentes de estos mismos principios, sin necesidad de modificar los postulados teóricos del anterior supervalucionismo epistemológico.
A este respecto la monografía sigue una estrategia muy precisa para mostrar las propiedades metateóricas, metalingüísticas y metalógicas que se deben atribuir a este tipo de operadores cuantificacionales desde un punto de vista natural, convencional y lógico-matemático, sin por ello cuestionar otros aspectos de estos operadores que aún siguen siendo profundamente polémicos. Se justifica así el peculiar isomorfismo y la amplitud creciente o decreciente del modo monotónico o no-monotónico habitualmente seguido para restringir la extensión de cada uno de estos operadores cuantificacionales, a fin de garantizar las relaciones de bisimilitud que pretenden mantener con su respectiva base empírica. Se justifica así la aparición de diversas relaciones de determinación e indeterminación, de concreción o vaguedad, de universalidad estricta o simplemente contextual, a fin de separar las peculiaridades de estos tres órdenes distintos pero complementarios de los modelos de cuantificación propios del lenguaje natural, a saber: a) la cuantificación semántica de primer orden; b) la cuantificación sintántica, analíticamente componible y bidireccional o de segundo orden, en la que preferentemente se fijó Aristóteles; y c) la cuantificación ramificada o funcional que la lógica contemporánea ha desarrollado a partir de Frege, tratando de resaltar las diferencias existentes entre estos tres usos posibles de los cuantificadores operacionales e interrelacionándolos recíprocamente entre sí. Se resalta así la capacidad de justificar el isomorfismo y la bisimilitud creciente que estos operadores cuantificacionales mantienen respecto de su correspondiente campo de aplicación. Pero a la vez también se justifica la posibilidad de intercambiarlos mediante relaciones contables de amplitud y extensión cada vez mayor, interrelacionando supuestos de valor recíprocamente equivalente. El usuario del lenguaje natural lograría así una mayor capacidad de decisión a la hora de precisar la definibilidad o indefinibilidad de estos mismos operadores, en la medida que también serían capaces de justificar las relaciones de equivalencia y de bisimilitud que a su vez mantienen entre sí y con la correspondiente base empírica. Sin embargo ahora también se reconoce un gran número de cuestiones polémicas que siguen rodeando a la naturaleza intrínseca de este tipo de operadores cuantificacionales. Especialmente si se debe atribuir a este tipo de operadores de un carácter estrictamente sintáctico, lógico y estrictamente sincategoremático, o más bien un valor semántico y con un significado claramente categoremático, defendiendo finalmente la intrínseca componibilidad de ambos puntos de vista.
Para alcanzar estas conclusiones la monografía se divide en cuatro partes y quince capítulos: a) Las concepción lógica de los cuantificadores y de la cuantificación analiza dos aspectos de la posición heredada sobre el tema: 1) Breve historia de la cuantificación analiza la evolución del problema desde Aristóteles, Peirce, Russell y Frege, así como por la posterior teoría de modelos; 2) La emergencia de un tratamiento generalizado de los cuantificadores en la lógica moderna analiza el análisis semántico, sintáctico o ramificado, analíticamente componible y funcional de este tipo de operadores cuantificacionales;
b) Cuantificadores del lenguaje natural analiza específicamente la emergencia de otros rasgos aún más básicos de este tipo de lenguaje, a saber; 3) Los cuantificadores tipo 1 (semántico) del lenguaje natural y lógico describe el isomorfismo de los operadores cuantificacionales respecto de su correspondiente base de aplicación empírica, así como su ulterior extrapolación a una extensión de supuestos analíticamente equivalentes; 4) Los cuantificadores tipo 1, 1 (sintáctico) del lenguaje natural contrapone estos operadores respecto a su anterior uso semántico, comprobando la aplicación de un álgebra de Boole, así como la posibilidad de relativizarlos respecto de un ámbito de aplicación más restringida, si así lo exige su correcta definición respecto de un isomorfismo empírico ya dado; 5) Cuantificadores monotónicos justifica los procesos de cuantificación creciente o decreciente que a su vez genera la dependencia cada vez más ramificada entre el uso semántico y sintáctico de estos operadores, a fin de lograr una efectiva comprobación experimental de una hipótesis en su respectivo ámbito de aplicación; 6) Simetría y otras propiedades relacionales de los cuantificadores de tipo 1.1 (sintácticos) analiza las relaciones de simetría y asimetría que ahora se establecen entre los cuantificadores muchos y pocos, o entre los diversos usos aceptables o inaceptables del uso restrictivo del existencial “este”, a fin de conservar la extensión otorgada a un determinado operador cuantificacional a partir de la componibilidad analítica que mantienen con el resto de los operadores; 7) Los cuantificadores posesivos analiza este procedimiento habitualmente seguido para determinar la aplicación de un operador cuantitativo mediante el recurso a la relación de poseedor, otorgándole una mayor capacidad de intercambiabilidad o equivalencia, aunque sea a costa de disminuir su isomorfismo y monotonicidad respecto a la correspondiente base empírica; 8) Cuantificadores exceptivos contrapone este segundo procedimiento habitualmente seguido para restringir la aplicación de un operador cuantificador respecto de la fijación de las condiciones meramente negativas, que más que excluir casos particulares pretenden caracterizar el uso dado a un operador de este tipo. Se distinguen una versión débil y otra fuerte, según el grado de ganancia que obtengan de isomorfismo, a costa de perder en intercambiabilidad; 9) ¿Qué cuantificadores son lógicos?, contrapone el isomorfismo de los cuantificadores semánticos respecto de la intercambiabilidad exigida a los operadores sintácticos, así como a los conectivos y constantes lógicas; 10) Algunos cuantificadores poliádicos del lenguaje natural analiza diversos procesos de reasunción, ramificación y reciprocidad entre operadores híbridos que a su vez dan lugar a procesos de cuantificación aún más complejos;
c) Comienzo de una teoría de la expresividad, la traslación y la formalización aplica la teoría de modelos a la revisión de algunos presupuestos del supervaloracionismo epistemológico a la hora de enjuiciar las situaciones de incertidumbre y vaguedad, con dos objetivos: 11) El concepto de expresividad comprueba las condiciones exigidas a los procesos de traslación de formulas bien formadas, con especial referencia a las nociones de finito e infinito, a fin de poder justificar los presupuestos que hacen posible su equivalencia e identidad; 12) La formalización: expresividad, definibilidad, componibilidad justifica los límites pragmáticos de la equivalencia lógica o analítica respecto de la equivalencia semántica, prolongando algunas sugerencias del supervaloracionismo epistemológico de Williamson o Serensen, con el que sin embargo discrepa (p. 420). Se justifican así los distintos mecanismos de traslación analítica componible mediante el procedimiento pragmático de los mapas conceptuales, contraponiéndolos a otras formas de definición y de reglas de formación semántica;
d) Resultados lógicos sobre la expresabilidad con aplicaciones lingüísticas, justifica diversos criterios pragmáticos para resolver los tres problemas más acuciantes planteados por el supervaloracionismo epistemológico a la hora de abordar las situaciones de incertidumbre, las asimetrías y la vaguedad de las respectivas ámbitos de aplicación de estos operadores cuentificacionales: 13) La definibilidad y la indefinibilidad en un lenguaje lógico: instrumentos para los casos monádicos, justifica el criterio pragmático básico para declarar que un operador cuantitativo es definible o no, mediante las ya mencionadas técnicas semánticas y sintácticas de Ehrenfeucht-Fraïsse. Un operador cuantificacional garantiza su definibilidad si se posee un procedimiento capaz de comprobar en un caso empírico concreto el estricto isomorfismo que debe mantener con su respectiva base de aplicación, así como la conservación de las subsiguientes relaciones de equivalencia en los sucesivos niveles de lenguaje objeto o de metalenguaje en que pueda expresarse, declarándole indefinible en caso contrario; 14) Aplicaciones de la definibilidad monádica fomenta un uso pragmático de los criterios estrictos de bivalencia y analiticidad del supervaloracionismo epistémico para compatibilizar las anteriores pruebas de indefinibilidad con la existencia de diversos grados de expresividad y de monotonicidad y probar así su respectiva definibilidad; 15) Prueba EF (de la indefinibidad) de los cuantificadores poliádicos, recurre a las técnicas de Ehrenfeucht-Fraïsse (EF) para mostrar cuando los operadores cuantificacionales son definibles y cuando no, así como para mostrar sus respectivos grados de expresividad y de monotonicidad.
Para concluir una reflexión crítica. Peters y Westerstähl tratan de justificar la doble indefinición de los operadores cuantificadores de primer y segundo orden, mostrando a su vez como son recíprocamente componibles entre sí en el marco de una teoría de modelos aún más abierta. Sin embargo ahora se reconoce la incapacidad de fijar un procedimiento de cuantificación verdaderamente bisimil respecto de la correspondiente base empírica, que a su vez sea capaz de garantizar una efectiva intercambiabilidad y equivalencia de este tipo de operadores cuantificacionales en las totalidad de los mundos posibles. Más bien se reconoce que sólo se puede garantizar un tipo de cuasi-equivalencia y de semi-similitud, que en su caso quedaría restringida a un determinado ámbito de aplicación, sin poderla ya extrapolar a todos los mundos posibles, como en principio pretendería el lenguaje natural verdaderamente tal. Con este fin se fomenta más bien un uso pragmático de este tipo de cuantificadores, sustituyendo la equivalencia por unas simples relaciones de cuasi-equivalencia, y la bisimilitud por unas simples relaciones de semi-similitud, dejando a su vez como una simple cuestión abierta un gran número de cuestiones tradicionalmente consideradas decisivas. Por ejemplo, la caracterización o no de este tipo de operadores como unos principios ‘a priori’, analíticos, o estrictamente sincategoremáticos. Evidentemente un uso pragmático de este tipo de operadores permite evitar un rechazo injustificado de aquellos casos límite (bordeline) que no respetan el principio de bivalencia, como con frecuencia ha sido objetado por el supervaloracionismo epistemológico más estricto, como es el caso de Williamson o Sorensen. Sin embargo una vez que se ha hecho esta opción, ¿no habría que reconocer las situaciones de doble indefinición intencional y extensional ahora generadas por esta relaciones de cuasi-equivalencia y de semi-similitud, tanto respecto de la lógica de predicados de primer como respecto de los de segundo orden, según se otorgue una primacía a los criterios de bisimilitud utilizados por el lenguaje objeto, o a los criterios de equivalencia e intercambiabilidad del metalenguaje, sin que tampoco en estas circunstancias sea posible establecer entre ellos una articulación composible verdaderamente satisfactoria? En cualquier caso el procedimiento ahora utilizado para delimitar las clases o conceptos plantea el problema de la doble vaguedad de los conceptos así relacionados, aunque se trata de un problema que ahora tampoco se ha analizado.
Carlos Ortiz de Landázuri
MELLOR,.; D. H.; Probability: A Philosophical Introduction, Routledge, London, 2005, 152 pp.
14 de Februar de 2007. 06:12 nachm.
Probabilidad: Una introducción filosófica, comprueba el giro pragmático operado en el modo postmoderno de abordar la probabilidad, volviéndose a replantear un gran número de paradojas históricamente dadas por resueltas. En efecto, según D. H. Mellor, hoy día se admite la posibilidad de cuantificar un gran número de situaciones hasta hace poco consideradas improbables obligando a retrotraer este tipo de análisis a un momento previo. En vez de establecer límites preestablecidos entre lo necesario y lo improbable, ahora se antepone la constatación de un gran número de situaciones casuales, ocasionales, aleatorias o simplemente azarosas (chance), sin que ello sea obstáculo para postular la posibilidad de un cálculo probabilista capaz de cuantificarlas. Se prolongan así algunas propuestas del 'Nuevo dualismo' de Hempel, siguiendo a su vez algunas sugerencias de Ramsey, Braithwait, Lewis y Jeffrey, a los que se dedica la monografía. Se logra así una articulación de tipo pragmático entre el triple enfoque físico, epistémico y subjetivo acerca de la probabilidad, con un objetivo muy preciso: dejar de considerar el cálculo frecuencial como una derivación evidente de una lógica deductiva en sí misma apriorista, cuando más bien se debería retrotraer este tipo de análisis a un momento previo, a saber: tomar como punto de partida una lógica inductiva que logre hacer explícitos los presupuestos implícitos en la correlación causal de tipo humeano que el cálculo frecuencial establece entre un conjunto de eventos absolutamente aleatorios y recíprocamente independientes, sin llevar a cabo una reflexión previa sobre la importancia de este momento previo. De hacerlo, el cálculo frecuencial abandonaría su carácter apriorista, para justificarse en virtud de una correlación cuantificable que ahora se establece entre eventos que basculan entre dos valores extremos: 1, cuando la correlación es válida en todos los casos; 0, cuando la correlación no es válida en ningún caso. Por su parte el cálculo frecuencial es el procedimiento matemático seguido para fijar los posibles valores intermedios en cada caso concreto, así como para justificar las distintas evidencias epistémicas y subjetivas necesarias para lograrlo. A este respecto Mellor distingue tres posibles niveles interpretativos del cálculo frecuencial:
a) La probabilidad física viene dada por la interpretación objetiva del cálculo frecuencial cuando se refiere a situaciones casuales o simplemente aleatorias que se producen en el mundo físico. Sin embargo esta probabilidad física ya no se interpreta como resultado de un tipo peculiar de posibilidad modal compatible con otros tipos de necesidad, como ocurría en la metafísica clásica. Ahora más bien se establece entre este tipo de eventos una correlación causal humeana de tipo fáctico e hipotéticamente limitada a una serie de acontecimiento en sí misma finita, aunque ilimitadamente creciente.
b) La probabilidad epistémica interpreta el cálculo frecuencial como una medición de los diversos grados de creencias desde 0 a 1, incluyendo también las evidencias en si mismas necesarias e imposibles. La novedad estriba en la indistinta remisión inicial de todas ellas a una base empírica igualmente aleatoria, donde además de estas dos caben también el resto de las posiciones intermedias. Se contrapone así lo imposible respecto de lo improbable y lo necesario, distinguiéndolos exclusivamente por el tipo de decisión a tomar en cada caso a la hora de tratar de hacer explícita la evidencia implícita en su respectiva base empírica, según sea 0, 1 u otro valor intermedio, sin atribuirles ya un tipo de verdad cualitativamente distinto.
c) La probabilidad subjetiva o condicionada interpreta estas mismas frecuencias como el procedimiento de confirmación de la evidencia implícita en una relación causal humeana mediante una aplicación estricta del teorema de Bayes. Según este teorema la probabilidad condicionada de un suceso (A) respecto de otro (B), es directamente proporcional a la probabilidad ya comprobada o ‘a priori’ de la conjunción de ambos eventos A y B, e inversamente proporcional a la probabilidad aislada del segundo evento B. En todo momento se presupone la referencia a eventos recíprocamente independientes, aunque interrelacionados, manteniendo entre ellos una correlación meramente fáctica.
En principio el teorema de Bayes se formula para series de eventos finitas y limitadas, pero su validez está condicionada a su vez por el número de verificaciones realizadas. Por eso el teorema de Bayes permite la sucesiva incorporación de los resultados de las nuevas observaciones, logrando así que las probabilidades ‘a priori’ pasen a ser consideradas ‘a prosteriori’, en la medida que corrigen sus resultados, según confirmen o no las anteriores expectativas. Se justifica así el paso paulatino de una probabilidad subjetiva a otra epistémica y estrictamente física, sin concebirla ya como el resultado de un cálculo frecuencial de tipo deductivo, sino más bien como resultado de un proceso inductivo que logra hacer explícita la verdad implícita contenida desde un principio en aquellos hechos de la experiencia. Para Mellor la justificación de este paso requiere el estricto seguimiento de una regla de rectitud donde estas extrapolaciones desde series finitas a otras infinitas o frecuenciales se justifican en virtud de la ley de los grandes números, previa demostración de la independencia y la simultánea intercambiabilidad de los factores interrelacionados, siguiendo a su vez el triple procedimiento probabilista ahora indicado.
Para justificar estas conclusiones la monografía da diez pasos: 1) Tipos de probabilidad diferencia las tres interpretaciones posibles de la probabilidad; 2) La probabilidad clásica contrapone las interpretaciones metafísicas o modales de la probabilidad respecto de la anterior interpretación epistémica antes señalada; 3) Frecuencias introduce la interpretación humeana de la casualidad como una simple conjunción de sucesos en sí mismos independientes y absolutamente aleatorios; 4) Posibilidades y propensiones rechaza la interpretación de la probabilidad como una simple ‘equiposibilidad última’ de tipo modal para tomarla más bien como una propensión o tendencia implícita (‘ergodic hipothesis’) que logra explicitar sus presupuestos implícitos mediante la este triple uso del cálculo frecuencial; 5) Creencias interpreta el cálculo frecuencial, incluyendo ahora también las verdades necesarias, como una medida de los grados de riesgo, al modo como sucede en el cálculo de apuestas; 6) Confirmación interpreta el cálculo de frecuencias como una explicitación de una conclusión implícita en una evidencia inductiva previa; 7) Condicionalización reinterpreta el cálculo frecuencial como un proceso psicológico de formación de creencias siguiendo el método de Bayes; 8) Génesis de las creencias reconstruye el proceso de proceso de formación de creencias subjetivas del método de Bayes mediante una clara contraposición de las probabilidades ‘a priori’ (‘input’) respecto de las ‘a posteriori’ (‘output’); 9) Cuestiones bayesianas analiza las ventajas derivadas de esta triple interpretación del cálculo frecuencial a fin de evitar el carácter pisologista y decisionista del cálculo de probabilidades subjetivas; 10) Casualidad, frecuencia y creencia analiza la ley de los grandes números y el tipo de independencia e intercambiabilidad atribuido a los eventos a los que se aplica este triple interpretación del cálculo frecuencial.
Para concluir una reflexión crítica. Mellor ha mostrado como el giro pragmático operado hoy día en el modo de abordar el cálculo de probabilidades, exige extrapolar a todos los eventos posibles su consideración como eventos absolutamente independientes y aleatoriamente intercambiables, sin poder ya hacer excepciones. Se vuelve así a una interpretación humeana de la probabilidad como una mera ‘conjunción constante’ entre acontecimientos en sí mismos independientes y a la vez intercambiables, como si desde un principio estos presupuestos ya estuvieran implícitos en la propia experiencia, sin advertir que esto era precisamente lo que afirmaba la interpretación metafísica modal de la probabilidad, que ahora se rechaza. Evidentemente se trata de una propuesta enormemente polémica en la filosofía empirista ya en los tiempos de Ramsey y Hempel, que fueron los primeros que recuperaron estas propuestas de Hume. Pero con independencia de este debate, hay otra cuestión quizás más inmediata. A pesar de pretender ampliar las aplicaciones del cálculo frecuencial, sin embargo ahora el cálculo de probabilidades genera un proceso cada vez más generalizado de doble improbabilidad, tanto en un ámbito teórico como respecto de sus posteriores aplicaciones prácticas a la experiencia, dado que si no se pueden justificar los dos valores extremos 0 y 1, tampoco se podrán justificar los intermedios. Hasta el punto que ahora tampoco parece que se puedan evitar las numerosas situaciones de doble indefinición contable, intencional y extensional, como desde Descartes se ha reprochado al cálculo de predicados.
Carlos Ortiz de Landázuri
SHAPIRO, Steward; Vagueness in Context, Claredon, Oxford University, Oxford, 2006, 226 pp.
27 de Juni de 2006. 08:29 vorm.
Vaguedad en contexto recurre a la argumentación dieléctica característica de la teoría de modelos, a fin de evitar las paradojas generadas por la vaguedad de los conceptos en el superevalucionismo epistemológico. En efecto, Williamson y Sorenson tuvieron que alegar una ignorancia epistémica insuperable, o una futura aplicación del principio de bivalencia aún más estricta, a fin de evitar la aparición de casos límite en sí mismos ambiguos o una paradoja del sorites aún más irresoluble, aceptando en ambos casos el eslogan superevaluacionista, "la verdad es superverdad", es decir, la verdad a nivel del lenguaje objeto también debe serlo a nivel del metalenguaje correspondiente, como les criticó Rosana Keefe. En cambio Steward Shapiro defiendo un superevaluacionismo de tipo pragmático, que le permite invertir este tipo de argumentos siguiendo a su vez las propuestas de algunas lógicas intuicionsitas, como la de Dummett. En su opinión, el reconocimiento de ámbitos de vaguedad a la hora de determinar el significado pragmático de un concepto debería ser compatible con la referencia a una noción de superverdad y con la aplicación de un principio de bivalencia por parte de los metalenguajes lógicos, siempre y cuando previamente se dispusiera de diversos criterios de tolerancia respecto de la posible aparición de ulteriores casos límite en un ámbito concreto de aplicación. Se evitaría así la pretensión del supervaloracionismo epistémico de excluir totalmente la vaguedad en nombre de un ideal de precisión excesivamente rígido, sin tampoco fomentarla de un modo indiscriminado, como pretende el multivaloracionismo epistémico, cuando de hecho ambas son necesarias.
Evidentemente al hacer esta propuesta Shapiro presupone en los usuarios del lenguaje una maestría en la interpretación del lenguaje conversacional de las diversas lenguas habladas, o de las diversas lógicas alternativas, concretamente en la lógica fuzzy (p. 11), a fin de evitar las dos principales paradojas generadas por la vaguedad de los conceptos, a saber: a) las contradicciones generadas por la ambivalencia verdadero-falso de los casos límite respecto a una determinada propiedad; y b) la ulterior aparición de una paradoja del sorites o del montón, que a su vez generan los casos límite de segundo orden, cuando la propiedad transitiva atribuida a este tipo de conceptos o clases genera un proceso al infinito respecto al posible número de casos límite, tanto respecto a una determinada propiedad como a su negación, sin tampoco poder evitar su extrapolación a todos los elementos de la serie. Al menos así sucede con la paradoja del calvo-melenudo, o de los montecillos-montoncetes o del culibajo-jorobadete (en el popular personaje Tientetieso o Humpty Dumpty, similar a un huevo, de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll), sin tampoco poder ya aplicar un punto medio de inflexión entre uno a otro concepto, al modo como sucede en la contraposición cóncavo-convexo. Sin embargo sería posible introducir nuevos criterios de determinación y de tolerancia respecto a estos nuevos casos límite de segundo orden o de orden superior, si verdaderamente se logra desde un principio dar a la definición ajustada del concepto.
Evidentemente la aceptación de un sistema lógico de este tipo presupone ya una maestría a la hora de definir los conceptos y de aplicarlos por parte del locutor y del oyente, reconociendo el carácter contextualista y conversacional de los criterios de tolerancia e indeterminación fijados en cada caso. Sin embargo ahora también el propio concepto de maestría o competencia locutiva adolece de una doble vaguedad, tanto respecto a la determinación de su respectivo ámbito de aplicación como en la fijación de los respectivos grados de tolerancia, sin poderle exigir una precisión excesivamente rígida, ni tampoco una indeterminación excesivamente arbitraria. El criterio del locutor competente ideal se postula de nuevo como criterio último para fijar su validez de los criterios de determinación y de tolerancia en razón de los distintos contextos, aunque ahora también se toma prestada de los sistemas lógicos superevaluacionistas una poderosa herramienta para evitar la aparición de este tipo de paradojas, a saber: Exigir una base de aplicación que justifique los criterios de determinación y los índices de tolerancia utilizados en cada caso para justificar el posterior uso de un concepto. Sólo así se podrá utilizar la aparición de estas mismas paradojas para localizar una nueva base de aplicación, que a su vez permita postular una posible resolución de estos ulteriores casos de doble vaguedad o vaguedad de orden superior, sin necesidad de remitirse ya en ningún caso a una noción de superverdad. Se justifica así una ampliación de la teoría de la vaguedad más allá de la base de aplicación habitual, incluyendo también la referencia a objetos de tipo abstracto, cuasi-abstracto, o incluso metafísico, epistémico o metodológico, o a la propia noción de objetividad.
Para concluir una reflexión crítica: Steward Shapiro extrapola el tratamiento superevaluacionista de la vaguedad a la justificación de todo tipo de entidades abstractas, metafísicas o incluso metodológicas, siempre y cuando a su vez se les aplique una teoría de modelos capaz de evitar las paradojas generadas por sus posteriores aplicaciones de tipo pragmático. Sin embargo para justificar este paso sería necesario disponer de una base de aplicación proporcionada, así como de unos criterios de determinación y de tolerancia ajustados, que permitieran el tránsito desde los modelos de aplicación más simple a los más complejos. Sin embargo ahora este tránsito no se justifica ni siquiera en el caso más simple del paso desde los modelos de la lógica proposicional de primer orden a los modelos de la lógica de predicados de segundo orden. Shapiro propone a este respecto una teoría marco muy ambiciosa cuyo desarrollo pormenorizado debería ser objeto de distintas lógicas alternativas que deberían fijar los distintos criterios de determinación y tolerancia en la definición de cada concepto.
POTTER, Michael; Set Theory and its Philosophy. A critical Introduction, Oxford University, Oxford, 2006, 345 pp.
27 de Juni de 2006. 08:29 vorm.
Teoría de clases y su filosofía reconstruye el impacto que el Proyecto nueva fundamentación a partir de elementos originarios de Aczael, Barwise y Etchemendy tuvo en el modo tradicional de formalizar los conjuntos o clases, que el mismo había seguido en su anterior publicación de 1990, Clases. Una Introducción (Oxford University). En efecto, a lo largo de estos quince años la lógica formal progresivamente ha dejado de articularse alrededor de la noción de conjunto o clase, siguiendo el modelo axiomático-formal - según el cual "si una estructura satisface un axioma, entonces también satisface el teorema". En su lugar ha pasado a ocupar este lugar central la noción indefinible y extra-primitiva de nivel, fruto a su vez de una determinada historia (p. 41, Scott, 1974, y Derrick), suscitando a su vez un gran número de problemas filosóficos que anteriormente habían quedado desatendidos. En efecto, el axioma del esquema permitió la construcción de un determinado lenguaje objeto a partir de su respectiva base de aplicación, pudiendo justificar la elaboración de una formula bien formada a partir de un sólo elemento, si se dispone de un procedimiento para ajustarlo en su respectivo sistema formal.
Posteriormente se aplicó esta misma relación de nivel al resto de las categorías matemáticas, con un resultado un tanto sorprendente, a saber: se atribuyó a los conjuntos o clases un esquema o modo de operar dialéctico, capaz de tener en cuenta desde un principio los problemas generados por sus posteriores aplicaciones prácticas, sin depositar una confianza ciega en el desarrollo de un formalismo de tipo axiomático. En vez de pretender evitar la aparición de las paradojas lógicas estableciendo axiomáticamente las propiedades o requisitos de los conjuntos o clases, como puede ser la deductibilidad, la completitud y la decidibilidad, se siguió un procedimiento distinto, a saber: formalizar las relaciones entre niveles de rango distinto que ahora se establecen entre un formalismo lógico y su respectiva base de aplicación, justificando de este modo la deductibilidad, completitud y decidibilidad del sistema formal resultante, sin justificarlas a partir de un mismo esquema deductivo previo. Evidentemente en estos casos la jerarquización entre la base de aplicación, el lenguaje objeto y los sucesivos metalenguajes, o entre los elementos formalizados, los subconjuntos y los metaconjuntos, así como las diversas categorías extramatemáticas, matemáticas y metamatématicas, sigue generando el mismo tipo de paradojas, que ya aparecieron en Frege, Russell, Gödel, Burali-Forti, etc., aunque ahora se dispone de un procedimiento heurístico capaz de desactivarlas, a saber: otorgar una prioridad a la formalización de los distintos elementos individuales o descripciones definidas, que a su vez entran a formar parte de un conjunto o clase, ya sea para dar lugar a una lógica de clases de primer orden o de segundo orden, sin hacerlas depender de la aceptación inicial de una metateoría de las categorías matemáticas plenamente axiomatizada.
Michael Potter analiza desde esta nueva perspectiva diversos problemas heredados por la lógica de conjuntos o clases, a saber: 1) Colecciones desactiva el poder destructivo de las paradojas lógicas mediante la localización de un nivel metateórico superior con categorías metamatemáticas más complejas, que permite denunciar la extensión indefinida de determinados casos límite; al menos a esta conclusión llegó la lógica intuicionista de Dummett cuando criticó la vaguedad e indeterminación de las propiedades autoproductivas e indefinidamente extensivas de Russell (p.30); 2) Construcción contrapone dos modos de concebir las jerarquías existentes entre los conjuntos o clases, según se les aplique una estrategia regresiva que les exige mantener unas dependencias recíprocas de tipo constructivo, metafísico o simplemente axiomático; o, por el contrario, según se les aplique una estrategia intuitiva de relación entre niveles, siguiendo el consiguiente esquema de separación y de un primer principio de plenitud, para pasar a ser tomados como conjuntos bien fundados respecto de su correspondiente base de aplicación; al menos a esta conclusión llegó la crítica del sentido de Wittgenstein cuando rechazó la indeterminación de la axiomática formal de la teoría jerárquica de niveles de lenguaje de Russell; 3) La teoría de conjuntos o clases justifica los límites constructivos de la jerarquía de niveles en virtud de un segundo principio de plenitud, exigiendo la formalización inicial de al menos un elemento bien formado de su correspondiente base de aplicación, justificando así la aparición de un conjunto vacío, la división de un conjunto dado o la creación de nuevos niveles derivados, con su correspondiente conjunto potencia, sin recurrir ya a un principio de coherencia, o a una simple posibilidad lógica, al modo como ocurrió en aquellos otros presupuestos metafísicos o axiomáticos de tipo platónico. Se justifica así el papel desempeñado por el par ordenado de elementos individuales, las relaciones entre conjuntos o clases, las funciones, el axioma del infinito o las estructuras isomórficas entre dos o más conjuntos. En definitiva este proyecto de 'nueva fundamentación' sólo pretende resolver los problemas de numeración contable que presenta la base de aplicación de los conjuntos o clases, sin pretender extrapolarlos más allá de los límites inherentes a su peculiar esquema dialéctico de argumentación.
Michael Potter aplica este esquema dialéctico al análisis de las tres partes en que habitualmente se divide la lógica de conjuntos o clases, a saber: 1) Los números, que a su vez son el fundamento de la aritmética, de la contabilidad, de las líneas geométricas y de los números reales; 2) Los cardinales y los ordinales, ya sean finitos, transfinitos o infinitos, mediante su correspondiente aritmética básica; 3) Otros axiomas referidos a los tipos de infinito, al axioma de elección o a otros tipos de números cardinales. Además se añaden tres apéndices referidos a la axiomatización tradicional, a las clases, y a la distinción entre conjunto y clase. Pero es precisamente aquí donde surge el interrogante. Parece que estos proyectos de nueva fundamentación se conforman con dar una respuesta a los debates habituales de la lógica de conjuntos o clases, sin abrirse a otros desarrollos alternativos que mientras tanto se han vuelto habituales, como hoy día sucede con los desarrollos actuales de la lógica de la vaguedad y con los cálculos de la lógica borrosa o fuzzy. Sus propuestas han experimentado en estos últimos veinte años un auge extraordinario, plateando retos de fundamentación y de justificación muy acusados, que ahora tampoco se tienen en cuenta. No parecen despertar excesivo interés por parte de los filósofos de las matemáticas, cuando podrían servir de un magnífico banco de pruebas de lo ajustado de sus propuestas.
SORENSEN, Roy; Vagueness and Contradictions, Oxford University Press, Oxford, 2000, 200 pp.
31 de Januar de 2006. 09:07 nachm.
Vaguedad y contradicción comparte los principios básicos del supervaluacionismo analítico, a saber: la aplicación de un principio de bivalencia a toda posible proposición, sin admitir otro valor que la verdad o la falsedad, a pesar de admitir la inevitable presencia de casos límite absolutos en la delimitación de los conceptos como se pone de manifiesto en la paradoja del sorites. Por su parte Roy Sorensen contrapone dos posibles actitudes ante la inevitable aparición de este tipo de paradojas: La postura epistémica que atribuye el origen de la vaguedad de los conceptos a nuestra ignorancia acerca de a la posible sanación de los casos límite absolutos, en parte debido a la falta de precisión al definir los criterios de demarcación utilizados en el uso congruente de los conceptos, al modo señalado por Peirce, Brown, o más recientemente Williamson. Por otro lado, el supervaluacionismo analítico que antepone la necesidad de una crítica de sentido aún más estricta, que rechaza toda posible proposición o concepto que se atribuya una completitud desproporcionada respecto a su propio método de justificación, dando lugar a incongruencias y sinsentidos a la hora de delimitar su propio ámbito de aplicación, como ya fue señalado por Russell, Carnap, el primer Wittgenstein, Tarsky, Gödel, Quine o el propio Sorensen. Según Sorensen, la vaguedad en ningún caso se debe considerar como una ventaja que manifiesta la riqueza del lenguaje ordinario, o la capacidad de superar nuestra propia ignorancia al respecto, sino más bien como una patología del lenguaje ordinario producida por el mal uso de los apriorismos de la mente humana cuando pretende ir más allá de sus propios límites presumiendo de una completitud de la que carece, como se pone de manifiesto en la paradoja del sorites. Por eso se considera un sinsentido el seguir sirviéndose de unos criterios de demarcación en sí mismos incompletos cuando su localización corresponde más bien a la lógica y a la ciencia, más que a la epistemología.
MILLÁN-PUELLES, Antonio, La lógica de los conceptos metafísicos. Tomo I: La lógica de los conceptos trascendentales. Tomo II: La articulación de los conceptos extracategoriales, Rialp, Madrid, 2002, 2003, 319, 318 pp.
02 de Oktober de 2005. 10:54 nachm.
Las relaciones entre la lógica y la metafísica fueron pacíficas hasta que la crítica del sentido del siglo XX hizo responsables de la mayor parte de los sinsentidos presentes en el habla humana al mal uso de los mal llamados conceptos transcendentales. Sin embargo Antonio Millán Puelles discrepa de una conclusión tan precipitada. En su opinión, la filosofía clásica, tanto en su versión aristotélico-tomista como en la neoescolástica posterior, concibió los conceptos metafísicos desde una peculiar lógica transcendental capaz de invertir estos aparentes sinsentidos, para justificar en su lugar el profundo sentido metafísico latente en todas aquellas posibles paradojas, sin aceptar en ningún caso una posible escisión entre lógica, lenguaje y metafísica, como habitualmente se le reprocha.
A este respecto se reconstruye el orden lógico por el que se legitiman este tipo de reflexiones especulativas a un nivel de estricta segunda intención, en las complejas relaciones internas de subordinación y jerarquía que a su vez articulan el uso transcendental y categorial de los conceptos. Con este fin inicialmente se analizan críticamente algunas propuestas de algunos filósofos contemporáneos acerca de estas cuestiones, contraponiendo las propuestas de Husserl, Quine, Goodman o Geach a este respecto. Además, posteriormente, se prolongan numerosas propuestas de los distintos autores clásicos a lo largo de la historia, ya se trate de Aristóteles, Aquinas, Cayetano, Suarez, Juan de Santo Tomás o los ya contemporáneos Marechal, Ramirez, Gilson, Fabro o Aersten, entre otros muchos, contraponiéndolos a su vez a la metafísica racionalista de Descartes, Espinosa, Leibniz o Kant, al neokantiano Schelling o a la hermenéutica de Heidegger, confirmando en todos estos casos un mismo diagnóstico: la lógica transcendental de la filosofía clásica justificó el uso compartido de un sistema ordenado de conceptos metafísicos, sin provocar por ello una escisión creciente entre lógica, lenguaje y metafísica, como con tanta frecuencia se le ha reprochado.
Para justificar estas conclusiones la investigación se divide en dos partes, subdividadas a su vez en dos o tres subsecciones, precedidas de una introducción o preámbulo. Con este fin en la introducción de la primera parte se analiza la naturaleza irrestrictamente universal tanto de la metafísica como de la lógica, sin que la filosofía clásica sea ajena a la exigencia de elaborar una peculiar lógica de los conceptos metáfísicos, ya se les asigne un rango lógico a nivel categorial, extracategorial o estrictamente transcendental, con una secuencia histórica muy clara, por más que posteriormente haya sido malinterpretada. A este respecto en la primera parte se analizan dos problemas principales:
1) La separación existente entre los conceptos categoriales y transcedentales, señalando tanto las coincidencias como las divergencias respectivas. Sólo así fue posible aplicar a los segundos un tipo de abstracción imperfecta aún más inclusiva, siguiendo un método de la separación metafísica, capaz de evitar cualquier posible confusión con el carácter excluyente de la abstracción perfecta aplicada habitualmente a los conceptos ordinarios o al propio lenguaje, a fin de no absolutizarlos ni tampoco fomentar un uso meramente nominalista;
2) Justificar las relaciones de fundamentación, sistematización y jerarquización recíproca existente entre los diferentes conceptos transcendentales a partir de lo que se considera la propiedad lógica básica y específicas de la noción de ente: la aseidad o su capacidad inherente (de suyo) de apropiación de sus respectivos atributos o propiedades en virtud de un proceso de simple aprehensión, por tratarse de un requisito previo a la formulación de los primeros principios, especialmente el de no contradicción. Se justifica así tanto la prioridad lógica de la noción de ente, como la posterior derivación del resto de las demás propiedades transcendentales mediante un detallado examen analítico, ya se trate de la cosa o ‘res’, el algo o ‘aliquid’, la unidad, la verdad y la bondad, fundamento a su vez de lo bello o ‘pulchrum’.
En el preámbulo de la segunda parte se justifica la necesidad de incluir en el sistema de los conceptos metafísicos otros conceptos extracategoriales atribuibles a los entes en general, aunque desde un punto de vista lógico sólo se les atribuya una universalidad restringida o imperfecta, sin poderles atribuir ya un rango estrictamente transcendental. En este sentido se analizan tres situaciones:
1) Los postpredicamentos a los que se les asigna una naturaleza intracategorial superior a los predicamentos, atribuyéndoles un rango en si mismo extracategorial, aunque se trate de atributos en sí mismos finitos, como de hecho ocurre con los cinco postpredicamentos tradicionales: la oposición, lo anterior, lo simultáneo, el movimiento y el tener o hábito, sin poderles atribuir ya un rango metafísico ni tampoco estrictamente transcendental;
2) Los atributos divinos propios de una naturaleza infinita, metafísica y extracategorial a la que se atribuye una aseidad plenamente autosuficiente desde un punto de vista lógico para apropiarse este tipo de predicados, tanto en el plano entitativo como operativo, aunque desde el punto de vista lógico sólo se les puede atribuir una universidad mínima, aplicable a un único caso – Dios -, sin tampoco poderles atribuir un rango propiamente transcendental, aunque en este caso se trate de propiedades metafísicas propias de una naturaleza en sí misma infinita;
3) Las perfecciones puras y restringidamente universales, siendo perfecciones que o bien se poseen o no se poseen, y generan una oposición lógica de tipo contradictorio, atribuible indistintamente a las naturalezas de tipo metafísico y no metafísico, aunque sin poderles atribuir grados intermedios ni un rango estrictamente transcendental, como por distintas razones ahora ocurre con la transobjetividad, la actualidad, la vida, o con la capacidad de ser objeto de la intelección y la volición discursiva racional. Hasta el punto que la filosofía clásica atribuye a estos dos últimos tipos de conceptos extracategoriales una articulación interna propia de la lógica de los conceptos metafísicos.
Para concluir dos advertencias al lector. En primer lugar Millán Puelles sigue defendiendo la misma vía aporética previa utilizada en su Teoría del objeto puro a fin de demarcar los límites entre lo transcendental y lo categorial, o entre lo natural y lo arbitrario, o entre lo supraconvencional y lo convencional, aunque ahora se presuponen este tipo de disquisiciones. En segundo lugar se inicia un ambicioso proyecto programático de investigaciones lógicas en el que destaca su capacidad de abordar el análisis de las así llamadas perfecciones metafísica puras, con independencia de que este tipo de análisis se sitúe al principio o al final de la investigación. A este respecto cabría preguntarse, ¿la noción clásica de sentido, presente en la tradición clásica cuando Aristóteles se refiere a los sentidos del ser, o cuando Aquinas se refiere al sentido de la fe o ‘sensus fidei’, o cuando la neoescolástica posterior analizó los múltiples sentidos de la noción de mundo o del propio yo, podría cumplir los requisitos exigidos por este tipo de perfecciones metafísicas puras, al modo como ahora también ocurre con la noción de transobjetividad? Y de contestarse positivamente a esta pregunta, también cabría formular una segunda cuestión: ¿La articulación de estos diversos conceptos metafísicos se podría concebir como un análisis de las condiciones de sentido previas exigidas por el logro de una transobjetividad de tipo lógico por parte de los diversos entes de razón, incluido ahora también el propio lenguaje, al modo como ahora aquí se sugiere?
M. HEIDEGGER, Lógica. La pregunta por la verdad, traducción de J. Alberto Ciría, Alianza, Madrid, 2004
02 de Oktober de 2005. 10:16 nachm.
Logik. Die Frage nach der Wahrheit, una obra que se corresponde con el curso de Lógica que impartió Heidegger en Marburgo el semestre de invierno de 1925-1926 y que ha sido publicado en el volumen 21 de la Gesamtausgabe no es una de las obras de Heidegger que cuente con más éxito entre el público, pero existen, entre otros, dos motivos básicos que hacen de esta obra una obra que, a mi entender, debía ser traducida y por lo que es de agradecer a D. J. Alberto la buena traducción que ha sacado a la luz.
El primer punto por el que considero que esta traducción era precisa es pensando en el joven lector de filosofía que pretende hacerse una idea global del pensamiento del primer Heidegger, pues una de las virtudes de esta obra es la de abrir de una manera rápida, amena y sugerente una puerta de acceso al pensamiento del primer Heidegger: al ser una obra aún demasiado inicial se observa sin complejidades el punto originario desde el que Heidegger parte para el tratamiento de su obra más famosa Sein und Zeit, 1927, y también su interesante Kant und das Problem der Metaphysik, 1929, aquel punto de partida que es la relación entre el Ser y el Tiempo que como todo lector de Heidegger sabe es la relación entre Ser y Existente, pues el Tiempo es en Heidegger, entendido como cuidado, la nueva noción de tiempo que Heidegger nos propone para vivir auténticamente nuestra existencia como proyecto. Un acceso que se hace aún más ameno por la genial traducción que ha logrado D. J. Alberto, que comentaré al final de esta reseña.
El segundo punto, por el que considero que se trata de una traducción necesaria y un libro de lectura aconsejada, no apunta ya al joven lector inexperto, sino al estudioso de Heidegger: en la medida en que nos abre al punto de partida del pensamiento de Sein und Zeit, el problema de la verdad, este libro debe ser leído comparándolo con el Parmenides, GA 45, donde vuelve a ser tratado el problema de la verdad ahora con el descubrimiento que la importancia del acontecer epocal tiene para el tratamiento de la verdad. El Parmenides (libro fundamental e imprescindible para la comprensión del segundo Heidegger), semestre de invierno de 1942/43, 17 años más tarde (la lectura de Hölderlin, el descubrimiento de que el proyecto de la existencia hacia sus posibles propios no se hace en el vacío, sino desde una historia acontecida donde nos son dadas las palabras, ha sido Rector (1933), ha dejado de serlo (1934), el mundo está en guerra…), y Heidegger vuelve a tratar el mismo asunto: el problema de la verdad. De este modo, Logik. Die Frage nach der Wahrheit, no es una obra sólo interesante para el joven lector que se encontraría con una redacción llena de vitalidad y fuerza (lo que justificaría de sobra la necesidad de su traducción) que D. J. Alberto ha sabido recoger con una sencillez a la que no nos tienen acostumbrado las traducciones de Heidegger, sino que, además, resulta, para el lector interesado en el pensamiento del filósofo alemán, especialmente interesante, pues no debiera resistirse a la lectura comparada de dicha obra con el Parmenides, en el que vuelve a tratarse el problema de la verdad (la ocultación y la desocultación).
Establecidos estos dos motivos, anunciaré brevemente los asuntos tratados en la obra: Heidegger analiza la noción fenomenológica de intencionalidad, si bien, yendo más allá de Husserl, determina la verdad de la intención desde el habla mediante la definición de enunciado como “hacer ver mostrando”; un habla que es, sólo se debe entender así, anterior al lenguaje comunicativo (la comunicación sólo es posible porque en el enunciado la cosa está accesible) en tanto que el hablar de algo se fundamenta en una existencia que se encuentra en el mundo. Mundo es otro de los puntos que se detiene a analizar, apareciendo temas muy conocidos del pensamiento de Heidegger: red de utensilios, trato comprensivo, cuidado (el tiempo de la existencia concebida como auténtico proyecto). En este análisis del habla llega a descubrir que lógos no nombra una estructura primaria, que el lugar por donde puede venir la respuesta a la pregunta por el ente consiste en el análisis de nuestro esencial “ser-en-el-mundo”.
El curso de Heidegger sobre lógica no tiene nada que ver con las clases de lógica a las que nos tienen acostumbrado los clásicos profesores de lógica. Heidegger contrapone a esta lógica de escuela (correspondiente a un estadio de la filosofía en la que ésta había perdido su carácter productivo, llega a decir Heidegger) una lógica filosofante como “ciencia de la verdad” al entender el lógos como un hacer manifiesto aquello de lo cual se habla (desocultamiento). Para el filósofo alemán ninguna ciencia, salvo la lógica, trata de la verdad, siendo la pregunta por la verdad la pregunta original y auténtica de la lógica cuando es lógica filosofante. Claro que este juicio de Heidegger requiere que se vuelva a Aristóteles para volver a prestar atención a la idea fundamental del filósofo griego evitando, esta vez, volver a caer en el error de la lógica de escuela que ha dejado de considerar la pregunta desde la que parte la lógica: la pregunta por la verdad.
Heidegger lee a Aristóteles desde la definición de enunciado propuesta y analiza la noción de síntesis como característica principal del enunciado. Si bien resalta el siguiente fallo en el tratamiento aristotélico, el no haber atisbado un problema “abisal”: que en la medida en que el presente es un carácter del tempo (del tiempo como carácter de diferenciación del ente volverá a tratar en el Informe Natorp cuando comente la Ética a Nicómaco), entender el ser como comparecencia (llegar a ser presente) debe llevar a entender el ser a partir del tiempo. Heidegger ya establece aquí el pensamiento que guía el proyecto de Sein und Zeit: la comprensión humana del ente es posible a partir del tiempo. Bien entendido que esto es distinto de decir que el ser es tiempo: ser es comparecer (p 325). Lo que se establece es que la pregunta por el ser es pregunta por la comparecencia, por la verdad. Si bien la pregunta que se impone y a la que dedicará Sein und Zeit es: ¿en qué sentido la estructura de la existencia está caracterizada por el tiempo?
En esta exigencia que descubre de la necesidad de pensar el tiempo, Heidegger analiza la filosofía kantiana donde cree encontrar una anticipación de su pensamiento, un lugar donde se ha atendido a la determinación temporaria de los fenómenos.
Dichas estas breves palabras sobre la obra, quisiera hacer algunos comentarios a la traducción:
En primer lugar celebrar la magnífica traducción que ha sabido hacer de la lectura del libro una lectura amena y sin esa especial oscuridad que pude llegar a ser un obstáculo para el lector que no esté familiarizado con el pensador alemán.
Un detalle muy llamativo de la traducción es la falta de palabras alemanas en el texto. Aunque puede parecer obvio que en una traducción no se hallen palabras alemanas, la dificultad de traducir ciertos términos heideggerianos por su juego etimológico habían hecho algo habitual el que las traducciones de Heidegger incluyeran aclaraciones sobre porqué y cómo se habían traducido y de qué manera algunos términos. Mas aunque los que estamos habituados a leer a Heidegger nos hemos acostumbrados a encontrarnos con este tipo de aclaraciones en las traducciones (y podemos llegar a echarlas de menos), lo cierto es que esta ausencia nos enseña el tipo de traducción de que se trata: como decía entes, una traducción fluida que ha sabido traducir de una manera asequible y nada oscura al pensamiento heideggeriano, y por lo que considero que es una espléndida traducción.
Diré eso sí, que me hubiera gustado un prólogo en el que se hablara sobre este curso y en el que se comentara la obra, por ejemplo relacionándola con el Parmenides o con Sein und Zeit, por poner algunos ejemplos. O en el que sencillamente se comentara el momento histórico en el que fue escrito. Si bien esto no habla contra la traducción, obviamente, sino contra la edición. Y, a decir verdad, esta ausencia de prólogo es, tristemente, una práctica muy habitual.
Volviendo a la traducción y dejando de lado estas opiniones frente a la edición, lo oportuno es acabar dando las gracias a D. J. Alberto por esta traducción de una obra que, insisto, es mucho más interesante de lo que se suele reconocer.
Me permitiré, además, incluir una felicitación personal a D. J. Alberto porque sé que ha sacado tiempo donde no lo tenía para poder sacar a la luz esta brillante traducción que espero que no sea la última que nos brinde sobre el filósofo alemán.
PADIAL BENTICUAGA, Juan José: La idea en la ciencia de la lógica de Hegel. Investigación sobre el principio trascendental de identidad y de la compatibilidad del objeto con la reflexión cognoscitiva en la metafísica hegeliana. Universidad, Málaga 2003; 453 pp. Prólogo de Ignacio Falgueras Salinas (pp. 15-50).
19 de September de 2005. 10:13 nachm.
por Juan A. García González
El autor edita en este libro su tesis doctoral. Se trata de una investigación sobre la Ciencia de la lógica hegeliana muy extensa, muy documentada (llama la atención el número de citas a pie de página, más propio de la tesis que de un libro abierto al gran público), y muy profunda. A mi entender construída sobre las claves de interpretación de la Ciencia de la lógica, y de Hegel a la luz de dicha obra, sugeridas por el profesor Leonardo Polo (cfr. Hegel y el posthegelianismo. Eunsa, Pamplona 19992). Al grueso del libro antecede un amplio prólogo de Ignacio Falgueras que revisa la aspiración a la identidad sujeto-objeto en la filosofía moderna (Espinosa, Leibniz, Fichte, Schelling y Hegel); y le sigue una amplia y pertinente bibliografía.
El libro está muy bien redactado, cosa meritoria cuando se trata de hablar de la lógica hegeliana. Y recorre en su exposición los tres momentos de la Ciencia de la lógica (el ser, la esencia y el concepto) examinando a su través la vigencia de los principios de identidad y causalidad. Tal enfoque responde, efectivamente, al planteamiento hegeliano, e ilustra la misma génesis y desarrollo de éste; pero ofrece como balance la perplejidad de resolver una temática ciertamente antropológica, la del espíritu y su autoconocimiento, con unas claves metafísicas, cuales son los primeros principios. El escrito schellingiano Investigación sobre la esencia de la libertad humana... encuentra en esa perplejidad alguna justificación.
Sea de esto lo que sea, nos encontramos ante un gran libro; que, me consta, ha sido bien recibido por los conocedores de Hegel, en España y en el extranjero. Por su publicación, pues, mis felicitaciones al autor.
El autor edita en este libro su tesis doctoral. Se trata de una investigación sobre la Ciencia de la lógica hegeliana muy extensa, muy documentada (llama la atención el número de citas a pie de página, más propio de la tesis que de un libro abierto al gran público), y muy profunda. A mi entender construída sobre las claves de interpretación de la Ciencia de la lógica, y de Hegel a la luz de dicha obra, sugeridas por el profesor Leonardo Polo (cfr. Hegel y el posthegelianismo. Eunsa, Pamplona 19992). Al grueso del libro antecede un amplio prólogo de Ignacio Falgueras que revisa la aspiración a la identidad sujeto-objeto en la filosofía moderna (Espinosa, Leibniz, Fichte, Schelling y Hegel); y le sigue una amplia y pertinente bibliografía.
El libro está muy bien redactado, cosa meritoria cuando se trata de hablar de la lógica hegeliana. Y recorre en su exposición los tres momentos de la Ciencia de la lógica (el ser, la esencia y el concepto) examinando a su través la vigencia de los principios de identidad y causalidad. Tal enfoque responde, efectivamente, al planteamiento hegeliano, e ilustra la misma génesis y desarrollo de éste; pero ofrece como balance la perplejidad de resolver una temática ciertamente antropológica, la del espíritu y su autoconocimiento, con unas claves metafísicas, cuales son los primeros principios. El escrito schellingiano Investigación sobre la esencia de la libertad humana... encuentra en esa perplejidad alguna justificación.
Sea de esto lo que sea, nos encontramos ante un gran libro; que, me consta, ha sido bien recibido por los conocedores de Hegel, en España y en el extranjero. Por su publicación, pues, mis felicitaciones al autor.

